Descubre los orígenes del Agente X

Ante la publicación de Apocalipso (Walter Greatshell) queremos dedicar esta entrega a las dos entregas anteriores de la trilogía: Agente X y Prisioneros.



 
Sinopsis: El Agente X es diferente a todo lo que la ciencia moderna ha presenciado hasta ahora: un virus que se propaga rápidamente y que convierte a los infectados en maníacos delirantes a la caza de los pocos supervivientes que quedan en el planeta.
 
Una de esas supervivientes es Lulú, una adolescente que no contrae el virus por una afección médica poco común. Inmune al Agente X y testigo de la brutal degeneración de su propia madre, Lulú huye hacia al norte, el único lugar de la Tierra que se rumorea que es seguro. Pero lo que allí la espera es tan imprevisto y aterrador como lo que ha dejado atrás…
 


 

 

Sinopsis: Toda la Costa Este de Estados Unidos ha sido devastada por la plaga, que ha borrado todo indicio de esperanza, fe o pensamiento racional. Alejado de la asolada costa, un submarino nuclear reacondicionado, una tumba de acero de doscientos metros de eslora, surca las oscuras aguas con una tripulación de supervivientes a bordo, entre ellos Sal DeLuca, que perdió a su padre durante su huida del agente X. Cuando conduce a un equipo a tierra con el objetivo de encontrar comida y suministros, se encuentra con una brigada de mercenarios aparentemente cordiales. Lo que Sal no sabe es que está a punto de verse atrapado entre nuevos horrores en la superficie y un motín bajo el agua.

 


Las aventuras del Agente X llegan a su fin en Apocalipso (Walter Greatshell)

 

Watler Greatshell pone punto final a su trilogía Xombis con la publicación de Apocalipso. La factoría de ideas publica el último episodio donde todas las incógnitas quedarán resueltas. Sin embargo, no lo consideréis una despedida definitiva, porque Greatshell todavía tiene mucho que contar sobre estos seres infectos. Y es que la enfermedad ha trascendido el papel y se ha propagado rápidamente por medios de comunicación, con efectos secundarios en la literatura de ficción, cine y ensayos.
 
 

 
 A continuación os dejamos la ficha del libro para ir abriendo boca:




 

Sinopsis: Lulú Pangloss y la tripulación convertida en xombi del buque Sin Nombre vagan por los mares en una misión «solidaria», convirtiendo a todo superviviente humano que encuentran en un xombi inmortal, ya que, según su distorsionada forma de pensar, es la única manera de sobrevivir al inminente cataclismo.

Pero aún hay esperanza, tanto para los humanos como para los xombis. Alguien está reuniendo a un grupo de mujeres inmunes al agente X. Y si consiguen mantenerlas a salvo, el secreto de su inmunidad tal vez proporcione una cura. Siempre y cuando Lulú y su tripulación no las encuentren primero…

 

«Greatshell fue una de las mayores inspiraciones para mi libro Monster Island. Aprendí muchas cosas que ahora estoy tratando de poner en práctica en mi propia forma de escribir.»

David Wellington, autor de Monster Island


«No hay duda de que el futuro del género zombi está en la fusión con la biotecnología y la genética. Jeff Carlson, Walter Greatshell y Brian Keene lo saben, por eso son ellos y no otros los que lideran las listas de ventas.»

Locus


«Buenos personajes y formidables escenas de acción… Los fans de los zombis que buscan algo diferente van a disfrutar.»

Kirkus Review


«Presenta un macabro sentido del humor y no teme abordar temas que podrían ofender a algunos lectores. Sin embargo, añade la genial creación de un fascinante rompecabezas biológico que, sin duda, te mantiene en suspense.»

Book Sense

 
 «Nunca había conocido a zombis como estos; nunca había estado en los lugares a los que Walter Greatshell nos lleva en la obra; es una creación claustrofóbica y al mismo tiempo abarca un espacio infinito. Definitivamente, una de mis favoritas.»

Bob Fingerman, autor de Paria

 

Sobre el autor: Nació en California en 1962. Vivió en cinco países diferentes hasta que se instaló en Estados Unidos definitivamente. Ha realizado los trabajos más variopintos: desde pintor de casas hasta periodista y crítico de un periódico local, pasando por técnico de submarinos nucleares.

 
A los dieciséis años vendió su primer relato, y desde entonces no ha dejado de escribir. En los periodos en los que no se dedica a sus novelas de terror o de ciencia ficción, tiene algún escarceo con la ilustración freelance, sobre todo de libros infantiles, cómics o novela gráfica, y con la actuación teatral, que lo ha llevado a participar en algunas obras locales.


21.12.12
Presentación de La profecía maya
 
¿Ha llegado el fin del mundo? La respuesta la tendréis este jueves a las 19:30 horas y no el próximo 21 de diciembre como anuncian las profecías de los mayas. El escritor e historiador Mario Escobar presenta su novela La profecía Maya (ed. La facoria de ideas 2012) en Casa del Libro de la calle Gran Vía número 29.
 
 
Además del propio autor, durante la presentación podréis disfrutar de la presencia de Miguel Ángel Gómez Juárez, escritor y director del blog Me gustanlos libros. ¡Os esperamos!
 
 
Y si os habéis quedado con la curiosidad de saber cómo será el final, aquí os dejamos una ficha completa del libro para los más impacientes.

 
 
 
Sinopsis: Cuando el antropólogo Allan Haddon llegó a Madrid para dar una conferencia sobre cultura precolombina, lo último que esperaba era ser testigo del robo del códice maya del museo de América. No puede resistirse a investigar las razones de este suceso, y para ello viaja a París, ya que en su biblioteca nacional se guarda otro códice de naturaleza similar. Allí averigua que un cazatesoros neozelandés y una agencia norteamericana también van tras el manuscrito. Una joven bibliotecaria francesa, Clotilde Champollion, especialista en la lengua maya, acompañará a Allan a su siguiente parada: México. Si Allan y Clotilde no llegan a tiempo, el fin del mundo pronosticado hace siglos será irremediable.
 
 
 
«El gran acierto de las novelas de Mario Escobar es ofrecernos una lectura apasionante, además de invitarnos a mirar la historia desde una perspectiva diferente, y disfrutar con sus ciudades misteriosas y tesoros ocultos.»
Miguel Ángel Gómez, Me gustan los libros

«Escobar evidencia sus conocimientos históricos y sirve una trama novelada envuelta en episodios reales e imaginados.»
La Opinión de Málaga

«Si eres fan de las novelas de suspense con un toque de investigación, no te lo puedes perder.»
Casa de los Libros Perdidos
«Como buen historiador con una mente extremadamente creativa, Mario Escobar sabe fusionar todos los elementos para ofrecernos un relato magistral.»
La Revista Peninsular
«Mario Escobar se consolida como autor de bestsellers de esos que tienen contenido y no se quedan en lo puramente comercial.»
León Asuero, Anika Entre Libros
 
Sobre el autor: Mario Escobar, licenciado en Historia y diplomado en Estudios Avanzados de Historia Moderna. Ensayista y novelista, sus obras han cosechado éxitos en lugares tan diversos como Rusia, Polonia, Estados Unidos o México. Su pasión, aparte de la literatura, son los misterios que ocultan la historia y la religión.
Compagina su labor como escritor con la dirección de un programa de radio sobre libros: Best seller español. Además colabora en varios medios como comentarista y articulista.
Tras el éxito de sus novelas protagonizadas por Hércules Guzmán Fox, vuelve con un nuevo personaje: Allan Haddon, un antropólogo escéptico y decidido, dispuesto a llegar hasta el final de cada misterio.
 
 


Llega "La hora del mar" dispuesta a arrasar como un tsunami

 
Después de convertir la ciudad de Málaga en escenario de una invasión zombie, encabezada por el padre Isidro en su misión de impartir la justicia divina entre los escasos supervivientes de Carranque, Carlos Sisí regresa.
 Al igual que hizo con Edén interrumpido,  el escritor malagueño se desvincula de Los caminantes para demostrarnos que no es solo el autor de una de las trilogías más exitosas de la recientemente surgida literatura Z, sino que tiene muchas otras historias para contar (y atemorizar) a sus lectores.
 
A partir de las 18:00, podréis conseguir un ejemplar de La hora del Mar dedicado por Sisí e intercambiar algunas impresiones con su autor en el FNAC. Así que ya sabéis, si estáis por Málaga esta tarde, dejaos arrastrar por la corriente y descubrir el secreto que se esconde bajo las apacibles aguas del océano.
 




Ediciones Kiwi aporta una dosis de vitamina C literaria a Doble Lectura

 
Si ayer os anunciábamos la colaboración entre la editorial La factoría de ideas y este blog, hoy es Ediciones Kiwi quien se suma a nuestro proyecto.

 

 
A pesar de su juventud, en su página web se define como:

“Una pequeña editorial que pretende innovar y sobre todo acercarse al lector de una forma sencilla. (…) apostamos por un modelo de edición con ventajas tanto para nosotros como para los lectores y sobre todo buscamos un modelo que sea asequible para todos aquellos que quieran acceder a nuestras publicaciones.

(…) Creemos que la lectura es un derecho que debería estar al alcance de todos y sin duda apostamos por libros de calidad a los que tratamos y publicamos con todo el cariño y respeto posible. Entre nuestras políticas está muy presente el apostar siempre que sea posible por autores españoles que a día de hoy están demostrando ser una fuente de lecturas con mucha calidad.”


Su deseo de acercar la lectura a todo tipo de lectores y la promoción de los autores españoles fueron factores fundamentales para elegir a esta editorial como colaboradora y hoy podemos darle oficialmente la bienvenida a Doble Lectura.

 

Si queréis conocer algunos de los títulos que han publicado hasta el momento, os invito a conocer su página web, donde abundan las historias de calidad . A continuación os dejamos algunos ejemplos de sus títulos más destacados bajo sus dos grandes sellos (juvenil y romántica).
 
 
 
 
 
 
La factoría de ideas, primera editorial colaboradora con Doble Lectura
 
 
 


Cuando comencé el proyecto de Doble Lectura lo hice con la convicción de convertirlo en un lugar de encuentro en el que otras personas pudieran expresar su pasión por la literatura. Si bien la ilusión y constancia son importantes, necesitaba apoyo, no solo de mis seguidores, quienes con sus comentarios consiguen que este blog siga creciendo. Hoy puedo anunciar el inicio de la colaboración entre Doble Lectura y la editorial La Factoría de Ideas.

 
Fundada en 1993 por Juan Carlos Poujade y Miguel Ángel Álvarez en la ciudad de Madrid, La Factoría de Ideas fue editorial especializada en juegos de rol más importante de España. Hasta los primeros años del siglo XXI se la conocía, sobre todo, por su amplio catálogo de traducciones en los juegos de esta temática que la editorial estadounidense White Wolf  había creado para el universo de ficción conocido como Mundo de Tinieblas.
 

En el ámbito de las publicaciones periódicas, La Factoría de Ideas llevó a tiendas especializadas y kioscos de toda España cuatro revistas especializadas :

 



1.      Solaris (literatura)

2.      Nemo (cómics)

3.      Dosdediez (juegos de rol)

4.      Urza (cartas coleccionables, especialmente las del juego Magic: el encuentro)

 

Desde 2006, centro su actividad exclusivamente en la publicación de libros. En estos momentos es una de las más importantes, en lengua española, de novelas de fantasía, terror y ciencia ficción y está consiguiendo introducirse en géneros como el juvenil, bestseller, literario y novela romántica consiguiendo incluso llegar al número 1 en ventas con algunos de ellos.



Sinopsis: Estamos en el año 2033. El holocausto nuclear ha arrasado la civilización. Los supervivientes, pequeñas comunidades de humanos, encuentran refugio en el metro de Moscú. De este modo, se protegen de los altos niveles de radiación que asolan el exterior y de las temibles criaturas mutantes. Pero ni siquiera bajo el subsuelo puede evitar luchar contra las extrañas criaturas que los acechan



Reseña: El transporte público no siempre es una buena opción para desplazarse. Retrasos, saturación de pasajeros, horarios limitados, falta de higiene, protestas de los trabajadores… A pesar de las campañas de concienciación social para incrementar su uso, seguimos prefiriendo el coche para movernos, e incluso ir a pie. Ante esta falta de uso, siempre se pueden plantear otras alternativas para fomentar su uso, tal y como hace Dmitry Glukhovsky en su novela.


La intrincada red del metro de Moscú se convierte en el escenario de esta claustrofóbica y reveladora novela. A pesar de catalogarse como ciencia-ficción, Metro 2033 es, en realidad, una feroz crítica a la sociedad contemporánea rusa a través de un exhaustivo análisis de los diferentes segmentos que la componen, empleando el metro como principal alegoría. De este modo, cada estación se convierte en un núcleo que concentra una ideología concreta y solo se relaciona con las demás cuando existe la posibilidad de obtener algún beneficio  con esa colaboración. Es decir, aún compartiendo un espacio limitado y siendo pocos los que han conseguido salvarse del terrible holocausto, los supervivientes son incapaces de convivir los unos con los otros, estableciendo nuevas fronteras que los mantienen aislados del resto ante su incapacidad para olvidar sus conflictos del pasado y sus diferencias del presente. Dmitry Glukhovsky nos describe un entorno hostil, no tanto por las condiciones en las que deben subsistir ni por las criaturas que acechan entre las sombras, sino por los propios supervivientes.

Al igual que otras novelas de ciencia-ficción, Metro 2033 concede un especial protagonismo a los conflictos morales de sus personajes, que manifiestan a través de extensos diálogos de fuerte contenido teológico y filosófico. Pese a representar la auténtica esencia del libro frente a la acción, los constantes intercambios de impresiones interrumpen la trama y vuelven la narración desigual. En muchas ocasiones, están injustificados si consideramos el contexto en el que se desarrollan. Además, muchas reflexiones hacen mención a sucesos y personajes desconocidos por la mayoría de los lectores.  Es obvio que Glukhovsky ha querido expresar su preocupación ante el rumbo que está adquiriendo la actual sociedad rusa y, a pesar de que el fenómeno de Metro 2033 ha trascendido fronteras gracias al fenómeno de los blogs, su lectura solo resulta comprensible viviendo en ese contexto o a través de un profundo conocimiento de la historia de este país. En este aspecto, cabe preguntarse si el experimento social realizado por Dmitry Glukhovsky pretendía limitarse exclusivamente al territorio ruso o, por el contrario, acercar la realidad de su país al resto del mundo, convirtiéndose en una llamada de atención por su falta de implicación en estos conflictos a pesar de las constantes noticias que nos llegan sin verse afectadas por la censura del gobierno.

Concluido el análisis de la vertiente crítica de la novela, centrémonos por completo en la ficción. Glukhovsky apuesta por la narración en primera persona a fin de centrar toda la atención en Ayrtom por dos motivos. En primer lugar, este personaje representa el único vínculo existente entre el subsuelo y el mundo de la superficie. Si bien están los miembros más ancianos para perdurar el recuerdo de aquella vida lejos de las vías de tren y los túneles, la juventud de Ayrtom le permite formarse un juicio propio sin dejarse influenciar por los recuerdos. De esta forma, obtenemos una visión más objetiva de todo cuanto nos es descrito, permitiendo que el lector, a su vez, se forme su propia opinión. En segundo lugar, la identificación. Una narración subjetiva siempre tiene por objetivo establecer un vínculo de empatía entre el lector y el protagonista. Así, en los episodios de mayor tensión, la lectura adquiere una dimensión palpable fuera del papel y experimentamos la misma angustia y el pánico que poco a poco invade a Ayrtom cuando se enfrenta a la oscuridad, sintiendo como las sombras cobran vida y lo observan con ojos ciegos.

Otro acierto es el aspecto indefinido de las criaturas. El propio Ayrtom tiene grandes dificultades para detallar su aspecto cuando le preguntan y la vaguedad de sus descripciones son insuficientes para forjarnos una imagen completa. Nada inspira tanto terror como desconocer la naturaleza del miedo y, mucho más, la incapacidad para proporcionarle un rostro y un nombre que nos permita identificarlo entre los muchos peligros que acechan en este nuevo mundo. De esta forma, Glukhovsky consigue prolongar la angustia incluso en los espacios abiertos, al no saber a qué nos enfrentamos. Algunas amenazas más mundanas, como las ratas, adquieren la dimensión onírica de una pesadilla al ser mencionadas exclusivamente por los sonidos que realizan. Podría decirse que, en esta historia, estamos doblemente ciegos. Por un lado, se trata de una ceguera física, relacionada con la oscuridad que predomina en el entorno. Por otro, una ceguera simbólica, resultado del desconocimiento para enfrentarse a este nuevo mundo y los prejuicios que nos impiden evolucionar y adaptarnos al mismos. Es decir, nuestra propia incapacidad para aceptar los cambios y nuestro empecimiento en seguir adaptando el mundo a nosotros, y no viceversa, solo consigue volvernos más vulnerables en un contexto en el que ha surgido una vida nueva, allí donde solo debería existir muerte. Y es el temor de vernos reemplazados, de ser destronados por esos recién llegados, lo que nos impide seguir avanzando no hacia la supervivencia, sino hacia la convivencia.

Sin embargo, existe un importante desequilibrio entre ambas partes. Adviértase que, frente al trasfondo político y social, los fragmentos con una mayor acción están menos desarrollados y se fundamentan en muchos de los tópicos del género, en especial, la fortuna de su protagonista para esquivar a la muerte siempre en el último momento. Glukhovsky transmite la sensación de haberse centrado tanto en la vertiente crítica de Metro 2033, que olvida el contexto y, cuando quiere retomarlo, desconcierta al lector por este cambio en la narración. Y es que los primeros se prologan en exceso en comparación con la brevedad de los segundos.

En conclusión, Metro 2033 es una lectura interesante por tratarse, en realidad, más de un ensayo reflexivo de la sociedad contemporánea rusa en lugar de limitarse a la clásica novela de ficción. A pesar de las notables diferencias culturales, existe un denominador común que nos permite empatizar con sus personajes: el miedo. Una sensación incrementada por un escenario claustrofóbico y una amenaza incierta, además del retrato de Ayrtom, que experimenta una interesante evolución a lo largo de la historia de la que seremos testigos en primera persona. Sin embargo, el desigual tratamiento de sus partes o el uso de algunos tópicos propios del género empobrecen el conjunto, volviéndolo inconsistente y tedioso en su lectura.

En Metro 2034, Dmitry Glukhovsky tendrá que superar esas carencias y resolver algunas cuestiones sin resolver en la primera parte, todo si no quiere quedarse perder el siguiente tren.

VALORACIÓN: 5

LO MEJOR: El metro de Moscú como principal escenario de la novela y que sirve de metáfora para representar los conflictos de la sociedad rusa contemporánea.

LO PEOR: Una ensayo social reflexivo presentado como una novela de ciencia-ficción que se centra en exceso en la vertiente crítica, olvidándose de la historia principal. El desigual tratamiento de las partes que componen la trama, la prolongación innecesaria de algunos diálogos que ralentizan la acción y las limitaciones culturales para comprender algunas de las reflexiones.

 Disponible en La Web del Terror.


Sobre el autor: Licenciado en Periodismo y Relaciones Exteriores por Universidad Hebrea de Jerusalem. En la actualidad, trabaja como free-lance para Russia Today's. Participó como corresponsal en la expedición rusa al Polo. Entre los éxitos de su carrera cabe destacar su retransmisión minuto a minuto de la muerte del presidente yugoslavo Slobodan Milosevic, y el seguimiento de las elecciones al parlamento Ucraniano en Marzo de 2006. También ha escrito a cerca de la crisis del gas en Moscú y de las consecuencias sobre Europa en el invierno de 2005.
Metro 2033 apareció por primera vez online en el 2002, y más tarde se convirtió en un experimento interactivo, atrayendo a miles de lectores de toda Rusia. En el año 2005, fue publicada por una editorial, y se ha convertido en un bestseller nacional.
En 2007, Glukhovsky fue galardonado con el Encouragement Award de la Sociedad Europea de Ciencia Ficción en el prestigioso concurso Eurocon de Copenague por su novela Metro 2033.
Ya en 2009, se han vendido más de 400.000 copias de Metro 2033, solo en Rusia. Los lectores online son cinco veces más numerosos. Los derechos del libro se han vendido a más de 20 países. El videojuego, un FPS, lanzado y distribuido mundialmente a principios de 2010 para PC y Xbox 360. Actualmente, Glukhovsky mantiene conversaciones con estudios de Hollywood y productores para vender los derechos de la película.
Metro 2034, la secuela de Metro 2033, ha vendido unas 300.000 copias en solo seis meses, convirtiéndolo en el mayor bestseller local de Rusia en 2009. El libro ha sido también publicado gratis online, en el sitio oficial de Metro 2034, donde más de un millón de visitantes han leído el texto. Glujovski ha convertido un libro en un proyecto artístico, invitando al famoso músico ruso Dolphin a componer una banda sonora para la novela, mientras el artista Anton Gretchko trabaja en una serie de imágenes al óleo.

En 2007 publicó su última novela, Está oscureciendo, que, al igual que sus predecesoras, fue también un experimento online, pues Dmitry Glukhovsky  fue publicándola capítulo a capítulo en su blog.




II Concurso de relatos de
 La Web del Terror
 
 
 
El fin del mundo puede ser terrorífico, sobre todo si tú decides cómo termina. Por segundo año consecutivo, La Web del Terror organiza su concurso de relatos con el apocalipsis como temática. Participa en esta edición y demuestra que, en lo que respecta a finales, nadie los escribe como tú.
 
 
Consulta la base y los premios, así como los seis miembros que integran el jurado en el siguiente enlace : http://lawebdelterror.jimdo.com/concursos/
 
 
Y recuerda, tú decides como termina.
 
 
 

Génesis (III)
 
Nadie se acostumbra al dolor, ni siquiera aquellos que hayan convivido toda la vida a su lado. Pro eso, mientrás coasí mis heridad procuraba controlarlo, sin resultado. Lloraba, rogando para que todo terminase lo más pronto posible, aunque sabía que no había nadie para escuchar mis súplicas. A causa de la pérdida de sangre, mis manos se había vuelto torpres y mis vomientos vacilantes, prolongando aquel sufrimiento hasta hacerlo insportable. En lugar de curar, dañaban todavía más la carne herida. Existen personas que poseen la capacidad de bloquearlo, yo no me encontraba entre ellas. Aspiré una profunda bocanada de aquel aire viciado y, reuniendo la escsa voluntad que me quedaba, realicé la última puntada. Confiaba que el hilo resistiese. Se trataba de una solución temporal, aunque chapuza era la palabra que mejor se le ajustaba. Nunca antes había cogido hilo y aguja. Ahora mi piel era un patrón en el que aprendía a cosar por necesidad. Observé mi obra con una mezcla de orgullo, alivia, desprecio e impotencia; consciente de que no aguantaría hasta que el tejido hubiese ciatrizado lo suficiente antes de retirarlo en otro proceso largo y doloroso. Sin mebargo, me sentía agradecida. A pesar del mal aspecto de la herida, no desprendía olor a queso curado que precedía a la gangrena. En una ocasión no conseguí encontrar refugio mientras huía por las montañas, las gélidas temperaturas y la nieve estuvieron a punto de acabar conmigo, pero conseguí cruzarlas antes de que fuesen demasiado tarde. Sin embargo, tuve que pagar un alto precio por mi osadía. Tres dedos del pie izquierdo, uno del derecho y otro de la mano derecha. Por fortuna, ninguno que fuese importante, al menos en lo que respecta a la mano. Los pies, en cambio, si se convirtieron en un problema. Desde entonces sufro de una leve cojera, nada especialmente llamativo o que pueda percibirse a simple vista, pero me limita en muchos aspectos. Siempre he sido una buena corredora, no a nivel de competición, pero tengo resistencia y, si me esfuerzo, también velocidad. En mi antigua habitación se acumulan los recuerdos de aquellas carreras. Pequeñas victorias donde lo relamente importante era superar, no posición al curzar la línea de meta. Ahora, la victoria más grande era sobrevivir, porque el premio era mi vida. Durante un tiempo opté por moverme solo de noche. las sombras me ofrecían protección en caso de verme sorprendida, el tiempo suficiente para preparar mi arma, apuntar y disparar. Sin embargo, también implicaba otros peligros. La oscuridad es el refugio de nuestros miedos, que adoptan las más diversas formas para atormentarnos fuera del mundo de los sueños, convirtiéndose en una mortífera realidad. Las criaturas de aquellas horas no mostraban la misma compasión que sus hermanos de día. Eran más crueles y sádicas. No se conformaban con matar, sino que necesitaban disfrutar haciéndolo. A pesar de mi reciente minusvalía, me obligue a convivir con ella. Aquellos meses fueron los más duros, porque tuve aprenderlo todo desde un principio. Si había conseguido crearme una falsa sensación de normalidad con mi rutina, está desapareció. Debía recuperarla, aunque ya sabía que no sería un proceso fácil, y mucho menos agradable. Pero antes tuve que realizarme mi primera intervención seria. Un violento temblor sacudió mi cuerpo ante aquel recuerdo, tan intento como el palpitar de la herida de mi costado.
 
Aquel edificio era el lugar ideal para realizar la operación, allí nadie me molestaría durante la misma y la que esperaba que fuese una larga convalecencia. Estaba decidida a hacerlo, aunque tampoco es que tuviese muchas alternativas. A mis pies reposaba todo el material que iba a necesitar. Era consciente de que iba a agotar todas mis reservas de penicilina, así como de antibióticos. Nuevamente me repetí que era necesario. El agua llevaba tiempo borboteando. Saqué con cuidado el cuchillo, procurando no quemarme. La hoja relucía limpia, casi parecía nuevo. Confiaba que el tiempo que había estado sumergido hubiese sido suficiente para desinfectarlo. nada era seguro. Podrían ocurrir tantas cosas, y todas mal. Aparté aquellos lúgubres pensamientos. Ahora no era el momento de vacilar. Contemplé mis pies. Los dedos muertos, quemados y ennegrecidos. Toqué uno de ellos con la punta del cuchillo, el menique del izquierdo, hasta hundirlo. Era carne muerta y, sin embargo, desprenderme de una parte de mi, aunque fuese tan pequeña, me resultaba inconcebible. Si ni siquiera me provocaba dolor, ¿por qué hacerlo? Pensé en olvidarme de aquella locura, guardarlo todo y dormir. Un par de horas de sueño me ayudaríana pensar y, por la mañana, verías las cosas desde otra perspectiva. es posible que encontrase otra solución, cualquiera excepto aquella. Me estaba engañando y lo sabía. Hazlo, me insté, hazlo ahora. Cogí con decisión el cuchillo y puse la hoja en paralelo a los tres dedos. Hazlo ahora, me repetí. ¡Hazlo ya!
 
 
Cuando desperté no sabía el tiempo que había transcurrido. ¿Minutos? ¿Horás? ¿Dias? ¿Acaso importaba? Por fortuna, no había soltado la toalla que envolvía el pie amputado tras desmayarme y la presión había conseguido detener la hemorragia. Sin embargo, aquellos no había terminado. Debía limpiar la herida, coserla, desinfectarla y vendarla. Después, tendría que repetir el proceso otras dos veces con el pie y la mano derecha. Esto va a ser un trabajo por partes, pensó. Puede que fuese el efecto de las drogas, ingeridas como caramelos al despertar, o la preocupante pérdida de sangre. O quizás se debiese al est´rés acumulado durante los últimos meses, por todas las penuarias que había tenido que sorportar, primero acompañada, luego sola. No sabría explicarlo, solo sé que aquel macabro pensamiento, lleno de humor negro, me provocó un ataque de risa. Al principio pensé que iba a vomitar, aunque ya lo hubiese hecho antes de caer insconciente y ya no me quedase nada en el estómago. Luego me di cuenta de que aquellos espasmos se debían a las carcajadas que estaban reprimiendo. Dejé que la risa fluyese con naturalidad. No recordaba la última vez que había disfrutado de aquella sensación. Reí hasta el agotamiento, creyendo que nunca podría parar, y no me importaba. Reía sentir las lágrimas recorriendo mi rostro, dejando surcos en la piel sucui que bien podrían simbolizar el tortuoso camino recorrido hasta llegar a este horrible momento. Reí hasta doblarme en el suelo, incapaz de respirar por el intenso dolor del costado, pensando que iba a romperme por dentro y nadie podría arreglarme, porque estaba sola, sola con ellos. Reía hasta sentir que mi cansada mandíbula iba a desprenderse por el esfuerzo y solo me quedaría la lengua colgándome como un repulsivo gusano, retorciéndose ante cada nueva carcajada. Reí... y paré. Todo terminó tan bruscamente como había empezado. Seguía en la misma posición en la que había despertado y trabajo por hacer. Vamos allá, me animé alargando la mano hacia el cuchillo. Aparte los tres pequeños trozos de carne y uña todavía sanguinolentos sin prestarles mayor atención y lo volví a sumergir en el agua con una mano, mientras que la otra apartaba la improvisada venda para comprobar la gravedad de mi chapuza. El fuego seguía encendido, apenas unas ascuas. Eso significa que no había transcurrido tanto tiempo como temí al principio. Aquella idea consiguió animarme y temí volver a reir sin control. Por fortunada, no ocurrió y continue con la cura. De hecho, fue la última vez que reí.
 
Ahora, mientras realizaba el último nudo al grueso vendaje que envolvía mi torso, no sentía ninguna ganas de reírme. La situación no tenía nada de gracioso que pudiera justificarla. De hecho, era mejor que fuese moviéndome. Mi sangre iba a atraer a unos visitantes nada deseables y quería estar lo más lejos posible cuando llegasen. Y sería pronto, muy pronto.