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Sinopsis: Si estás leyendo estas líneas es que te ha llamado la atención el título.

¿Te gustaría decírselo a alguien?

¿Serías capaz de decírtelo a ti mismo?

Y lo más importante: ¿te gustaría mantener durante un buen rato la sonrisa que se te ha quedado en la cara? 

Pues esta es tu novela.

Te podríamos contar con más o menos gracia de qué va la cosa, para que te hicieras una idea: que si la protagonista, Sara, es muy maja, que si tiene un trabajo muy interesante (es plumista, ¿a que nunca lo habías oído?), que si es un pelín obsesiva y alérgica a los sobresaltos... 

Por supuesto, la vida se le complica y se encuentra con que su piso se convierte en una especie de camarote de los hermanos Marx cuando en la misma semana se meten a vivir con ella su padre deprimido, su hermana rebelde y su excéntrico prometido y, sobre todo, el novio al que lleva mucho tiempo sin ver... 

Pero mejor no te lo contamos porque te gustará leerlo. Lo único que necesitas saber es que, desde el título, te garantizamos unas cuantas horas de descacharrante diversión como hacía tiempo que no disfrutabas. 

Crítica: A pesar de que las comedias románticas están basadas en un esquema narrativo básico, la previsibilidad y sencillez del argumento, la superficialidad de la pareja protagonista -que prolongan una visión conservadora del amor, la familia y el matrimonio- o la trivialidad de los conflictos que ambos deben superar para acabar juntos no representan un obstáculo para conseguir el ansiado final feliz. No, no nos estamos refiriendo a la boda, sino al éxito comercial. 

Este subgénero literario que, paradójicamente, tiene de precedente obras de teatro como «Mucho ruido y pocas nueces» y «El sueño de una noche de verano» de William Shakespeare, se ha convertido en un producto de entretenimiento, una lectura divertida y amena en el que destacan –principalmente- autoras como Helen Fielding («El diario de Bridget Jones»), Candace Bushnell («Sexo en Nueva York»), Megan Maxwell («Te lo dije») o Sophie Kinsella («Loca por las compras») que siempre acaban consiguiendo –pese al menosprecio de la crítica- las primeras posiciones en la lista de los libros más vendidos –o en taquilla, pues la mayoría acaban teniendo su adaptación cinematográfica-. 

Si bien la mayoría son escritoras anglosajonas, empiezan a destacar autoras españolas como Elísabet Benavent («Los zapatos de Valeria»), Ana Cantarero («Zapatos de lujo»), Miriam Lavilla Muñoz («Aceptamos marido como animal de compañía»), Rebeca Rus («Ginebra para dos») o el último éxito patrio, «No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas» de Laura Morton. 

En un contexto de crisis económica, con la mayoría de los jóvenes debiendo emigrar al extranjero para garantizar su futuro laboral, la primera novela de Laura Morton permite al lector evadirse de este pesimista panorama con las (des)venturas amorosas de Sara. 

«No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas» es la típica comedia romántica repleta de escenas surrealistas y de humor físico con el objeto de provocar la risa fácil del lector –y la vergüenza ajena-, personajes histriónicos y anquilosados en una eterna adolescencia, diálogos repletos de gags sobreexplotados y una innecesaria banda pop rock. 

Una novela sobre el miedo al fracaso, la apatía o la resignación ante un destino que parece predispuesto por nuestro mal karma en la que Laura Morton pretende transmitir la necesidad de asumir nuestra responsabilidad adulta, dejando de culpar a los demás por nuestros errores, en especial al cosmos. 

Un retrato sobre el vacío generacional y la crisis existencial de los jóvenes ante la crisis expresada a través de la insegura y frágil Sara con la que resulta fácil simpatizar debido, principalmente, a la espontaneidad de la prosa. El tono coloquial y desenfadado empleado por Laura Morton permite al lector identificarse con los conflictos de la protagonista, así como el resto de personajes entre los que destacan la «fuga de cerebros». No obstante, la simpatía inicial acaba sustituyéndose por el hastío. La egolatría adolescente de los personajes, incluyendo los «adultos», acaban dándole a la novela un tono excesivamente juvenil, sobre todo a los diálogos. De hecho, resulta contradictorio pretende ensalzar la independencia femenina de su protagonista con objeto de presentarla ante el lector como las nuevas y modernas antiheroínas de la literatura cuando, en realidad, la máxima aspiración es casarse y tener hijos, preferiblemente la parejita. 

Además, la autora prolonga en exceso el argumento, introduciendo de forma constante nuevos personajes o unos giros narrativos que provocan situaciones embarazosas y altibajos en la narración, innecesarios considerando la previsibilidad del argumento, salvo para prolongar las risas enlatadas y justificar un final de videoclip al estilo MTV o los 40 principales. 

En definitiva, «No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas» es la típica comedia romántica que pretende ofrecer un retrato sobre el vacío generacional de los jóvenes ante la crisis económica de nuestro país ensalzándolo con las (des)aventuras amorosas de su protagonista para transmitir un mensaje sobre la necesidad de asumir nuestras responsabilidades, así como una entretenida evasión de nuestras preocupaciones diarias. No obstante, la primera novela de Laura Morton acaba siendo una novela simple y previsible, repleta de tópicos y situaciones embarazosas, comercializado bajo la etiqueta indie con su onírica fantasía de plumas, pero acaba siendo tan comercial como el pop rock. 

LO MEJOR: La facilidad para simpatizar con los personajes. La espontaneidad de la prosa. El retrato sobre el vacío generacional de la juventud española ante la crisis económica. 

LO PEOR: El resto. 

Sobre la autora: A Laura Norton las dos cosas que más le gustan en la vida son escribir y observar la realidad, actividades que, no sin esfuerzo, ha conseguido convertir en su modo de vida: ha trabajado en publicidad, televisión y cine. Cuando le propusieron dar clases en un taller literario, decidió que había llegado el momento de escribir una novela. Nada mejor que aprovechar las historias que comparte con sus amigos. Y así inició en 2014 una exitosa carrera literaria con su primer título No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas, un libro con el que ha conseguido ganarse el favor de decenas de miles de lectores y del que ya se está preparando su adaptación al cine.
Sinopsis: Copenhague, en 1925. Greta y Einar son una pareja de jóvenes pintores. Ella es conocida, sobre todo, por sus delicados, sugestivos retratos de mujeres. Pero aquella tarde, la modelo no ha venido. Y Greta le pregunta a Einar si por una vez, para que ella pueda terminar la parte de abajo de un cuadro, él se pondría un par de medias de seda, se calzaría unos zapatos de tacón, acaso también un vestido que le permitiera acabar de pintar los pliegues de la falda. Einar acepta, y el instante en que la seda del vestido se desliza por su cuerpo supone una revelación, el momento de la sensación más verdadera, como cuando se sumerge en el mar en verano. Pero el océano de esta zambullida, que ya no tendrá vuelta atrás, es un mundo de sueños, el sueño por ser Otro. Y así, acompañado por Greta -porque ambos habitan ese oscuro espacio secreto entre dos personas que constituye un matrimonio-, Einar recorrerá un arduo camino al final del cual se encuentra una mujer llamada Lily Elbe, que fue Einar, y que ahora es una chica danesa. 



Crítica: Einar Mogens Wegener siempre se sintió diferente al resto de los hombres, pero carecía de la respuesta a este incómodo sentimiento de confusión, casi de rechazo hacia su persona. Las fotografías que se conservan del fallecido artista danés retratan a un varón de apariencia discordante con su sexo, pues sus rasgos eran visiblemente femeninos, igual que su comportamiento. A pesar de ello, Einar Wegener sabía que no era homosexual, como descubrió cuando su esposa, Gerda Wegener, le suplicó que sustituyese a su modelo habitual para acabar unos de sus famosos retratos femeninos. El envolvente y cálido tacto de la seda en su piel se convirtió en una revelación para Einar, el descubrimiento de su auténtico ser con el nombre de Lilli. 

Inspirándose libremente en la verdadera historia de Einar Wegener/Lilli Elbe, el primer hombre en someterse a una operación de conversión de sexo, David Ebershoff ofrece en su primera novela un complejo retrato sobre la identidad sexual. 

Cabe señalar que «La chica danesa» no es una biográfica fidedigna sobre la vida de Einar Wegener, sino un relato ficticio basado en el diario y la correspondencia de Lili Elbe editada y publicada por Niels Hoyer en el libro «Man into woman». A partir de este material y otros documentos como los artículos publicados en Politiken y varios periódicos daneses sobre la metamorfosis de Einar/Lilli, Ebershoff desarrolla la insólita historia de amor protagonizada el matrimonio Wegener. 

Una relación definida, en apariencia, por la tolerancia, la comprensión mutua y, sobre todo, la aceptación del otro. Si bien, la aparición de Lilli representa un punto de inflexión en la rutina conyugal, obligándoles a cuestionarse aspectos de su matrimonio basado en la rutina para descubrirles una infelicidad subyacente tras el aparente idilio de su convivencia. De esta forma, aquello que empezó siendo un inocente entretenimiento, acaba provocando efectos irreversibles en su relación. 

David Ebershoff opta por narrarnos la compleja transición de Einar/Lilli desde perspectiva del matrimonio dotando a la novela de un tono íntimo, centrándose en los efectos del cambio de sexo en el aspecto afectivo de la pareja, no en las implicaciones sociales de esta pionera metamorfosis con objeto de comprender mejor el drama personal de ambos personajes desde su propia perspectiva, pero siempre teniendo como vínculo común la existencia de Lilli. Adviértase que ambos personajes deben enfrentarse al rechazo y la incomprensión de los demás, así como la soledad que implica el secreto sobre la «verdadera» identidad de aquella chica danesa. 

Precisamente, el atractivo de la novela reside en las paradojas existenciales planteadas por el autor dotando al relato de una compleja psicología. La intersexualidad de Einar, la construcción de su auténtico «yo» da lugar a escenas que provocan sentimientos opuestos. David Ebershoff consigue el equilibrio necesario entre el rechazo y la fascinación que acaba dotando a la prosa de una belleza ambigua, incomprendida e incluso perturbadora con la que desafía los prejuicios, sin incurrir en el vulgar exhibicionismo o la provocación fácil del lector. 

Si bien, la libertad creativa que se concede el autor para recrear en la ficción la biografía de Einar acaba perjudicando notablemente la coherencia del relato a consecuencia de importantes omisiones que explicarían, entre otros aspectos, la excesiva tolerancia demostrada por la mayoría de personajes secundarios –sobre todo masculinos- para la época, pues, en realidad, Lilli Elbe acaba siendo rechazada por los amigos de Einar después de su operación, considerando que ella lo había «asesinado»; o el detrimento de Greta en beneficio de su marido, quien acaba convertida en una mujer frívola e impulsiva cuando, paradójicamente, era precisamente Lilli quien era descrita con esas exactas palabras en su diario. Es más, resulta incomprensible que Ebershoff haya prescindido de detalles tan relevantes para la mejor compresión de su relación como la homosexualidad de Greta, dotando de un nuevo significado a la escena trascendental de la novela, pues percibirse como una petición realizada simplemente al azar. 

A pesar de ello, David Ebershoff realiza un notable debut literario con «La chica danesa» un complejo drama sobre la identidad sexual humana, así como una insólita –e intensa- historia de amor inspirándose en el matrimonio Wegener. En un convulso período de entreguerras, el escritor estadounidense recrea con precisión e inteligencia una época repleta de incertidumbre –y esperanza- a través de la metamorfosis de Einar Wegener en Lilli Elbe. Si bien la excesiva libertad creativa que se concede el autor para recrear en la ficción la biografía de Einar incurre en incoherencias y el detrimento de Greta en beneficio de su marido, «La chica danesa» representa una de esas novelas ambiguas, capaces de provocar en el lector sentimientos opuestos, pero de lectura esencial para comprender la esencia de nuestra auténtico ser. Un relato conmovedor, trasgresor, provocativo, seductor y, ante todo, valiente sobre un hombre y una mujer prisioneros de un mismo cuerpo. 

LO MEJOR: Una novela tan valiente y trasgresora como la historia que inspira al autor. David Ebershoff consigue el equilibrio necesario que requiere la historia para generar sentimientos contrapuestos en el lector que permiten identificarse con la disyuntiva del propio Einar Wegener ante el nacimiento y crecimiento de Lilli Elbe. La sutileza de la prosa dota al relato de una belleza ambigua e incomprendida, sin necesidad de incurrir en el exhibicionismo o la provocación. 

LO PEOR: Los prejuicios todavía presentes en la sociedad. La excesiva libertad creativa que se concede el autor para recrear la biografía de Einar Wegener/Lilli Elbe perjudica la coherencia del relato, así como al personaje de Greta. 

Sobre el autor: David Ebershoff (1969) nació en Pasadena, California, y vive en Nueva York, donde trabaja como editor ejecutivo en Random House y además da clases de escritura en la Universidad de Columbia. Es autor de una colección de relatos, The Rose Story, y de tres novelas: La chica danesa, Pasadena y The 19th Wife, que tuvo una adapatación televisiva. Sus libros han cosechado múltiples premios y alcanzado grandes cifras de ventas, y se han traducido a veinte idiomas. Ebershoff ha aparecido dos veces en la lista anual de la revista Out de los cien personajes más influyentes del colectivo LGTB. La chica danesa (Anagrama, 2001) fue su debut, y está inspirada en la vida de Einar Wegener, el primer hombre que, en 1931, se sometió a una operación para cambiar de sexo. Tras su publicación se alzó con el premio de la Fundación Rosenthal de la American Academy of Arts and Letters y con el Lambda Literary Award.
Sinopsis: «Ainhoa Elizasu fue la segunda víctima del basajaun, aunque entonces la prensa todavía no lo llamaba así. Fue un poco más tarde cuando trascendió que alrededor de los cadáveres aparecían pelos de animal, restos de piel y rastros dudosamente humanos, unidos a una especie de fúnebre ceremonia de purificación. Una fuerza maligna, telúrica y ancestral parecía haber marcado los cuerpos de aquellas casi niñas con la ropa rasgada, el vello púbico rasurado y las manos dispuestas en actitud virginal.» 

En los márgenes del río Baztan, en el valle de Navarra, aparece el cuerpo desnudo de una adolescente en unas circunstancias que lo ponen en relación con un asesinato ocurrido en los alrededores un mes atrás. 

La inspectora de la sección de homicidios de la Policía Foral, Amaia Salazar, será la encargada de dirigir una investigación que la llevará devuelta a Elizondo, una pequeña población de donde es originaria y de la que ha tratado dehuir toda su vida. Enfrentada con las cada vez más complicadas derivaciones del caso y con sus propios fantasmas familiares, la investigación de Amaia es una carrera contrarreloj para dar con un asesino que puede mostrar el rostro más aterrador de una realidad brutal al tiempo que convocar a los seres más inquietantes de las leyendas del Norte. 

Crítica: «El guardián invisible», la segunda novela de Dolores Redondo después de «Los privilegios del ángel» y primer volumen de la «Trilogía del Baztán», se ha convertido en el último éxito literario español con 700.000 ejemplares vendidos, los derechos de publicación adquiridos por 34 editoriales extranjeras y el próximo estreno de la adaptación cinematográfica. 

Cabe decir que la gran repercusión conseguida por la novela reside principalmente en una eficiente campaña de promoción que destaca la singular combinación entre el género noir y la mitología de la zona vascófona de Navarra en un intento por resaltar sobre la novela policíaca nórdica, que ostentan el oligopolio del género con autores ya consolidados como Jussi Alder-Olsen con su triunfante saga del departamento Q, la serie Fjällbacka escrita por Camilla Läckberg o el punto de inflexión establecido por Henning Mankell con el melancólico inspector de policía y amante de la ópera, Kurt Wallander. 

A pesar del sugestivo planteamiento de la novela en base a una serie de asesinatos con detalles que sugieren el carácter ritual de los crímenes, así como su vinculación con las antiguas leyendas de la región, el interés del lector decae rápidamente ante la mediocridad de la prosa, el anquilosamiento de los personajes, la previsibilidad del argumento, entre otros factores. 

Es cierto que la elaborada presentación de los homicidios resulta interesante por ser una violenta alegoría sobre la disyuntiva que representa el progreso en las pequeñas poblaciones ante el detrimento de sus costumbres. Precisamente, la pérdida de la inocencia que implica los cambios en la adolescencia evidencia ese rechazo hacia la modernidad, pues los jóvenes que deberían representar el futuro de los pueblos, acaban por destruirlo al repetir los errores de sus antepasados. 

No obstante, Dolores Redondo desaprovecha los recursos de los que dispone para desarrollar el argumento a consecuencia de una prosa simplista, destacando la cacofonía gramatical en la narración ante el uso de un vocabulario básico en el que recurre de forma constante a metáforas pueriles e innecesarias para la comprensión del texto. De igual modo, comprobamos que el ritmo narrativo es prácticamente inexistente, pues la autora se limita a yuxtaponer las escenas, provocando la confusión del lector ante los constantes cambios de escenario o de personaje sin transición, ni siquiera un mísero espacio en blanco entre los párrafos. 

De igual modo, los diálogos entre los personajes carecen de una interacción real, limitándose la mayoría a extensos soliloquios carentes de emoción que la autora aprovecha principalmente para exponer en bloque toda la información utilizada durante el proceso de documentación de la novela, similar a un corte y pega que tuviera como principal fuente la Wikipedia. 

Por otro lado, los personajes resultan superficiales, carecen de ambigüedad y, por consiguiente, sus acciones resultan previsibles a pesar de los esfuerzos de la escritora por sorprender al lector con constantes giros narrativos que no consiguen aportar tensión al relato. Además, la protagonista, Amaia Salazar, carece del atractivo necesario para convertirse en la heroína moderna e independiente que predomina en el género desde Lisbeth Salander («Los hombres que no amaban a las mujeres») hasta Rachel Watson («La chica del tren») debido a que su personalidad está constituida sobre estereotipos sexistas que corresponden más al género romántico que a la novela policíaca. 

Es cierto que apreciamos una evolución del género en el que los autores emplean sus novelas, por ejemplo, para reflexionar –y denunciar públicamente- los problemas de la sociedad contemporánea. De igual forma, el drama personal de los personajes que se desarrolla de forma paralela a la investigación de los crímenes proporciona mayor realismo al relato. Sin embargo, Dolores Redondo no consigue encontrar ese necesario equilibrio entre las diferentes subtramas, sino que durante la novela tiende a adquirir mayor protagonismo el trasfondo mitológico, la ambientación o los conflictos familiares de Amaia en función del capítulo, relegando el trabajo policial a un inoportuno segundo plano, sobre todo si consideramos el género en el que se encuentra catalogado. 

En definitiva, «El guardián invisible» representa un auténtico crimen en la novela noir que tiene como principal arma homicida una eficiente campaña de promoción, así como el conformismo de la mayoría de los lectores. A pesar de ser su segunda novela, Dolores Redondo incurre en los errores propios de un delincuente sin experiencia que actúa impulsivamente aprovechándose de las circunstancias favorables del género, pero sin conseguir equipararse a sus homólogos nórdicos que se preocupan no solo del éxito comercial de sus libros, sino de dejar una huella tanto en el escenario del crimen como en el lector. Por favor agente, procedan a leerle sus derechos a la detenida. 

LO MEJOR: La singular combinación entre el género noir y la mitología de la zona vascófona de Navarra. 

LO PEOR: El resto (personajes lineales, yuxtaposición de la acción, tono monocorde de la narración, diálogos superfluos, carencia de ritmo y ausencia de tensión psicológica, etc.). Posiblemente acaba leyendo las otras dos novelas que integran la «Trilogía del Baztán», anticipando el éxito de la adaptación cinematográfica. 

Sobre la autora: Dolores Redondo nació en Donostia-San Sebastián en 1969. El guardián invisible, El legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta, que conforman su Trilogía del Baztán, le han granjeado el entusiasmo de editores de numerosos países y hoy son ya 34 los sellos editoriales que publicarán la obra en todo el mundo. Además del respaldo de los lectores, ha sido saludada por la crítica como una de las propuestas más originales y contundentes del noir en nuestro país, y asimismo está previsto el estreno de la versión cinematográfica.
Sinopsis: Publicada en Buenos Aires a causa de la censura, "La colmena" irrumpió en 1951 en la anodina escena literaria española de la época, introduciendo en ella una decidida corriente de crítica y renovación. Como el propio Camilo José Cela afirma en una nota a la primera edición, esta novela «no es otra cosa que un trozo de vida narrado paso a paso, sin reticencias, sin extrañas tragedias, sin caridad, como la vida discurre». Ambientada en Madrid en unos pocos días del mes de diciembre de 1943, la obra refleja la realidad intrahistórica de aquellos días de incertidumbre de la posguerra a través de unos personajes inmersos en una insignificancia que, llevada al extremo de la revelación, se erige en uno de los elementos más poderosos de la novela. 

Crítica: El sonido de las conversaciones en la cafetería de doña Rosa recuerda al zumbido de un inmenso enjambre. La cacofonía monótona, apática de quienes intentan sobrevivir sin hacer demasiado ruido en el Madrid de la posguerra. Al igual que las abejas obreras, la vida de la mayoría de sus habitantes transcurre en una letanía de quehaceres diarios y obligaciones, de explotación laboral, de privaciones, de hambre… De esta forma, la capital se ha convertido en una inmensa colmena en la que conviven –o mejor dicho, subsisten- multitud de personajes que, como los zánganos, son explotados – e incluso sacrificados- en beneficio de una pequeña minoría privilegiada tras su victoria en la guerra civil y su apoyo el nuevo régimen. 

«La colmena» es una novela coral que nos describe la rutina de la sociedad de la posguerra con objeto de denunciar la miseria económica y moral de aquellos primeros años ulteriores al conflicto bélico. 

Camilo José Cela moderniza la novela picaresca para narrarnos de forma omnisciente la vida de un conjunto de personajes que -bien por casualidad o causalidad- acaban entrelazándose en diferentes escenarios de la capital con el propósito de sobrevivir en un contexto determinado por la escasez, la represión, el miedo y la censura. 

A pesar de ser personaje colectivo, el escritor gallego concede una mayor individualidad y, por consiguiente, progresión en el desarrollo narrativo a un pequeño grupo en contraposición al amplio conjunto personajes secundarios presentados brevemente para desaparecer, sin reincorporarse posteriormente al relato como ocurre con otros, por ejemplo doña Rosa, Martín Marco, la señorita Elvira o Don Roberto y su esposa Filo. 

Si bien, el auténtico protagonista de la novela es la ciudad de Madrid, principal escenario de la acción en una novela que prescinde de la estructura narrativa clásica (introducción, nudo y desenlace) para ofrecernos un relato continuo, dinámico acorde con el ritmo de vida de sus habitantes. 

«La colmena» es un conglomerado de anécdotas que evidencian la opresión de los trabajadores, la miseria de los intelectuales, la hipocresía de los burgueses y eclesiásticos, la obsesión sexual de una población hambrienta de carne, de calor humano en una sociedad insolidaria. 

Camilo José Cela tiende a concentrar la atención del lector en las clases más humildes y perjudicadas por el régimen franquista. De igual forma, el escritor gallego también hace mención de la clase media empobrecida después de la guerra civil confrontándola con aquellos afines al código moral y la tradición promovido por la dictadura, enriqueciéndose y gozando de una posición privilegiada en esta nueva sociedad todavía dividida en dos bandos claramente diferenciados. 

Precisamente, la subyugación de la clase obrera es una temática reiterada durante toda la novela, así como la impotencia de los reprimidos ante la insolidaridad demostrada por sus congéneres en un contexto que exalta la individualidad, el bienestar personal frente al colectivo. De hecho, el escritor gallego realiza una especial incisión en las mujeres obligadas a ofrecer su cuerpo como mercancía, el intercambio de fluidos como moneda y las sábanas compartidas de las casas de citas en su lugar habitual de trabajo. 

Camilo José Cela las ennoblece mediante su relato contrastando la necesidad de Victorita, quien acaba prostituyéndose para salvar la vida de su novio tuberculoso, frente a la concupiscencia rebelde de Julita. O la decadencia de la señorita Elvira consciente de la pérdida de su lozanía e inocencia juvenil después de ser maltratada reiteradamente por la vida hasta quedar reducida a un mueble en el café de doña Rosa. O Merceditas, vendida con apenas trece años a un viejo que solo desea jugar con ella. 

A pesar de la perceptible indignación del autor, resulta destacable la objetividad en la presentación y el desarrollo de los personajes, pues no incurre en juicios de valor respecto a sus actos o decisión durante toda la novela. Camilo José Cela dota al lector de un papel activo, permitiéndole obtener sus propias conclusiones, sobre todo ante un final abierto en el que apreciamos uno de los pocos gestos de solidaridad por parte de los personajes que disiente del pesimismo anterior, transmitiendo la necesidad de conservar la esperanza. 

Otro aspecto destacable en el estilo de la novela es la prosa que reproduce con todo detalle el lenguaje urbano, el habla coloquial con la amplia complexidad de acentos y procedencias que conforman las diferentes clases sociales residentes en Madrid, aportando veracidad al relato. De igual modo, el estilo sencillo y directo proporciona dinamismo, un ritmo constante a la narración a pesar de dividirse en sucesivas viñetas en un lenguaje casi cinematográfico. 

Pese a la aparente simplicidad, apreciamos la gran complejidad de la novela, así como la diligencia del autor por el perfeccionismo de su obra más reconocida en los detalles anteriormente mencionados, pero también en la capacidad de Cela para transmitir emociones intensas –e incluso contradictorias- en los breves párrafos que componen su «colmena», similares a las celdas que integran los panales de las abejas. 

Adviértase el lirismo de la prosa cuando los personajes evocan al pasado en un intento del autor por imitar el estilo de la Generación del 98, convirtiendo la nostalgia en un sentimiento predominante, la evocación de un pasado glorioso ante un presente sombrío, mísero y hambriento. 

Con todo, persiste la sensación de que el autor podría haber profundizado en la biografía de determinados personajes, un tratamiento superficial que acaba limitándose a lo anecdótico sin mayor relevancia. 

Empero, «La colmena» es una novela de denuncia social que ofrece una visión sintetizadora del Madrid de la posguerra a través de un amplio conjunto de personajes que describe la miseria, el hambre, la obsesión sexual o la enfermedad a través de un constante deambular sin rumbo por las calles de la capital. Camilo José Cela estableció un punto de inflexión en la narrativa contemporánea española con una novela moderna, experimental que, no obstante, recurría a temática clásicas como el fatalismo, la hipocresía o la insolidaridad del ser humano. Una novela que pretende acabar con la apatía del lector, con el incesante ruido de su entorno que lo adormece, igual que el zumbido de un inmenso enjambre que le impide despertar a la realidad. Pues, igual que las abejas obreras que producen incansablemente la miel, jamás probamos el dulce néctar que se obtiene de nuestro trabajo si no hacemos algo por cambiar la sociedad de «La colmena». 

LO MEJOR: El punto de inflexión que representa la novela en la narrativa española. El tratamiento objetivo de los personajes. El realismo de la prosa de Camilo José Cela. La atemporalidad del relato. 

LO PEOR: La constante presentación de personajes acaba siendo confusa, en especial ante la ausencia de una estructura narrativa clásica. La persistente sensación durante toda la novela de que el autor se limita a un tratamiento superficial de los personajes, reduciendo gran parte del relato a la mera anécdota. 

Sobre el autor: Camilo José Cela Trulock. (Iria Flavia, A Coruña, 11 de mayo de 1916 - Madrid, 17 de enero de 2002). Escritor y académico español, galardonado con el Premio Nobel de Literatura. 

En 1925 su familia se traslada a Madrid. Antes de concluir sus estudios de bachillerato enferma y es internado en un sanatorio de Guadarrama (Madrid) durante 1931 y 1932, donde emplea el reposo obligado en largas sesiones de lectura. 

En 1934 ingresa en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Sin embargo, pronto la abandona para asistir como oyente a la Facultad de Filosofía y Letras, donde el poeta Pedro Salinas da clases de Literatura Contemporánea. Cela le muestra sus primeros poemas, y recibe de él estímulo y consejos. Este encuentro resulta fundamental para el joven Cela, que se decide por su vocación literaria. En la facultad conoce a Alonso Zamora Vicente, a María Zambrano y a Miguel Hernández, y a través de ellos entra en contacto con otros intelectuales del Madrid de esta época. Antes, en plena guerra, termina su primera obra, el libro de poemas Pisando la dudosa luz del día. 

En 1940 comienza a estudiar Derecho, y este mismo año aparecen sus primeras publicaciones. Su primera gran obra, La familia de Pascual Duarte, ve la luz dos años después y a pesar de su éxito sufre problemas con la Iglesia, lo que concluye en la prohibición de la segunda edición de la obra (que acaba siendo publicada en Buenos Aires). Poco después, Cela abandona la carrera de Derecho para dedicarse profesionalmente a la literatura. 

En 1944 comienza a escribir La colmena; posteriormente lleva a cabo dos exposiciones de sus pinturas y aparecen Viaje a La Alcarria y El cancionero de La Alcarria. En 1951 La colmena se publica en Buenos Aires y es de inmediato prohibida en España. 

En 1954 se traslada a la isla de Mallorca, donde vive buena parte de su vida. En 1957 es elegido para ocupar el sillón Q de la Real Academia Española. 

Durante la época de la transición a la democracia desempeña un papel notable en la vida pública española, ocupando por designación real un escaño en el Senado de las primeras Cortes democráticas, y participando así en la revisión del texto constitucional elaborado por el Congreso. 

En los años siguientes sigue publicando con frecuencia. De este período destacan sus novelas Mazurca para dos muertos y Cristo versus Arizona. Ya consagrado como uno de los grandes escritores del siglo, durante las dos últimas décadas de su vida se sucedieron los homenajes, los premios y los más diversos reconocimientos. Entre estos es obligado citar el Príncipe de Asturias de las Letras (1987), el Nobel de Literatura (1989) y el Miguel de Cervantes (1995). En 1996, el día de su octogésimo cumpleaños, el Rey don Juan Carlos I le concede el título de Marqués de Iria Flavia.
Sinopsis: Publicada inicialmente en 1942, La familia de pascual Duarte marca un hito decisivo en la literatura española y es, después del Quijote, el libro español más traducido a otras lenguas. Pascual Duarte, campesino extremeño hijo de un alcohólico, nos cuenta su vida mientras espera su propia ejecución en la celda de los condenados a muerte. Víctima de una inexorable fatalidad, Pascual Duarte es un ser primitivo y elemental dominado por la violencia, única respuesta que conoce a la traición y al engaño. Pero esa siniestra apariencia no es más que la máscara que oculta su incapacidad para luchar con la maldad de los demás y la desvalida impotencia que alberga en el fondo de su alma. Camilo José Cela conduce toda la historia con extraordinaria destreza narrativa y absoluto domino del lenguaje. Lenguaje desgarrado y directo en el que no faltan los alardes léxicos relativos a situaciones y objetos tradicionalmente aleatorios, que Cela hace entrar por la puerta grande en el acervo del español escrito. Sombrío aguafuerte de la España rural, La familia de Pascual Duarte ha ganado con los años fuerza y dramatismo y su protagonista, que no ha perdido el encanto primigenio, es ya un arquetipo de alcance universal. 

Crítica: «Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlos. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando nos vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte. Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas. Aquéllos que gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen con la cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el ceño como las alimañas al defenderse». 

En 1942, Camilo José Cela escandalizó a la sociedad española de la posguerra con el relato biográfico de un campesino extremeño para describirnos otra perspectiva de la condición humana en un contexto de marginación, incultura y angustia existencial. 

«La familia de Pascual Duarte» es la fundadora del género conocido como tremendismo en el que convergen estilos clásicos del realismo español con los nuevos movimientos literarios surgidos durante la posguerra española como el realismo sucio. 

La novela de Camilo José Cela es una crítica social que reflexiona sobre el fatalismo, la muerte y la violencia a través del relato en primera persona de Pascual Duarte, quien nos introduce en una sociedad convulsa e inestable ante las bruscas transformaciones socio-políticas acontecidas durante aquella época. 

A pesar del tiempo acontecido desde la publicación de su primera edición, «La familia de Pascual Duarte» sigue resultando una novela de notable actualidad, pues describe la impotencia del individuo ante el rechazo social, negándole cualquier oportunidad de ser una buena persona. 

Precisamente, el personaje de Pascual Duarte representa una disyuntiva para el lector. El protagonista es un héroe trágico que rechaza la violencia predominante en el entorno familiar desde su infancia, repleta de constantes abusos y humillaciones. Sin embargo, acaba convirtiéndose en un criminal pese a sus reiterados esfuerzos, pues la fatalidad tiende a cebarse sobre él, negándole cualquier posibilidad de cambio y, por consiguiente, de ser feliz. Es decir, Pascual Duarte carece de libre albedrío ante la imposición del destino. De ahí que siempre regresa derrotado al hogar, donde aguarda el origen de todas las desgracias, su madre. 

Resulta interesante analizar la disoluta relación paterno-filial entre Pascal y su progenitora a quien ni siquiera conocemos su nombre, sino que la describe como una presencia omnipresente, principal responsable de su infelicidad igual que con el resto de mujeres de su vida. La indiferencia de la madre, el abandono de la hermana Rosario que escapa del hogar familiar o la infidelidad de Lola, su primera esposa. Por esta razón, Pascual se obsesiona con el asesinato de su madre, considerándolo el mayor acto de expiación de sus pecados mediante la destrucción de la simiente corrompida. 

Si bien, observamos que todos los miembros de la familia son víctimas de la violencia y ante la imposibilidad de defenderse, optan por ejercerla para poder sobrevivir en un entorno hostil repleto de carencias. Obsérvese que la innegable bondad demostrada por Rosario no impide que acabe ejerciendo la prostitución, siendo explotada y maltratada por el Estirado poco después de escapar del hogar familiar; o Lola que acaba casándose por Pascual no por amor, sino por su honor quebrantado tras la violación en el cementerio. 

El ambiente sórdido y truculento de la novela provoca que la lectura de «La familia de Pascual Duarte» resulte incómoda. Si bien, Camilo José Cela contrapone escenas perturbadoras con otras emotivas que dan esperanza al lector ante los breves episodios de felicidad dejándole creer en la posibilidad de remisión pese a conocer el final de antemano. 

El realismo del relato es otro de los aspectos más destacables de la novela, facilitando la empatía con el protagonista y su historia conforme adquirimos consciencia de su impotencia ante la traición, la persistente sensación de desamparado y la incomprensión de la sociedad ante sus actos, precisamente siendo ésta quien lo abandono desde el principio. 

Desde las primeras páginas, el escritor gallego consigue introducirnos en el ambiente rural mediante el uso de una prosa llana que reproduce el habla extremeña, demostrando su habilidad para el lenguaje. El tono coloquial de la novela que dota de espontaneidad al relato es incrementado mediante el constante uso de frases que componen el refranero español cuando el protagonista es incapaz de expresarse con las palabras adecuadas, consciente de su propia ignorancia. Además, el autor prescinde de las retrospecciones interiores que caracterizan a los textos narrados en primera persona, decantándose por un lenguaje conciso y directo que proporciona dinamismo a la narración. Si bien, apreciamos múltiples elipsis durante la lectura son no consecuencia de la omisión, sino de una alusión indirecta del autor a la censura que predominaba en aquella. Obsérvese que en los primeros capítulos, el transcriptor advierte que ha sido necesario prescindir de determinados fragmentos para no perturbar la sensibilidad del lector. 

De igual forma, las alusiones del personaje coinciden con escenas violentas, dolorosas en el recuerdo; es decir, el protagonista es incapaz de mantener la continuidad del relato ante las emociones que lo embargan. Un detalle significativo considerando que la vida de Pascual siempre se ha caracterizado por la represión de sus sentimientos ante la necesidad de demostrar su virilidad, pues cualquier muestra de emoción es interpretada por los demás como una debilidad, consintiendo el abuso. 

Por otro lado, la inclusión de otros documentos como las nota del transcriptor, la cláusula del testamente del Sr. Barrera o las cartas del capellán y del guardia civil presentes durante la muerte de Pascual Duarte incrementan la percepción de lector de encontrarse ante un texto verídico que convirtió la bibliografía de Camilo José Cela en el refugio de los desamparados en la ficción. 

En definitiva, «La familia de Pascual Duarte» es una novela tremendista que reflexiona sobre la condición humana en un ambiente rural sórdido y decadente, repleto de violencia, incultura y marginación social que acaba degenerando la esencia del ser humano hasta convertirlo en un animal de instintos. A pesar de su brevedad, Camilo José Cela denunció la realidad de la sociedad española de la posguerra que posteriormente retomaría en otra de sus grandes obras - «La colmena»- proporcionando una segunda oportunidad a los marginados negada en la realidad, pues recordando las palabras de Pascual Duarte: «Yo, señor, no soy malo, aunque me faltarían motivos para serlo». 

LO MEJOR: A pesar del tiempo acontecido desde su publicación, continúa siendo una novela de actualidad por el carácter atemporal de su historia. La prosa de Camilo José Cela y su habilidad para el lenguaje. La disyuntiva que representa el personaje de Pascual Duarte ante el lector, cuya percepción del protagonista 

LO PEOR: Es una lectura incómoda por el predominio de escenas violentas, el ambiente sórdido de la novela y el rechazo inicial hacia los personajes, en especial a Pascual Duarte que tendemos a prejuzgar como un criminal sin escrúpulos y merecedor de su condena. Los lectores actuales, sobre todo jóvenes, continúan mostrándose reticentes ante los grandes clásicos de la literatura española frente al predominio y el éxito de la prosa anglosajona actual. 

Sobre el autor: Camilo José Cela Trulock. (Iria Flavia, A Coruña, 11 de mayo de 1916 - Madrid, 17 de enero de 2002). Escritor y académico español, galardonado con el Premio Nobel de Literatura. 

En 1925 su familia se traslada a Madrid. Antes de concluir sus estudios de bachillerato enferma y es internado en un sanatorio de Guadarrama (Madrid) durante 1931 y 1932, donde emplea el reposo obligado en largas sesiones de lectura. 

En 1934 ingresa en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Sin embargo, pronto la abandona para asistir como oyente a la Facultad de Filosofía y Letras, donde el poeta Pedro Salinas da clases de Literatura Contemporánea. Cela le muestra sus primeros poemas, y recibe de él estímulo y consejos. Este encuentro resulta fundamental para el joven Cela, que se decide por su vocación literaria. En la facultad conoce a Alonso Zamora Vicente, a María Zambrano y a Miguel Hernández, y a través de ellos entra en contacto con otros intelectuales del Madrid de esta época. Antes, en plena guerra, termina su primera obra, el libro de poemas Pisando la dudosa luz del día

En 1940 comienza a estudiar Derecho, y este mismo año aparecen sus primeras publicaciones. Su primera gran obra, La familia de Pascual Duarte, ve la luz dos años después y a pesar de su éxito sufre problemas con la Iglesia, lo que concluye en la prohibición de la segunda edición de la obra (que acaba siendo publicada en Buenos Aires). Poco después, Cela abandona la carrera de Derecho para dedicarse profesionalmente a la literatura. 

En 1944 comienza a escribir La colmena; posteriormente lleva a cabo dos exposiciones de sus pinturas y aparecen Viaje a La Alcarria y El cancionero de La Alcarria. En 1951 La colmena se publica en Buenos Aires y es de inmediato prohibida en España. 

En 1954 se traslada a la isla de Mallorca, donde vive buena parte de su vida. En 1957 es elegido para ocupar el sillón Q de la Real Academia Española. 

Durante la época de la transición a la democracia desempeña un papel notable en la vida pública española, ocupando por designación real un escaño en el Senado de las primeras Cortes democráticas, y participando así en la revisión del texto constitucional elaborado por el Congreso. 

En los años siguientes sigue publicando con frecuencia. De este período destacan sus novelas Mazurca para dos muertos y Cristo versus Arizona. Ya consagrado como uno de los grandes escritores del siglo, durante las dos últimas décadas de su vida se sucedieron los homenajes, los premios y los más diversos reconocimientos. Entre estos es obligado citar el Príncipe de Asturias de las Letras (1987), el Nobel de Literatura (1989) y el Miguel de Cervantes (1995). En 1996, el día de su octogésimo cumpleaños, el Rey don Juan Carlos I le concede el título de Marqués de Iria Flavia.
Sinopsis: Rosemary Woodhouse y su marido, Guy, un actor poco reconocido que lucha por abrirse paso en su carrera, se mudan a un edificio de apartamentos neoyorquino, el Bramford, signado por una fama ominosa y habitado por ancianos. Roman y Minnie Castavet, vecinos de los Woodhouse, acuden a darles la bienvenida e intentan, por todos los medios, establecer relación con ellos. Rosemary se muestra renuente a frecuentarlos, no sólo porque los considera extraños sino también por los misteriosos ruidos procedentes de su apartamento. Guy, sin embargo, parece sentirse encantado con los Castavet. Poco después de que su marido haya conseguido un importante papel en Broadway, Rosemary queda embarazada, y los Castavet empiezan a mostrarse especialmente interesados por su salud. Mientras se siente cada vez más enferma y aislada, Rosemary comienza a sospechar que los Castavet y sus amistades no son lo que parecen… 

Crítica: El primer embarazo representa una sucesión de cambios trascendentales en la vida de ambos progenitores, que se desarrollan de forma simultánea al crecimiento del embrión. Si bien, pronto la felicidad inicial de los cónyuges acaba siendo remplazada por la preocupación ante las posibles –y múltiples- dificultades que pudieran presentarse durante la concepción del feto. Un sentimiento de inquietud acrecentado ante la propia ignorancia, de impotencia ante la incapacidad para protegerlo de cualquier peligro. De esta forma, el miedo acaba convirtiéndose en la emoción predominante durante los nueve meses previos al alumbramiento de la inocente criatura. 

«La semilla del diablo» es un perturbador thriller psicológico inspirando en el resurgimiento de las sectas satánicas entre la élite estadounidense en el que Ira Levin combina los miedos de la sociedad moderna con ancestrales temores presentes en los relatos góticos como la brujería. 

A partir de una base sencilla, el autor consigue desarrollar con pocos elementos una novela claustrofóbica caracterizada por un opresiva atmósfera ambientando la mayoría de la acción en la casa Bramford, una construcción de estilo neogótico que nos recuerda por su arquitectura y triste celebridad al edificio Dakota. Pese a las advertencias de los amigos, una pareja de recién casados, Guy y Rosemary Woodhouse, acaban mudándose con la ilusión de convertirlo en un nuevo hogar en el que formar una familia. La mayoría de los vecinos son ancianos de afable apariencia y costumbres excéntricas propias de la avanzada edad que enseguida acogen al joven matrimonio bajo su protección, en especial después de que Rosemary haya conseguido finalmente quedarse embarazada. Sin embargo, pronto todo parece indicar que es víctima de una oscura conspiración que tiene como objetivo arrebatarle a su hijo. A pesar de su certeza, nadie parece creer las figuraciones de la joven abduciendo la ansiedad propia de las madres primerizas, incluso Guy empieza a cuestionar la estabilidad psicológica de su esposa. Con todo, Rosemary está dispuesta a luchar contra el mismo demonio si fuera necesario para salvar la vida de sus bebé… 

Ira Levin narra con sobriedad e inteligencia una historia repleta de traiciones y avaricia introduciendo progresivamente las fuerzas sobrenaturales en la rutina de Guy y Rosemary, alterando la relación del matrimonio hasta convertirlos en dos completos extraños. Resulta interesante observar los sutiles cambios que se producen entre ambos cónyuges cuando la ambición de Guy demuestra ser mayor que el amor hacia su esposa, convirtiéndola en un mero instrumento con el que conseguir sus propósitos. De este modo, el autor describe la egolatría y el materialismo de la sociedad moderna, un individualismo que ha fomentado la pérdida de valores morales esenciales como la empatía y que explicaría el resurgimiento de movimientos basados exclusivamente en la obtención del propio placer contraponiéndola con la abnegada actitud de Rosemary hacia su hijo. 

El autor realiza una interesante contraposición entre la actitud de ambos cónyuges en la que la inicial pasividad de la joven ante la dependencia económica y emocional hacia su esposo es progresivamente sustituida por la ferviente necesidad de proteger a su hijo. El marido siempre ausente en el hogar la obliga a actuar, a enfrentarse a sus miedos sabiéndose completamente sola. De hecho, el progresivo aislamiento de Rosemary conforme avanzan las etapas de su embarazo con el objetivo de distanciarla de su familia y amistades podría interpretarse como una sutil alegoría del maltrato doméstico que empieza con la actitud distante del marido, el posterior menosprecio y, finalmente, la agresión verbal y física. 

Precisamente, «La semilla del diablo» se caracteriza por la sutileza del terror empleado por Ira Levin. El escritor estadounidense no precisa de escenas violentas para provocar el miedo en el lector. Obsérvese que la escena de la violencia es descrita mediante el ambivalente recuerdo de una horrible pesadilla sin necesidad de incurrir en detalles incómodos, sino alternando la vigilia y el sueño para incrementar la confusión en la escena. 

Es más, igual que la soledad de la protagonista contribuye a incrementar su obsesión ante la progresiva tortura psicológica que representa su estado, el lector es incapaz de discernir la veracidad de los acontecimientos descritos ante el progresivo empeoramiento anímico de Rosemary. La realidad acaba resultando ambigua ante la fantasía de la joven y el escritor estadounidense aprovecha esta circunstancia para mantener el suspense hasta la conclusión de la novela con un desesperanzador final que nos recuerda a otros títulos como «El exorcista» (William Peter Blatty) o «La maldición de Hill House» (Shirley Jackson).

Con todo, la traducción del título – y la posterior adaptación cinematográfica dirigida por Polanski- anticipa el desenlace de la historia, condicionando la lectura pese a los esfuerzos del autor por conservar el equívoco. 

A pesar de ello, «La semilla del diablo» es una perturbadora y opresiva novela de terror psicológico inspirada en los clásicos relatos góticos sobre fuerzas sobrenaturales que convierte la moderna ciudad de Nueva York en el escenario de una antigua conspiración. La inteligente prosa de Ira Levin consigue mantener la ambigüedad del relato prácticamente hasta el desenlace de la novela, resultando imposible discernir entre la realidad y la desesperada fantasía de Rosemary para explicar el mal que germina en su interior. Un auténtico clásico contemporáneo sobre la avaricia humana que nos obliga a desconfiar de nuestros congéneres, así como los secretos que pudieran ocultarse tras la puerta vecina. 

LO MEJOR: La casa de Bramford y su omnisciente presencia durante toda la novela, así como sus afables y considerados vecinos. La evolución de la relación entre Rosemary y Guy conforme advertimos la personalidad egocéntrica del marido. La tortura psicológica que representa el embarazo de la protagonista, impidiéndole discernir entre la realidad y la obsesiva fantasía de su mente para explicar las extrañas circunstancias de su estado. La desoladora conclusión de la novela. 

LO PEOR: La traducción del título –y la adaptación cinematográfica de la novela- anticipan el desenlace. La sutileza del terror puede resultar tediosa ante la tendencia actual del gore literario y el torture porn. 

Sobre el autor: Aclamado novelista y autor dramático, Ira Levin (1929-2007) nació en Nueva York y entre sus libros se cuentan Las mujeres perfectas, Acosada (llevados al cine con, respectivamente, Nicole Kidman y Sharon Stone como protagonistas), Bésame antes de morir, Los niños de Brasil (con Gregory Peck y Laurence Olivier en su versión cinematográfica),  El hijo de Rosemary, entre otros. Su producción teatral incluye Trampa mortal, éxito en Broadway y ganadora de un premio Tony. Asimismo, obtuvo dos premios Edgar, otorgados por la Mistery Writers of America, y el Bram Stoker por la totalidad de su carrera concedido por la Horror Writers Association
Sinopsis: Eilis Lacey es una chica de familia humilde que, como tantos otros, no encuentra trabajo en el pequeño pueblo del sudeste de Irlanda en el que vive. Por ello, cuando se le ofrece un puesto en Norteamérica no duda en aceptarlo. 

Poco a poco, Eilis se abre paso en el Brooklyn de los años cincuenta y, a despecho de la nostalgia y los rigores del exilio, encuentra incluso un primer amor y la promesa de una nueva vida. 

Inesperadamente, sin embargo, trágicas noticias de Irlanda le obligan a regresa y enfrentarse a todo aquello de lo que ha huido. 

Crítica: A principios del siglo XIX, la «Gran Hambruna irlandesa» - o también conocida como «Irish Potato Famine» («Hambruna Irlandesa de la Patata»)- provocó el mayor desplazamiento de su población hacia países como Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Uruguay, Argentina, México y Australia. La ineficiente política económica basada en la propiedad británica de la tierra agrícola irlandesa que obligaba a los campesinos a subsistir con productos de la huerta familiar, principalmente la patata, mientras cultivaban y exportaban el trigo al Reino Unido. Este sistema terrateniente acrecentó las consecuencias de la plaga ocasionada por el tizón tardío –o roya o mildiú de la patata-, ante la pérdida del sustento básico de las familias más humildes y la imposibilidad de acceder a los campos de cereales para consumo propio. La escasez de alimentos obligó a expatriarse a prácticamente un cuarto de su población, convirtiéndose en uno de los fenómenos migratorios europeos de mayor trascendencia debido a su magnitud, siendo su principal destino los Estados Unidos de América. Desde entonces, el constante desplazamiento de emigrantes provenientes de Irlanda ha tenido otras causas, pero siempre manteniendo como principal destino de su viaje la posibilidad de un futuro mejor en la tierra de las oportunidades. 

«Brooklyn» es una novela sobre la inmigración irlandesa en la década de los 50 que narra el drama personal de aquellos expatriados a través de las experiencias de Eilis Lacey, una humilde joven obligada, igual que la mayoría de sus congéneres, a abandonarlo todo para embarcarse rumbo a Estados Unidos ante la falta de oportunidades en su país natal. 

Colm Tóibín nos describe el difícil proceso de adaptación, la constante soledad o la nostalgia por el hogar con una prosa sencilla, quizás demasiado para referirse a la complejidad de los sentimientos confrontados ante la crisis de identidad de Eilis conforme se establece en Brooklyn, renunciando al tradicionalismo de la sociedad irlandesa descrito durante los primeros capítulos. 

Sin embargo, el escritor irlandés  demuestra ser incapaz de encauzar una novela que acaba incurriendo en una sucesión de convencionalismos románticos, convirtiéndola en un drama tedioso por la previsibilidad del argumento. De igual forma, tampoco contribuye que la mayoría de personajes secundarios se caractericen por una personalidad lineal, incluyendo la propia Eilis que manifiesta durante toda la novela un carácter sumiso y, con frecuencia, demasiado voluble a la influencia que ejercen los demás sobre su persona. 

A pesar de que la creación y la preservación de la identidad personal sea una de las temáticas recurrentes en la bibliografía de Tóibín, no percibimos ese desarrollo en la protagonista, sino todo lo contrario. Eilis carece de un atractivo real para el lector igual que el resto de personajes que intervienen durante la narración ante su estatismo, percepción incrementada ante la redundancia de la mayoría de escenas basadas en una cómoda rutina de actos cotidianos sin verdadera trascendencia en los acontecimientos posteriores.

Paradójicamente, el autor menciona aspectos trascendentales de cambio en la sociedad contemporánea –no solo irlandesa- como la liberalización de la mujer o los derechos civiles de la población afroamericana  de forma anecdótica. 

Colm Tóibín se obceca en la represión de los sentimientos, en el silencio del orgullo que acaba desencadenando el drama final sin conseguir emocionar realmente al lector ante el exceso de descripciones superficiales frente los conceptos abstractos (familia, exilio, encrucijada de emociones) planteados al inicio de la novela. 

«Brooklyn» es novela concebida desde la experiencia de sus congéneres para describirnos el drama de la migración con objeto de comprender la crisis de identidad de los exiliados irlandeses ante los rápidos cambios de la sociedad contemporánea que implicaba, entre otros aspectos, la equiparación de derechos civiles o la liberalización de la mujer, ambos inconcebibles en la tradicional Irlanda. Sin embargo, Colm Tóibín opta por una prosa sencilla e impersonal anacrónica para el desarrollo de conceptos abstractos como la identidad, siendo incapaz de transmitir el conflicto que representa sentir extranjero dentro y fuera de tu propio país. Además, la constante inclusión de tópicos durante la narración, la ausencia de ambigüedad en sus personajes- tanto principales como secundarios- o la previsibilidad del argumento –incluyendo el drama final-, convierten a «Brooklyn» en una novela para la que solo adquiriremos billete de ida. 

LO MEJOR: El drama de los inmigrantes irlandeses y la encrucijada de emociones al sentirse extranjeros en su propios país. La descripción de la sociedad durante la década de los 50 cuando empezaron a sucederse cambios tan importantes como la equiparación de derechos civiles o la liberalización de la mujer, tanto profesional como personalmente. 

LO PEOR: El resto. 

Sobre el autor: Colm Tóibín (Enniscorthy, 1955) es uno de los mejores escritores irlandeses de nuestro tiempo. De su obra cabe destacar las novelas The Master (2004) y El testamento de María (Lumen, 2014), que se ha convertido en una obra de teatro. Brooklyn, su obra de ficción más conocida, fue publicada por Lumen en 2010 y ahora vuelve a las librerías acompañando la película del mismo título, dirigida por John Crowley. Nora Webster es su novela más reciente. Tóibín Es también un excelente crítico literario, como demuestran las piezas recogidas en el volumen Nuevas maneras de matar a tu madre (Lumen, 2013).