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Publicado en La web del terror

Sinopsis: Una babosa hembra puede poner un millón y medio los huevos un año, un hecho que tiene consecuencias terribles para la población de Merton. 

La ciudad se encuentra sumida en un caluroso verano y una nueva raza de babosas está creciendo y multiplicándose en el césped, y en los sótanos húmedos y oscuros están adquiriendo nuevos gustos. Por la sangre. Por la carne. Carne humana...Pronto empiezan a aparecer cadáveres horriblemente mutilados y la policía no tiene ni idea quién puede estar cometiendo semejantes crímenes. La pista común en todos los cadáveres es un viscoso rastro de algo que parecen babas. Solo el agente de sanidad Mike Brady será capaz de descubrir qué es lo que está pasando y desvelar la horrible realidad de la que nadie parece querer darse cuenta. 

Reseña: A pesar del desprestigio asociado con las películas de serie B, la mayoría de las películas pertenecientes a este género se han convertido en clásicos cinematográficos. De igual modo, dieron a conocer a multitud de directores y actores como John Wayne, Hymphrey Bogart, Jacques Tourner o, más recientemente, George Clooney. Entre algunos de los títulos más populares imperan las monster movie como «King Kong» (Merian C. Cooper & Ernest B. Schoedsack, 1933), «Cuando ruge la marabunta» (Byron Haskin, 1954), «Godzilla»  (Ishirô Honda, 1954), Piraña (Joe Dante,1978),  «Tiburón»  (Steven Spielberg, 1975) o «Slugs, una muerte viscosa» (Juan Piquer Simón, 1987). Un dato curioso es que las dos últimas están inspiradas en las novelas de Peter Bentchley y Shaun Hutson, respectivamente. Sin embargo, pocas personas tienen conocimiento sobre el origen literario de estos referentes cinematográficos.

La novela original se editó en 1982, siendo adaptada posteriormente por Juan Piquer Simón, director español de referencia de cine B, en una coproducción entre Estados y España que deleitó a los amantes del gore, las vísceras y el sexo explícito. Este estilo caracterizaría sus primeras obras, incluida la secuela de «Slugs», para después inclinarse por el thriller psicológico, demostrando su madurez como escritor. Si bien, aunque Shaun Hutson es uno de los grandes referentes del terror inglés, solo superado en ventas por  Stephen King, continúa siendo un autor casi desconocido en nuestro país. Es posible que la reedición de su primera obra viabilice la posibilidad de disfrutar con la lectura del resto de sus novelas.

Y es que el éxito de Shaun Hutson está basado en la sinceridad de sus historias. Cualquier lector que adquiera un libro suyo es consciente de que adquiere exclusivamente entrenamiento de fácil digestión, siempre dependiendo de la víctima devorada por nuestras viscosas protagonistas.

«Slugs» es una novela con muy mala baba, literal y metafóricamente, caracterizada por una prosa sencilla que apenas emplea metáforas u otros recursos literarios en la narración, optando por un registro coloquial que ameniza la lectura. De igual modo, la estructura de la novela es muy sencilla, intercalando las escenas con los ataques de las babosas y la investigación desarrollada de forma paralela por Mike Brandy, quien posteriormente deberá acabar con la resbaladiza amenaza de Merton. Es decir, Shaun Hutson nos ofrece todos los elementos clásicos de este tipo de historias, pero desarrollados de una forma ágil, sin ínfulas superfluas, excepto en las escenas más sangrientas donde no escatima detalles para asquear al lector, incrementando su animadversión previa hacia estos gastéropodos.

Pese a su previsibilidad, no resulta una historia aburrida precisamente por los rasgos mencionados con anterioridad, entre otros. Los capítulos breves permiten condensar la tensión psicológica (y el malestar físico) del relato, incrementándose conforme las babosas dejan las alcantarillas que les han servido de refugio y asaltan los hogares de los vecinos de Merton. De hecho,  Shaun Hutson realiza un inteligente giro narrativo cuando desvía la atención del lector hacia otra amenaza relacionada con estos hambrientos moluscos, ofreciéndonos una escena que ilustra perfectamente el término gore.

Es cierto que las babosas resultan unos animales desagradables que provocan un rechazo instantáneo por su aspecto, pero «Slugs» posee una viscosidad especial que no le resbala al lector, sino todo lo contrario. Los amantes de la serie B no podrán evitar devorarla repetidamente hasta quedar saciados por completo. Una novela entretenida, e incluso divertida por su peculiar sentido de humor inglés, pero sin mayor objetivo que el de proporcionar al lector casi doscientas cuarenta hojas de sangre, vísceras, sexo y, sobre todo, babosas.  

LO MEJOR: Puro gore literario. Shaun Hutson ofrece una lectura amena y entretenida, sin mayores pretensiones. El estilo ágil de la prosa. La estructuración de la historia en capítulos breves que intercalan los ataques de las babosas y la investigación paralela de Mike Brandy. La posibilidad de que se reediten otras obras del autor.

LO PEOR: Cualquier persona que busque una lectura con mayor complejidad puede sentirse decepcionado. La previsibilidad de la historia.

Sobre el autor: Shaun Hutson nació en Hertfordshire, Inglaterra, en 1958 y actualmente reside y escribe en Buckinghamshire. Tras ser expulsado de la escuela, desempeñó diferentes trabajos, desde acomodador de cine hasta dependiente, pasando por barman, hasta que se convirtió en escritor profesional en 1983. Desde entonces ha escrito más de 30 novelas y diferentes piezas para radio, revistas y televisión. Conocido por muchos como El Padrino del Gore o El Shakespeare del Gore, Shaun se dio a conocer como escritor de terror con títulos como Spawn, Erebus, Relics o Deathday, aunque más tarde se zambulló en el thriller urbano con Lucy's Child, Stolen Angels, White Ghost o Purity. Fan declarado de Iron Maiden y seguidor del Liverpool, alcohólico rehabilitado, Shaun Hutson ha llegado a utilizar más de seis pseudónimos distintos con los que ha escrito toda clase de libros, desde westerns a ensayos. Slugs, una de sus primeras obras y una de las más celebradas, fue llevada al cine en 1988 por el exploiter español Juan Piquer Simón. Tres años antes, Shaun ya había escrito su directa continuación, Breeding Ground.
Publicada en La Web del Terror

Sinopsis: Una epidemia irrefrenable, desatada por un desastroso experimento militar, inunda el planeta. Los infectados por el virus ya no son seres humanos, sino eficaces e invulnerables máquinas de matar. Sólo una niña, una huérfana llamada Amy, parece compartir con los infectados muchos de sus poderes, pero no su sed de sangre. Cua ndo el mundo tal y como lo conocemos llega a su fin, es Amy la única que cruzará el pasaje entre un planeta moribundo y un planeta nuevo, donde tribus dispersas de humanos sobreviven como pueden en un mundo hostil que ya no les pertenece. Escrita por un autor multipremiado, El pasaje es la primera parte de una fantástica trilogía que se ha convertido, incluso desde antes de su aparición, en la novela más comentada de los últimos tiempos, al mismo tiempo una formidable aventura llena de acción y suspense y una épica de la resistencia humana frente a a la peor de las catástrofes.

Reseña: En el siglo XVII, la imposibilidad de ofrecer una explicación racional a las epidemias que asolaron Europa desató el pánico entre la población que, amparándose en antiguas supersticiones, realizaban sacrilegios contra las tumbas de los fallecidos. Si bien la popularización del vampiro se produjo durante esta época, la novela «Drácula» publicada por Bram Stoker en 1897 permitió que trascendiera del viejo continente hasta convertirse en un referente mundial del terror a la oscuridad del alma humana.

Las adaptaciones de este clásico sin incontables, así como las obras que se han inspirado directamente en ella: «Entrevista con el vampiro» (Anne Rice), «El misterio de Salem’s Lot» (Stephen King), «El ansia» (Whitley Strieber), «Soy leyenda» (Richard Matheson), «El sueño del Fevre» (George R.R. Martin), «La historiadora» (Elizabeth Kostova) o «Déjame entrar» (John Ajvide Lindqvist).

No obstante, el reciente éxito de sagas juveniles como «Crepúsculo» (Stephenie Meyer), «Vampire Diaries» (L.J. Smith), «Media Noche» (Clauida Gray), «Vampire Academies» (Richelle Mead),  «La casa de la noche» (P.C. Cast y Kristin Cast) demuestran la sobreexplotación de este personaje, desmitificándolo para conventirlo en un ser romántico, angustiado por la perspectiva de una inmortalidad en completa soledad, el ansia insaciable de sangre y el deseo de recuperar su humanidad a través del amor. Por otro lado, las trilogías destinadas a un público adulto, aunque no por ello más exigente respecto a la calidad y originalidad de estas obras, como «Nocturna» (Guillermo del Toro & Chuck Hogan) o «El pasaje» (Justin Cronin) han resultado tan perjudiciales para este no muerto como el ajo, los crucifijos o las estacas de madera. Y es que en vez de respetar su esencia, optan por emplear los clichés propios del séptimo arte en las progresivas revisiones del mito original hasta transformarlo en un monstruo de serie B, e incluso Z.

«El pasaje» representa una nueva tentativa infructuosa por devolverle al vampiro su identidad original y, al mismo tiempo, modernizarlo. Básicamente, Justin Cronin nos ofrece una novela apocalíptica exclusivamente significativa por su amplio desarrollo a través de diferentes espacios y tiempos combinando numerosas estructuras narrativas. El cambio  de primera a tercera persona, incluso la reconstrucción de los acontecimientos mediante el uso de fragmentos de diarios o epístolas es el mejor ejemplo de la influencia de Stoker en esta novela. Asimismo, la escena dedicada a una de las primeras adaptaciones del clásico ilustra este tributo innecesario.

Además de los aspectos técnicos descritos en el anterior párrafo, el estilo descriptivo del autor ralentiza el ritmo hasta volverlo inexistente durante las dos primeras partes de la novela. De hecho, sorprender comprobar que la introducción de la historia se extiende durante doscientas hojas, descubriendo que el “presente” es, en realidad, el pasado que nos explica los orígenes de la epidemia, así como la presentación del personaje más importante para el desarrollo de los acontecimientos posteriores, Amy.

En realidad, Justin Cronin centra todos sus esfuerzos en ella, mientras que ofrece demasiadas explicaciones sobre la biografía del resto de protagonistas para después incurrir en numerosas contradicciones en su personalidad o su comportamiento ante determinadas circunstancias. Es decir, el autor tiende a recrearse en detalles innecesarios durante la presentación, pero después es incapaz de desarrollarlos de forma coherente dentro del contexto. Por subsiguiente, la gran mayoría carece de atractivo para el lector ante esta falta de solidez. Y es que desde el principio, sabemos quiénes desarrollaran un determinado rol dentro de la historia, pura linealidad sin arriesgar en plantear auténticos conflictos que les permitiese transcender de los recurrentes clichés.

Cabe señalar que ni los vampiros cumplen su propósito de atemorizar al lector por varios aspectos. En primer lugar, su presencia es mínima. Una novela de vampiros en la que apenas intervienen, excepto cuando la escena exige algo de acción después de tanto diálogo intrascendente y descripciones interminables. En segundo, la ausencia de una descripción completa de  su aspecto, aparte de algunos detalles poco originales como las garras, la ausencia de vello corporal o los colmillos. ¡Vaya novedad, un vampiro con dientes largos! Además, tras conocer que brillaban en la oscuridad con una luz fluorescente de color verde no podía evitar imaginarme a los escasos supervivientes combatiendo contra gusiluz. En tercer lugar, la traducción que ha rebautizado a la especie como “pitillos”. El término chupa sangre me provoca más pavor que llamarlos como a los cigarrillos, como si se tratase de una campaña contra el consumo de tabaco encubierta. ¡Acabemos con los pitillos! ¡Muerte a la nicotina! Si la traducción fue literal, la editorial debería haber considerado que, en algunos países, determinadas palabras tienen un significado diferente, siendo necesario encontrar otra que no provoque esta confusión, tal y como ocurrió con el Mitsubishi Pajero.

Finalmente, persiste la sensación de que «El pasaje» es resultado más de la improvisación que de un esquema narrativo bien planificado. Es cierto que los constantes giros sorprenden al lector, pero ante el incomprensible cambio que acaba de sucederse ante sus ojos. Una sola página intenta englobar tantos sucesos que el autor opta dedicarle apenas unas líneas a pesar de su trascendencia. No obstante, consciente de la falta de información existente, los retoma desde la perspectiva de otro personaje para evitar estas lagunas narrativas.

Con todo, el auténtico problema radica precisamente en sus excesos. Si eliminásemos todo el continente superfluo que prolonga la lectura hasta el ostracismo, la novela prescindiría con facilidad de un tercio sin que se viese afectada de forma significativa.  Igualmente, evitaría la mayoría de las contradicciones, sobre todo a partir de la segunda parte de la novela. A pesar de no haber visto un automóvil, resultan significativos los conocimientos sobre mecánica que demuestran cuando las circunstancias lo requieren. O de informática. O de energía nuclear…

A pesar de ser la tercera novela de Justin Cronin, «El pasaje» demuestra que todavía le queda un largo camino por recorrer para garantizarse la supervivencia dentro del panorama literario, sobre todo cuando existen tantos homólogos dispuestos a lanzarse a su cuello. Olvídate del crucifijo y empuña con decisión la pluma sobre el papel o los dedos sobre el teclado, porque dentro de poco anochecerá trayendo consigo las sombras con todos los peligros que habitan en ellas, incluyendo una criatura ancestral de largos colmillos, ardientes ojos y una sed insaciable por tu sangre.

LO MEJOR: El esfuerzo del autor por rendir tributo a la novela de Stoker. Algunos detalles independientes, como la historia de Carter.

LO PEOR: El resto.


Sobre el autor: Justin Cronin nació en New England. Actualmente es profesor en la Rice University y vive con su familia en Houston, Texas. Su primera novela, Mary and O’Neil, le valió los premios PEN/Hemingway Award y Stephen Crane. Más tarde escribió la elogiada The Summer Guest. Publicada en junio de 2010, El pasaje, su tercera novela y primera entrega de una trilogía, se convirtió en uno de los libros más comentados del momento y debutó en el puesto número 3 de la lista de best-sellers del New York Times. Hoy en día Justin Cronin está preparando las siguientes entregas de la trilogía, tituladas The Twelve y The City of Mirrors.


Sinopsis: En la República del Gran Oriente Asiático está prohibido el rock, esa música decadente. Los jóvenes crecen en un estado totalitario y controlador que promueve la competitividad. Como medida de control de rebeliones, la administración pone en marcha el Programa: cada año, 50 clases de distintos institutos son elegidas para luchar a muerte en la BATTLE ROYALE. Los alumnos son aislados en una isla. Las normas del juego son estrictas: no pueden escapar, no pueden contactar con el exterior, y solo puede quedar uno.

Todo está permitido para sobrevivir.
Empieza el juego.
Empieza BATTLE ROYALE.


Reseña: A pesar de que el fin del aislamiento de Japón supuso la abolición del sistema feudal de castas vigentes en este país desde el período Edo (desde 24 de marzo de 1603 hasta 3 de mayo de 1868), sigue siendo una nación caracterizada por un comportamiento social vertical. Es decir, al contrario que la mayoría de las sociedades occidentales basadas en una jerarquía horizontal igualitaria, en este país no existen las relaciones equivalentes o de reciprocidad. Por esta razón, los cuarenta y dos estudiantes de la Clase B del Instituto Shiroiwa no mostrarán ninguna compasión hacia sus compañeros cuando el juego empiece y tengan que asesinarse entre ellos hasta que solo quede un solo ganador.

Precisamente, la intención de Koushun Takami cuando escribió «Battle Royale» fue ilustrar la exacerbación del individualismo a través de la competitividad y la presión social de su país. El juego demuestra la influencia del Estado sobre la persona en todos los aspectos de su vida desarrollando la historia en una línea de tiempo alterna, después de la Segunda Guerra Mundial, que ha derivado en un gobierno de formas autoritarias conocido como la Gran república del Asia oriental. Entre otras prácticas, celebra de forma anual un programa en la que se selecciona cincuenta clases de tercer año  de varios institutos para obligar a los estudiantes seleccionados a luchar hasta la muerte.

Si bien la mayoría de los elementos que constituyen el  «Battle Royale» han permanecido inalterables desde la primera edición, salvo la incorporación de algunos avances tecnológicos,  entre los alumnos del Instituto Shiroiwa existen varios estudiantes dispuestos a combatir, no solo para salvar sus vidas, sino también para demostrar a las autoridades que no son simples instrumentos al servicio de la nación, sino personas.

Consciente de la importancia de los personajes, Koushun Takami realiza una magnífica presentación durante el capítulo inicial del libro a través de Shuya Nanahara, o más conocido por las autoridades como el estudiante 15. Esta asignación numérica  tiene una doble intención por parte del autor. En primer lugar,  nos demuestra que, a pesar de diferir en carácter o pautas de comportamiento, la persona queda reducida a una mera cifra cuya pérdida no será significativa. En segundo, reforzar la percepción de que todos están "cortados de un mismo patrón", tal y como afirma su autor, asignándoles roles concretos a cada personaje que permanecen inalterable durante toda la novela.

Por subsiguiente, y a pesar de sus diferencias, este estatismo facilita su identificación, permitiéndonos vaticinar su forma de actuar durante el juego. Al igual que las piezas del ajedrez, cada una tiene su función asignada de antemano y papel que desempañará en la partida, sin posibilidad de cambios. Es decir, el único elemento verdaderamente diferencial entre ellos sería la enumeración asignada, porque realmente se encuentran condicionados por su entorno que los ha convertido en un arquetipo sin que sean conscientes de esta circunstancia.

A fin de conseguir esta percepción psicológica, Koushun Takami procura conceder un presencia equilibrada de todos los estudiantes a través de episodios breves en los que conocemos su propia historia. No obstante, el trío conformado por Shōgo Kawada (el estudiante 5), Shuya Nanahara (el estudiante 15) y Noriko Nakagawa (la estudiante 15) acaban teniendo mayor presencia, sobre todo a partir de la tercera parte. Un detalle que perjudica a otros alumnos con mayor atractivo, como Mizuho Inada (la estudiante 1), quien crea un universo fantástico paralelo para evadirse de la realidad ante la imposibilidad de la muchacha para enfrentársele; o Yutaka Seto (el estudiante 12), reducido al cómico de la clases sin ninguna otra habilidad destacable, entre otros. De hecho, resulta interesante comprobar que cada estudiante representa una consecuencia concreta de ese individualismo.

Sin embargo, da la sensación de que el autor pretendía abarcar el mayor número posible de tribus sociales presentes en muchos institutos japonesess, como los otakus, aunque solo fuese mediante una breve mención cuando  su verdadera intención era centrarse principalmente en el trío anteriormente mencionado, pues son los únicos que manifiestan una ideología contraria al régimen de su país.

De ahí que la estructura narrativa no sea homogénea.  Adviértase que los capítulos centrados en nuestros tres protagonistas son  más extensos conforme el número de estudiantes decrece, anticipando quienes conseguirán sobrevivir hasta el final. Es más, cuando apenas quedan pocos supervivientes, las historias se reducen apenas unas páginas cuando anteriormente se dedicaban varios capítulos para explicarlas, tal y como ocurre con Mizuho Inada (la estudiante 1). Esta alteración del ritmo es  consecuencia de la necesidad de Koushun Takami de concluir el juego y desarrollar la trama posterior a su finalización, más centrada en la crítica al individualismo de su nación y al control del gobierno sobre la vida personal habitantes.

Al igual que «La naranja mecánica»  (Anthony Burgess), que prescindió del capítulo 21 hasta la última edición publicada, esta novela debería haber concluido una vez que la «Battle Royale»  tuviese un ganador. La principal razón es la previsibilidad anteriormente mencionada, pues Koushun Takami hubiese conseguido un efecto más demoledor sobre el lector con un final similar al de «1984»  (George Orwell) o «El señor de las moscas»  (William Golding), principales fuentes de inspiración, en lugar de optar por una conclusión tan predecible y de moraleja fácil como el libro de Burgess.

Con todo, no podemos concluir este análisis sin  mencionar la magnífica traducción realizada por José C. Vales, permitiéndonos disfrutar de este clásico inédito hasta la fecha en nuestro país. Es cierto que algunas expresiones empleadas por los estudiantes son demasiado actuales si consideramos que se encuentra ambientada en la década de los 90, pero es un detalle que carece de importancia comparándolo con el resultado final.

«Battle Royale» no es solo la novela que inspiró la trilogía de «Los juegos del hambre» (Suzanne Collins), también es una de las distopías más sangrientas y polémicas de la última década por atreverse a describir las posibles consecuencias del individualismo y la competitividad de una nación. Una historia violenta donde lo importante no es sobrevivir, sino aprender a vivir tu propia vida respetando la de los demás.

LO MEJOR: La estructura del juego, cuidado hasta el mínimo detalle. La presentación de los personajes en el capítulo inicial. El autor consigue una historia que, a pesar de crítica la estructura social japonesa, ha sabido emplear una estructura y un estilo narrativo que puede disfrutarse fuera de sus fronteras. La traducción al castellano.

LO PEOR: Koushun Takami prioriza al trío protagonista cuando había personajes secundarios igual o más atractivos. Los últimos capítulos después de finalizar el juego. La mayoría de los lectores desconocen esta novela y muchos piensan que es posterior a la trilogía de «Los juegos del hambre», cuando Suzanne Collins se inspiró por completo en ella. La larga espera hasta verla publicada en nuestro país.


Sobre el autor: Koushun Takami nació en 1969 en Amagasaki, cerca de Osaka, y creció en Kagawa en la prefectura de Shikoku (la cuarta isla más grande de Japón), donde reside actualmente. Tras graduarse por la Universidad de Osaka en Literatura, trabajó en el periódico de la prefectura Shikoku Shimbun durante cinco años, ejerciendo en distintas secciones, incluidas las de política, noticias policiales y economía. También realizó un curso a distancia de artes liberales de la Universidad de Nihon, y consiguió el certificado de profesor de inglés para institutos. 

Battle Royale, terminada después de que Takami abandonara el periódico, fue su obra debut y la única novela que ha publicado hasta el momento. Con su publicación en Japón, en 1999, recibió un apoyo generalizado y se convirtió en un bestseller. Battle Royale se serializó en forma de cómic, se convirtió en película el año 2000, y se ha traducido a más de una decena de idiomas. Desde su primera publicación, Battle Royale continúa siendo una novela de culto favorita en Japón y otros países del mundo.

En 2012 se publicó Battle Royale: Angel’s Border, un spin off manga escrito por el propio Koushun Takami.
Publicado en La web del terror
Sinopsis: No eres bienvenido” es una antología de relatos de terror que gira alrededor del concepto de “pueblo maldito”. Inspiradas en la atmósfera que nos transmiten lugares tan conocidos como Brigth Falls, Twin Peaks, Silent Hill o Casttle Rock, las historias que componen esta antología nos descubrirán que existen sitios que es mejor no visitar, en los que la muerte y la locura aguardan al viajero y donde el MAL, en mayúsculas, campa a sus anchas, decidido a no dejarte marchar.

Trece historias. Trece de los mejores escritores de terror a nivel nacional. Trece lugares que no deberíais visitar jamás…

Reseña: A pesar de que los destinos turísticos más demandados en Estados Unidos corresponden con sus grandes metrópolis, como Nueva York, San Francisco o Miami, en esta joven república federada siguen predominando los paisajes rurales, sobre todo en el sur del país con las amplias extensiones de cultivos de maíz y soja, convirtiéndolo en el mayor productor del mundo de estos productos agrícolas. Si nos detenemos en cualquiera de las poblaciones cercanas, descubrimos imágenes que parecen haber sido extraídas de cualquier libro de historia utilizado durante nuestra etapa escolar gracias al aislamiento que le proporciona, entre otros factores, la imposibilidad de encontrar su nombre en cualquier mapa de carreteras o guía de viajes moderna, como si no existieran... De hecho, cuando decidimos continuar nuestro viaje tras repostar en la única gasolinera del lugar, no podemos evitar mirar varias veces por el retrovisor para asegurarnos de que realmente sigue allí, de que nuestra breve estancia ha sido real y no consecuencia de las muchas horas al volante, así como el cansancio acumulado y los litros de algo parecido al café. Y sin embargo, por mucho que veamos cómo se empequeñece en el horizonte a medida que nos alejamos, posiblemente para no regresar, no podemos quitarnos la sensación de que todo ha sido un sueño… O una terrible pesadilla de la que todavía no hemos conseguido despertar por completo.

La Pastilla Roja publica su segunda antología, «No eres bienvenido», en la que recorremos trece pueblos para conocer sus pintorescas historias a través de los autores que firman cada relato y que se convierten en nuestros particulares guías turísticos en este viaje sin retorno. Una estancia que queremos dar por concluida incluso antes de cruzar los carteles que anuncian nuestra entrada en estos lugares malditos donde el miedo y el horror serán los principales atractivos de nuestra visita.

Si tuviésemos que destacar algunos de los relatos que conforman este itinerario por la américa más profunda y desconocida por el lector serian:

«Honeybrook» (Raelana Dsagan), un magnifica historia que nos describe la vuelta al hogar de un soldado mutilado tras la guerra de Vietnam. Durante su peregrinaje, la autora nos narra con una prosa sencilla, oscura y hermosa la nostofobia de su protagonista, consciente de que su ímpetu juvenil fue la principal responsable de la herida ocasionada tras su partida y el vacío irrecuperable que Honeybrook jamás conseguirá superar, simbolizado en una inesperada metáfora final que estremece y, al mismo tiempo, emociona al lector.

«Inss Town» (Daniel P. Espinosa) nos deleita con una asombrosa variedad de pastas ofrecidas amablemente por sus ancianos habitantes, siempre acompañadas  de una buena taza de té y las interminables anécdotas de los lugareños, deseosos encontrar alguien nuevo con quien compartirlas. Una historia con un brillante humor negro y satírico que devoramos con fruición y sin dejar migaja sobre nuestro recién estrenado jersey de rombos o nuestros pantalones subidos hasta prácticamente las axilas.

«Widow’s Island» (So blonde) nos seduce como el canto de las sirenas hacia la perdición de nuestra alma por nuestros pecados. El autor nos ofrece una nueva visión de la redención a través del castigo merecido por los crímenes cometidos en el pasado. Un sobrio relato sin concesiones narrativas ni eufemismos que nos describe un escenario donde la belleza o la inocencia son frágiles apariencias que ocultan un mar de locura, dolor y muerte.

«Alimañas» (Alicia Pérez Gil) nos demuestra la importancia de mantener las costumbres ancestrales. Una interesante visión sobre las tradiciones que imperan en estas pequeñas poblaciones cuando lo han perdido todo y solo pueden ampararse en el consuelo que les proporciona su fe, siempre que el progreso no se interponga en sus creencias. La autora nos ofrece un relato lleno de inesperados giros narrativos que nos provoca un escalofrío tan intenso como una gélida e indiferente mirada felina.

En lo que respecta al resto, existen relatos que tienen buenas introducciones, pero conformen avanzábamos en la lectura decrecen, tal y como ocurre en «Los niños del molino» (A. M. Caliani) y  «El abono» (Macu Marrero). Ambos podrían considerarse un auténtico tributo a «El pueblo de los malditos» (John Wyndham) y «La pequeña tienda de los horrores» (Roger Corman) respectivamente, pero la narración resulta desigual conforme se desarrollan los acontecimientos, e incluso podemos decir que la conclusión resulta precipitada, sobre todo en el segundo relato mencionado. Sin embargo, ocurre lo contrario con «Siempre vuelven para el juicio» (David Pardo), que mejora progresivamente gracias a una interesante estructura narrativa en la que converge presente y pasado, sin olvidar su escabrosa secuencia final.

Por otro lado, contextualizar todos los relatos exclusivamente en Estados Unidos limita bastante la diversidad de la historias. De ahí que se repitan algunos elementos como los investigadores paranormales («Un lugar llamado medianoche» (Miguel Aguerralde) y «Lous T. Clark, Investigador Paranormal» (Alberto Guerrero Corral)) y que, además, recuerdan demasiado a la saga protagonizada por «Tom Z» (J. E. Álamo); o algunos acontecimientos históricos recientes del país como la Guerra de Vietnam («Honeybrook» (Raelana Dsagan) y «Widow’s Island» (So blonde)).

Finalmente, «Bleedy Hills» (Uriska Serrano), «Familia» (Francis Cuevas) y «Holy Moon» (David Rozas Genzor) son paradas poco recomendables en nuestro viaje. Los tres relatos mencionados resultan propios de la serie B low cost que tienden a sustentarse con chistes poco graciosos, desnudos principalmente femeninos, grandes cantidades de sangre y vísceras o una amplia variedad de monstruos ridiculizados por las recientes sagas juveniles.

En definitiva, «No eres bienvenido» nos ofrece un ruta diferente por Estados Unidos con estancia obligatoria en trece pueblos cuyo mayor atractivo turístico reside en la capacidad de hacernos sufrir y experimentar el miedo de trece formas completamente diferentes. Ignora el cartel, aquí serás bien recibido e incluso es posible que no quieras marcharte… O no puedas hacerlo.

LO MEJOR: La temática de la antología. Los relatos «Honeybrook» (Raelana Dsagan), «Inss Town» (Daniel P. Espinosa) «Widow’s Island» (So blonde) y «Alimañas» (Alicia Pérez Gil). La introducción de «Los niños del molino» (A. M. Caliani) y  «El abono» (Macu Marrero). La estructura narrativa y el sangriento final de «Siempre vuelven para el juicio» (David Pardo).

LO PEOR: Ambientar todas las historias en Estados Unidos provoca la repetición de determinados detalles. Algunos relatos tienen una buena introducción, pero decrecen conforme avanzábamos en su lectura. Los relatos de «Bleedy Hills» (Uriska Serrano), «Familia» (Francis Cuevas) y «Holy Moon» (David Rozas Genzor).
Publicada en La Web del Terror
Sinopsis: Isabel, una joven de familia acomodada, desaparece de su casa de Sitges sin dejar rastro. Por desgracia, ni la Policía ni el investigador privado contratado por el padre de la desaparecida, el magnate cinematográfico Didac Sardà, consiguen arrojar luz al caso.

Cuando Milena, la mejor amiga de Isabel y experta en demonología, recala en Madrid durante una gira promocional de su exitoso libro, el reencuentro con Didac volverá a abrir viejas heridas. Y es que el padre de su amiga cree haber dado con una pista que podría llevar a Isabel. Una pista que solo Milena parece capacitada para seguir. Lo que ella no sospecha es que la madeja que desenredarán sus investigaciones sacará a la superficie algo más profundo que la verdad y más aterrador que las entidades demoníacas a las que se enfrenta cada día: su propio pasado.

Lo que sueñan los insectos es mucho más que un thriller paranormal intenso y perturbador: es un viaje emocional de suspense creciente, que desemboca en una insólita reflexión sobre lo que somos y lo que podríamos haber sido. Sobre lo que dejamos atrás para perseguir nuestros sueños y lo que nos deja a nosotros cuando creemos haberlos conseguido.


Reseña: «Puede que solo sea yo, siempre mirando el repugnante lado de la vida. Ha sido así desde que adquirí esta condición de “en ocasiones veo muertos” (…) Mi teoría es que este tipo de cosas no es un don. Ni una maldición. Es una minusvalía.»

De esta forma describe Chris Luna su capacidad para comunicarse con personas fallecidas en circunstancias violentas. La novela gráfica «El velo» (El Torres y Gabriel Hernández) se desligaba por completo de la imagen idílica de esta habilidad mostrada por otras protagonistas como Melinda Gordon («Entre fantasmas») o Allison DuBois («Medium»), quienes conseguían complementar sin grandes dificultades su vida personal, profesional y familiar junto a su peculiar «sensibilidad» femenina para captar la realidad que se esconde tras las apariencias que componen nuestra vida y establecen nuestra rutina diaria. Sin embargo, no importa si «te vuelves una experta en mirar hacia el otro lado. Ellos aún están ahí. Siempre están ahí».

Nuevamente, Javier Quevedo Puchal nos obliga a enfrentarnos con nuestros demonios personales siguiendo la temática iniciada en «Cuerpos descosidos». En esta ocasión, seremos testigos del conflicto interior de Milena descrito a través de la narración en primera persona de Diego, su marido. A pesar de su aspecto tosco y violento, este personaje demuestra una gran comprensión hacia el talento de su esposa, porque él también ha sido víctima de la intolerancia de la sociedad, de su escepticismo ante aquello que no puede ver y es que de nada sirven los ojos a un cerebro ciego.

Por esta razón, cuando los padres de Isabel, la mejor amiga de nuestra protagonista, decide contratar los servicios del matrimonio para resolver la desaparición de su primogénita, Milena deberá regresar a lugares llenos de recuerdos… y secretos.

Al igual que en su anterior novela, el pasado se convierte en un elemento trascendental para la narración de la historia, condicionado la reconstrucción de los acontecimientos que sirven para explicar el enigma que rodea a los Sardá  a través de sutiles detalles como la presencia del cuadro «Saturno devorando a sus hijos» en el recibidor del hogar familiar.

Si bien, merece destacarse la escasa información relativa a Milena, quien acaba siendo eclipsada por Diego durante gran parte del relato precisamente por el mayor protagonismo que le concede el autor, no solo por la elección de la persona narrativa también al dotarlo de una personalidad más desarrollada. En este sentido, no contribuye a la protagonista que su esposo acabe adquiriendo habilidades similares a las suyas, eliminando el único rasgo que la permitía destacar sobre el resto de personajes.

Es cierto que Javier Quevedo Puchal menciona algunos aspectos de su vida que nos permite comprender su actitud reservada, su miedo a otras personas ante el trauma de descubrir que la única persona en la que confió lo suficiente para dejarla acceder a su mundo acabo abriendo las puertas de su propio infierno. En aquella ocasión, los demonios se presentaron bajo una apariencia humana y el ardor de sus sentimientos acabo quemándola hasta convertir su espíritu en cenizas, así como sus sueños y esperanzas. No obstante, su leve mención resulta exigua, más cuando nos detenemos a analizar su alcance en el final de la historia.

La distancia insondable entre Milena y Diego, un matrimonio formado por dos completos desconocidos unidos solo por las circunstancias, no por sentimientos correspondidos, y mantenidos gracias al frágil equilibrio que les proporciona su peculiar rutina como cazadores de fuerzas demoníacas. Precisamente, este desapego es el que experimenta el lector hacia la protagonista por las razones anteriormente expuestas, mientras que no le resulta difícil empatizar con otros personajes con la ironía de Diego, la verborrea de Adela e incluso la sobreactuación de Petite Coco.

Por otro lado, tampoco contribuye a la novela el cambio en ritmo a partir de la segunda parte. En la primera, Javier Quevedo Puchal tiene una cadencia narrativa más pausada, recreándose en las descripciones, tanto de los lugares como de los sentimientos, y volviendo a demostrarnos su habilidad con la prosa. El autor convierte nuestro mundo en un mero espacio de transición entre dos realidades, reduciendo nuestra especie a un mero instrumento al servicio de unos seres que manipulan nuestra voluntad a través de nuestros deseos más oscuros e inconfesables. En palabras de la propia Milena: «No todo el arte tiene que ser bello por definición. Hay quien ve la vida de color rosa y hay quien la ve de color negro. Supongo que Isabel era de las que veía más monstruos que ángeles».

Con todo, la segunda parte acaba resultando previsible por sus semejanzas con otras novelas, incluso el propio autor menciona «La semilla del diablo» (Ira Levin) en uno de los diálogos. A partir de la confesión de Pablo persiste la sensación de que la novela requería de un mayor desarrollo para alcanzar todo su potencial inicial.

En definitiva, «Lo que sueñan los insectos» es una compleja pesadilla psicológica, creando una grieta entre dos mundos que deberían haber permanecido separados. Si bien, la segunda parte de la novela ensombrece el resultado final, Javier Quevedo Puchal vuelve a demostrarnos que nuestro pasado siempre será nuestro peor enemigo mientras no nos enfrentemos a los demonios que nos persiguen desde los recuerdos jamás olvidados.

LO MEJOR: El personaje de Diego. La prosa de Javier Quevedo. La primera parte de la novela con un ritmo narrativo más pausado que permite recrearse en los detalles. El capítulo «Saturno devorando a sus hijos»

LO PEOR: Milena es eclipsada por su esposo durante toda la novela. La segunda parte del libro.

Sobre el autor: Javier Quevedo Puchal (Castellón, 1976) es autor de las novelas El tercer deseo (Odisea Editorial, 2008), Todas las maldiciones del mundo (Odisea Editorial, 2009) y Cuerpos descosidos (NGC Ficción!, 2011), así como de la antología de nanorrelatos Abominatio (Ediciones Efímeras, 2010). También ha publicado relatos cortos en antologías del calado de Taberna espectral (Editorial 23 Escalones, 2010), Los nuevos mitos de Cthulhu (Edge, 2011), Insomnia (Grupo Ajec, 2012) o La ciudad vestida de negro (Drakul Editorial, 2012). En 2012, se alzó con el Premio Nocte a la Mejor Novela de Terror Nacional. También ha obtenido nominaciones en los Premios Shangay e Ignotus, entre otros. Actualmente, imparte un taller de escritura creativa en el Estudio Sampere, que compagina con su labor como traductor y corrector.

Publicada en La web del Terror
Sinopsis: En la calle Berlín, en pleno Eixample barcelonés, hay un edificio corriente. Allí viven un colombiano, una prostituta de lujo, un matrimonio de ancianos, una madre separada con dos hijos y un oficinista soltero. ¡Ah!, y un fantasma: la anciana malhumorada del último piso que murió hace meses, aunque nadie se ha dado cuenta, y se dedica a vagar de un piso a otro cotilleando las vidas de sus vecinos.

Nada hubiera llamado la atención, si Gerard, un policía de baja indefinida, no hubiera recibido la llamada de Pep, su antiguo compañero, dos días antes de ser asesinado. En su buzón de voz quedaron grabadas estas palabras: «Quiero hablarte de algo que he descubierto en la calle Berlín, en el 109». Atraído por el deseo de vengar a su amigo y, por qué no decirlo, sin nada mejor que hacer, Gerard decide pasarse por allí.

Pero nunca hubiera imaginado que la búsqueda del asesino de Pep pudiera estar rodeada de tantos misterios; tantos como vecinos hay en el edificio, pues cada uno oculta un secreto que cambiará la vida de los demás para siempre.

Reseña: A pesar de que Barcelona es conocida internacionalmente por monumentos tan emblemáticos como la Sagrada Familia, el parque Güell, el mercado de la Boqueria o el Liceu; Susana Vallejo nos propone conocerla a través de aquellos edificios que no figuran en ninguna guía turística, pero que representan el auténtico corazón y el alma de la ciudad, como la «Calle Berlín, 109». Este bloque de apartamentos, situado en pleno Eixample, nos hubiese desapercibido en otras circunstancias, pero el secuestro, tortura y asesinato de Pep, antiguo compañero y amigo del policía Gerad se convierte en el punto de inflexión de esta historia. A partir de un enigmático mensaje dejado por el  fallecido, el agente iniciará su propia investigación para resolver el crimen y, al mismo tiempo, descubrir el resto de misterios que se esconden tras su anodina fachada.

La autora madrileña concibe una novela coral en la que cada piso nos ofrece una historia diferente, aunque interrelacionada con el resto. Si bien, incluso los propios vecinos ignoran la repercusión que acabaran teniendo entre ellos esta convivencia, porque todas sus vidas empiezan con otra muerte, la de María Eugenia.

Esta anciana cascarrabias sirve de preludio para introducirnos en el trasfondo más social del libro, pues «Calle Berlín, 109» no es la clásica novela negra ambientada en la ciudad catalana como «La sombra del viento» (Carlos Ruiz Zafón) o «El blues del detective inmortal» (Andreu Martín), sino con el estilo irónico de «Lo mejor que le puede pasar a un cruasán» (Pablo Tusset). Susana Vallejo emplea ambas muertes para introducirnos en la realidad cotidiana de sus personajes a través de una breve presentación, exactamente dos páginas para cada uno, antes de profundizar en sus dramas y carencias.  Una novela que oscila entre el drama y la comedia de forma bastante equilibrada durante gran parte de la narración.

De hecho, resulta muy inteligente la estructuración de la historia. Al principio, obsérvese como la autora se limita a nombrar el piso y el número exacto para que realicemos las primeras asociaciones con cada personaje. Después, conforme se suceden las interrelaciones, incluso los nombres que precedían cada capítulo  y que nos permitía distinguirlos desaparecen. Es decir, Susana ilustra la progresiva desaparición de las distancias que siempre habían existido entre ellos, aunque compartiesen el mismo edificio, para crear una auténtica comunidad en la que todos cuidan de todos.

En este sentido, Susana Vallejo nos obsequia con escenas conmovedoras basadas en detalles tan simples como los dulces de naranja recubiertos en chocolate negro, las manos ásperas por la lejía y el trabajo, la letra de una canción… Una novela que prescinde de metáforas innecesarias, optando por una prosa directa en la que se nos describe con gran sencillez aspectos tan complejos como la soledad.  

A pesar de este equilibro narrativo, algunas subtramas no terminan de compenetrarse. Por ejemplo, la ambigua relación entre Gabriela y Gustavo o la presencia del espíritu de María Eugenia que, aunque demuestran su trascendencia en los acontecimientos finales, el escaso desarrollo acaba convirtiéndolos en algo anecdótico hasta casi sus últimas hojas. Asimismo, algunos personajes experimentan un gran cambio que resulta incoherente desde cierto punto de vista, con objeto de que todas las historias concluyan con su propio happy end.

A pesar de ello, Susana Vallejo se convierte en la mejor agente inmobiliaria para que nos decidamos a adquirir un piso en «Calle Berlín, 109», pues nada más concluir su lectura queremos mudarnos a esta peculiar comunidad de vecinos en el que la soledad es sustituida por la solidaridad.

LO MEJOR: El trasfondo social de la novela. La estructuración de los capítulos. La presentación de los personajes. La prosa sencilla y directa, sin necesidad de recurrir a metáforas. Los detalles.

LO PEOR: La ambigua relación entre Gabriela y Gustavo. El detrimento de algunas subtramas conforme avanza la narración.  El final resulta demasiado edulcorado en comparación el tono previo.

Sobre la autora: Susana Vallejo estudió Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad Complutense de Madrid. Tras ejercer los más variados trabajos, realizó los propios de su profesión en diversas multinacionales. En la actualidad reside en Barcelona.

Consiguió un gran éxito con su tetralogía juvenil Porta Coeli antes de publicar su novela de ciencia ficción Swiitch in the Red y ganar el Premio Edebé de 2011 con El espíritu del último verano.

Publicada en La Web del Terror
Sinopsis:  Un enigma oculto durante más de setenta años. Un barco lleno de misterios. No te podrás bajar… aunque quieras. Agosto de 1939. Un enorme trasatlántico llamado Valkirie aparece flotando a la deriva en el Océano Atlántico. Un viejo buque de transporte lo encuentra por azar y lo remolca a puerto, tras descubrir que en ese barco tan solo queda un bebé de pocos meses…. y algo más que nadie es capaz de identificar. Setenta años después, un esquivo hombre de negocios decide ponerlo de nuevo sobre el agua y repetir, paso por paso, el último viaje del Valkirie. A bordo de él y atrapada en una realidad angustiosa y contrarreloj, la periodista Kate Killroy descubrirá que solo su inteligencia y su capacidad de amar podrán evitar que la nave se cobre de nuevo su siniestro precio en este viaje. Un trasatlántico a la deriva en medio del Atlántico Norte, unos misteriosos acontecimientos, ni un solo tripulante ni viajero.

Reseña: «3 de agosto. A medianoche fui a relevar al hombre en el timón y cuando llegué no encontré a nadie ahí. El viento era firme, y como navegamos hacia donde nos lleve, no había ningún movimiento. No me atreví a dejar solo el timón, por lo que le grité al oficial. Después de unos segundos subió corriendo a cubierta en sus franelas. Traía los ojos desorbitados y el rostro macilento, por lo que temo mucho que haya perdido la razón. Se acercó a mí y me susurró con voz ronca, colocando su boca cerca de mi oído, como si temiese que el mismo aire escuchara: “Está aquí; ahora lo sé. Al hacer guardia anoche lo vi, un hombre alto y delgado y sepulcralmente pálido. Estaba cerca de la proa, mirando hacia afuera. Me acerqué a él a rastras y le hundí mi cuchillo; pero éste lo atravesó, vacío como el aire. »

Este fragmento corresponde al cuaderno de bitácora escrito por el capitán del Deméter durante su último viaje desde Transilvania (Rumanía) hasta Whibty (Reino Unido), donde el barco atracó en puerto sin rastro de su tripulación. Entre las mercancías que transportaba, y que permanecían completamente intactas, encontraron un ataúd lleno de tierra, donde instantes antes reposaba el cuerpo de un no muerto, Drácula. A partir de su novela, Bram Stoker creó uno de los barcos fantasmas más célebres de la literatura contemporánea a través de la recreación del viaje utilizando las páginas de este diario inconcluso.

A pesar de que la historia del Deméter es ficción, bien podría haberse inspirado en algunos ejemplos reales como el Mary Celeste, el Ellen Austin o el Carroll A. Deering. Todos ellos conocidos por los misterios con los que se asocian sus nombres y que todavía hoy continúan sin respuesta, pese a las numerosas hipótesis para esclarecerlos, desde aquellas con una base racional y científica (asaltos piratas, motines de la tripulación, enfermedades, tormentas…) hasta las teorías conspirativas y paranormales (abducciones extraterrestres, existencia de puertas dimensionales, el Triángulo de las Bérmudas…).

En esta ocasión, el Valkirie es el protagonista de un nuevo enigma que volverá a repetirse setenta años después, porque lo que provocó la desaparición de sus tripulantes sigue allí, esperando… Un ser maligno y hambriento que no te permitiría abandonar el barco, ni vivo ni muerto.

El autor que inició el género zombie en nuestro país, Manuel Loureiro, regresa al género de terror con su nueva novela, «El último pasajero». El lector se embarca durante cinco días en este magnífico crucero, repitiendo su primera y última travesía por el océano Atlántico. Apenas abandonamos el puerto cuando un inesperado (e indetectable) banco de niebla rodea el trasatlántico envolviéndonos con su claustrofóbica presencia como los últimos reductos de una  temible pesadilla de la que no conseguimos despertar.

Inspirándose en el estilo lovecrafiano, el escritor gallego utiliza una prosa llena de visualidad que no requiere recrearse en detalles excesivamente sangrientos para provocar la angustia del lector. Al contrario, en el Valkirie  predomina el terror psicológico que, paradójicamente,- se incrementa conforme abandonamos la seguridad, el lujo y el confort de los camarotes de primera clase para adentrarnos en los niveles inferiores que incluyen las lúgubres dependencias de segunda y tercera clase o la sala de máquinas, que acaba convirtiéndose en una antesala del infierno.

Loureiro se adentra en las profundidades oceánicas de la maldad humana a través de sus personajes, entre los que destacan la infatigable periodista Kate Kilroy; el enigmático multimillonario Isaac Feldman; o la amazona bosniana Shenka. A pesar de sus diferencias, todos comparten un pasado trágico plagado de sombras que regresan con la intención de llevárselos consigo, porque la oscuridad se hace más fuerte conforme avanzan en su viaje gracias a la presencia de un mal milenario liberado a bordo del Valkirie. Un círculo que deberá completarse antes de que lleguen a su destino.

Por esta razón, «El último pasajero» recrea a dos tiempos diferentes que confluyen en un mismo espacio para acentuar  la efímera distancia que, en realidad, existe entre el pasado y el presente, demostrando la influencia que ejerce uno sobre otro. De este modo, este barco acaba convirtiéndose en una versión crucero del hotel Overlook («El resplandor», Stephen King), ante la imposibilidad de sus protagonistas para distinguir entre ambos.

El  propio autor establece límites en el desarrollo tanto la historia como sus personajes, consecuencia lógica de la cuenta atrás que empieza desde el instante en el que el Valkirie abandona el puerto. Es obvio que cinco días resultan insuficientes para abarcar en profundidad todos los aspectos que Loureiro menciona, condicionando el ritmo narrativo desde los primeros capítulos para ajustarlos a la, en cierto modo, efímera . Obsérvese que Kate realiza antes de embarcar y convertirse en un valioso miembro de la nueva tripulación sin proponérselo. Es cierto que la presentación de la protagonista deja entrever parte de la emotividad de una historia que, a pesar de pertenecer al género de terror, posee una gran humanidad. El resto de personajes resultan menos sólidos, debido al mayor protagonismo que se le concede a la periodista en detraimiento del resto, cuya presencia a una serie de localizadas escenas, tal y como ocurre con el cínico físico Carter.

A pesar de estos necesarios matices en el diseño y la maquinaria en el diseño del Valkirie, «El último pasajero» nos ofrece una travesía capaz de provocarnos una talasofobia irremediable al concluirla, siempre que sobrevivamos. Manuel Loureiro regresa con una novela claustrofóbica que no concede un solo respiro al lector conforme averiguamos los secretos que se esconden bajo su cubierta. Una presencia maligna, una sombra creada por la maldad humana que nos perseguirá en cada camarote, en cada pasillo, en cada rincón de este inmenso navío… El Valkirie está a punto de zarpar rumbo hacia lo desconocido… contigo como pasajero. 

LO MEJOR: La atmósfera claustrofóbica del libro. La confluencia de dos tiempos en un mismo espacio. La presentación del personaje de Kate Kilroy al lector. El equilibrio narrativo entre terror psicológico y drama.

LO PEOR: Si consideramos el complejo trasfondo de la novela, todo se sucede en una lapso de tiempo demasiado breve. Los primeros capítulos correspondientes a la investigación de Kate resultan efímeros. El excesivo protagonismo de la protagonista en detrimento de otros personajes, como Carter, Shenka o el propio Isaac Feldman.

Sobre el autor: Manuel Loureiro (PONTEVEDRA, 1975) es un escritor y abogado español que además ha trabajado como presentador en la Televisión de Galicia y más tarde como guionista de diversos proyectos.
En la actualidad colabora con los periódicos Diario de Pontevedra y diario ABC. Asimismo es colaborador habitual de la Cadena SER.

Sus primeras novelas, Apocalipsis Z: El Principio del Fin, Los Días Oscuros y La Ira de los Justos, se convirtieron de manera inmediata en un éxito de ventas, no sólo en España, sino en otros muchos países del mundo.