Sinopsis: Tras sobrevivir a la devastadora pandemia que ha asolado el mundo y con la esperanza de ahondar en el misterio del Necrosum, el pequeño grupo de supervivientes de Carranque llega finalmente a la Alhambra de Granada, donde el aparato militar ha instalado uno de los últimos bastiones de resistencia de la Humanidad. Sin embargo, una vez allí descubrirán que las cosas no son cómo les habían prometido y los protagonistas deberán afrontar una realidad aún peor que todo lo que habían conocido hasta entonces.


El autor se sirve de los muertos vivientes para describir situaciones de extrema dureza y dramatismo, explorando la complejidad del ser humano cuando se encuentra cara a cara con el terror en un mundo manifiestamente hostil, y lanzando al lector, en definitiva, a una montaña rusa de sensaciones que desemboca en la conclusión final.
Reseña: En 2009 llegó a nuestras librerías Los Caminantes, precedido por el éxito de otros títulos de literatura zombie como «Guerra Mundial Z» (Max Brooks) o «Apocalipsis Z» (Manuel Loureiro). Superando las reticencias iniciales, que consideraban que el mercado literario comenzaba a encontrarse sobresaturado con títulos de esta temática, al igual que había ocurrido con sagas anteriores como «Crepúsculo» o «Harry Potter», el libro se convirtió, para sorpresa de muchos (incluido el propio autor) en un éxito de ventas entre un público que devoraba sus hojas con la misma ansiedad que los muertos vivientes la carne de sus víctimas.


Desde entonces han transcurrido tres años y, en ese tiempo, el fenómeno de «Los caminantes» se ha extendido con la misma virulencia que la enfermedad en sus páginas, contagiando a la población española (y anglosajona) con las aventuras de los supervivientes de Carranque y, por supuesto, con la constante amenaza del padre Isidro, quien bien podía equipararse a los personajes de Hannibal Lecter («El silencio de los corderos», Tomas Harris) o Jack Torrance («El resplandor», Stephen King). Ahora, con la publicación de «Los caminantes. Hades Nebula», Carlos Sisí pone el punto final a la trilogía.

Si estábamos acostumbrados a que la acción se desarrollase en distintos puntos de la provincia de Málaga, el autor apuesta por un cambio de escenario y traslada a nuestros protagonistas a Granada, en concreto, a  la Alhambra. Allí, descubrimos que la magnífica fortaleza, antaño vestigio de un pasado glorioso, se ha convertido en testigo silencioso de la progresiva decadencia de la especia humana en su inútil intento por sobrevivir antes su inminente extinción. Si bien, la batalla vuelve a desarrollarse en un doble frente. Por un lado, los muertos vivientes; por el otro, el hombre.

En «Los caminantes. Necrópolis», el escritor malagueño nos ofrecía un leve esbozo, apenas un vistazo de una realidad más cruel, oscura y violenta. Obviando cualquier eufemismo que pudiese suavizar su lectura, Sisi apuesta por una narración caracterizada por un lenguaje descarnado, que describe con asombrosa fidelidad escenas que recrean algunos de los capítulos más oscuros de nuestra historia reciente. Olvídense de la utopía de Carranque, pues los supervivientes han sido desterrados del Edén para vagar por el Infierno, posiblemente para siempre.

En este apartado cabe señalar la asombrosa semejanza que se establece entre Carlos y uno de sus escritores predilectos: Stephen King. Las similitudes entre ambos, especialmente en el segundo tercio de «Los caminantes. Hades Nebula», son tan abundantes, dado los continuos homenajes a algunas de sus obras como «El fugitivo» o «Cell» (en “Necrópolis” reconoció haberse inspirado en «Cujo» para la creación de unos de sus personajes más peludos y algunas de las escenas más encantadoras de la trilogía), que el lector debe realizar un auténtico esfuerzo para evitar comprobar constantemente la portada y no sorprenderse al encontrarse el nombre de Sisí.

Sirviéndose de esta semejanzade estilos, el autor malagueño consigue mostrarnos la violencia como algo cotidiano y el miedo como una constante en un mundo que ya ha perdido la esperanza, bien podría señalarse el ejemplo de Isabel, cuyos sentimientos de culpabilidad e impotencia tras la agresión sufrida en La casa del miedo.

No obstante, cabe señalar algunos aspectos negativos que tienden a desmejorar su evaluación global. En «Los caminantes» mencioné como pasado y presente confluían en un confuso vórtice que dificultaba su lectura, pues el relato principal era constantemente interrumpido y su desarrollo en diferentes planos narrativos, separados tanto en el tiempo como en el espacio, no complementaban la historia. Por fortuna, en «Los caminantes. Necrópolis» Sisí aprendía de sus errores y nos sorprendía con un considerable salto cualitativo a través de tres sub-tramas, desarrolladas de forma paralela y que encajaban a la perfección. Con todo, aunque volvían a hacerse menciones al pasado de sus personajes, éstas eran menores y servían para rellenar algunas lagunas del relato. Por ello, sorprende que haya vuelto a incurrir en estos deslices más propios de un escritor novel que en un autor consagrado, pues las sub-tramas en este libro tienden a caracterizarse por su cantidad más que por su calidad.

Terminado «Los caminantes. Hades Nebula», sorprender comprobar que, efectivamente, todo haya concluido, cuando todavía quedan muchos interrogantes sin resolver o historias que contar, como la odisea de Víctor por el continente africano. De igual modo, personajes con los que el lector había experimentado una gran empatía en las dos entregas anteriores, pierden protagonismo y quedan relegados a un plano secundario, siendo el mejor exponente José Aranda o la asombrosa capacidad de Alba.

Concluyendo con un leve sabor agridulce, Carlos Sisí dice adiós a la saga que lo dio a conocer ofreciendo a sus lectores una historia que reúne todos los ingredientes de sus predecesoras y caracterizada por un ritmo trepidante, giros narrativos inesperados y, por supuesto, muchos zombies.

LO MEJOR: El cambio de escenario. El autor firma una novela tan oscura y violenta como su predecesora. La descripción de un contexto donde la violencia es algo cotidiano y el miedo una constante.

LO PEOR: La excesiva cantidad de subtramas. Algunos personajes quedan relegados a un plano secundario, a pesar de su trascendencia en las dos entregas anteriores. La estructura narrativa presenta algunas de las carencias del primer libro. El tercer volumen no se encuentra al nivel de la secuela. Un final agridulce.

Sobre el autor: Carlos Sisí (Madrid, 1971) vive en un soleado apartamento de Calahonda con su mujer y sus dos hijas. En ese ambiente luminoso y tranquilo concibió, noche tras noche, una Málaga diezmada por el terror de los muertos vivientes. No en vano lleva años alimentando su imaginación con todo tipo de material de terror, desde novelas a películas pasando por videojuegos.



Otros libros del autor:



Sinopsis: El campamento de Carranque vive momentos dulces. Tras haber sobrevivido el ataque del Padre Isidro y sus enloquecedoras huestes de caminantes, los supervivientes se entregan a ensoñaciones y esperanzas de futuro propiciadas por los descubrimientos del doctor Rodríguez. Juan Aranda, su líder, decide utilizar su nueva condición para explorar la ciudad en busca de otras personas que continúen todavía con vida. Sin embargo, han pasado ya tres meses desde que se iniciara la pandemia zombi que asoló el planeta y sobrevivir es cada día más duro. Su periplo personal, no exento de vicisitudes, le aleja de Carranque, donde mientras tanto inciden nefastos designios que amenazan con convertirlo en una ciudad de muertos: una necrópolis.




Reseña: Pese a los trágicos acontecimientos sucedidos, entre los supervivientes del campamento de Carranque hay esperanza, gracias a un hombre: Juan Aranda. Sin embargo, consciente de su propia fragilidad tras el último ataque zombi encabezado por el padre Isidro, decide embarcarse en solitario en un viaje por las calles infectadas de una ciudad convertida en una Necrópolis. Durante el camino descubrirá que los muertos no son la única (ni peor) amenaza que pone en peligro la supervivencia del ser humano. Otras personas, incapaces de apreciar la vida o temer a la muerte,  que desconocen el significado de la compasión o el remordimiento, aparecerán en su camino y en el de sus compañeros para volver a demostrar que no hay mayor peligro para el hombre que el propio hombre.

Con esta premisa parte Los caminantes: Necrópolis, la esperada secuela del escritor malagueño Carlos Sisi, cuya primera novela ha publicado recientemente su décimo segunda edición y extendido la pandemia malagueña hasta Estados Unidos.

Desde un principio, la novela consigue absorber al lector, volviéndonos a sumergir en una Málaga inimaginable, incluso en nuestras peores pesadillas. Un escenario apocalíptico en el que los zombis vagan sin rumbo o propósito (salvo descuartizar a los pocos supervivientes que sobrevivieron a los primeros días de la pandemia). Nuevamente, la narración en tercera persona nos permite observar el desarrollo de los acontecimientos a través de los diferentes personajes, escenarios y momentos, con un ritmo trepidante que no deja respiro al lector.

Al contrario que en su obra novela, cuya primera mitad se caracterizaba por una narración caótica e incoherente, Carlos Sisi es un escritor que, en poco tiempo, ha aprendido de sus errores, rectificándolos y aplicando un estilo propio y personal, con la notable influencia de obras tan conocidas como Soy Leyenda (Richard Matheson); La carretera (Cormac McCarthy); Víctimas, Los ojos de la Oscuridad o Fantasmas (Dean Koontz); Guerra mundial Z (Marks Brooks); entre otros.

En esta secuela no solo la historia adquiere una mayor complejidad, sino también sus personajes. Independientemente de la mayor o menor afinidad que se pueda experimentar con Juan Aranda, Moses, Isabel, Dozer, Susana, e incluso, el padre Isidro; el lector observará como los acontecimientos del primer libro han influido en ellos, obligándolos a evolucionar como supervivientes y, lo más importante, como personas para afrontar los difíciles tiempos que les queda por vivir y los peligros que deberán superar, juntos o por separado. Desgraciadamente, tendremos que despedirnos de algunos de ellos, aunque su lugar será ocupado por otros que desarrollarán un papel crucial en el cierre de la trilogía.

Otro de los grandes aciertos es el alejamiento de los tópicos propios de este género para centrarse en la complejidad psicológica del ser humano. Aquí no solo resulta novedoso el escenario, sino también el enfoque elegido, porque no se trata de una guerra contra un solo enemigo o una lucha por la supervivencia, sino una interesante crítica social que pretende hacer reflexionar al lector sobre el rumbo que está tomando la sociedad y sus consecuencias, tanto a corto como largo plazo (apreciase el comentario del Escuadrón de la Muerte cuando observan que todos los tópicos del cine sobre los zombis se han cumplido, excepto el detalle que no comen cerebros; la reflexión de Gabriel sobre la fragilidad del hombre y lo efímero de su obra; o el propio Rezza).

Terriblemente adictiva, horriblemente realista y espeluznante, no apta para cardíacos… Necrópolis es un libro de muertos que está muy “vivo”. Siente su aliento su aliento en tu cuello y estremécete, pero no apartes tu vista de sus hojas, porque lo más probable es que grites de horror ante lo que ven tus ojos puedan ver.


LO MEJOR: La madure narrativa del autor respecto al primer volumen de la novela. El equilibrio entre las diferentes historias que integran este segundo volumen. Los zombies acaban convertidos en un elemento secundario para priorizar la crítica social. El final abierto.


LO PEOR: El principio es demasiado similar a la primera novela. La introducción de un elemento más propio del género fantástico que de terror.






Sobre el autor: “Es una papeleta. Si hay algo que a Carlos no se le bien, es hablar de sí mismo. Su humildad se lo impide. Así que su mujer me ha pedido que le saque del apuro escribiendo unas breves líneas. No parece difícil porque la realidad es que Carlos es un hombre sencillo, casero y disfrutón de la vida. Empezó a escribir cuando tenía doce años, motivado por los libros de Stephen King. Algo había en esos libros que le llevaron a producir ingentes cantidades de cuentos cortos con los que nos torturaba prácticamente a todas horas. Con el tiempo, la tortura fue a menos, porque Carlos mejoraba con cada producción, y he de confesar que con el tiempo se acabó convirtiendo en algo incluso buscado. Cada historia era como pequeños viajes mentales.


 Pero de alguna forma, Carlos fue seducido por el lado oscuro de la informática y acabó desarrollando aplicaciones de gestión y programas multimedia para revistas del sector. Enamorado de los videojuegos desde la época del Spectrum, Carlos supo combinar su talento como narrador y la programación para fundar una pequeña empresa de venta de software por correo que dio en llamar Wazertown Works. Esas aventuras fueron bastante populares, y creo recordar que incluso tuvo un par de ofertas para trabajar en alguna compañía española de desarrollo de software.

Bastantes años más tarde, Carlos retomaba su vieja pasión. El viejo sueño de ser escritor y vivir en una cabaña de madera junto a un lago. Su casa no es de madera, sino de ladrillo, y no vive al lado de un lago, sino de un río. Con poco caudal, pero río. Pero eso sí, escribir escribe y lo hace francamente bien. Su saga de Los Caminantes ha redefinido el género, y sus fans se cuentan por miles. Ha conseguido vender libros en una cantidad nada desdeñable para los tiempos de crisis que nos ha tocado vivir, con la sola promoción del boca a boca.

Carlos está casado con una mujer maravillosa y tiene dos niñas pequeñas (inteligentísimas) que llenan su casa de princesas rosas. Carlos dice (y lo dice muy serio) que escribe novelas de terror para compensar. Por mí que no quede. Una vez que se engancha uno a su estilo particular, ya no se puede parar.”
Antonio F. Martín
Amigo Personal

Otros libros del autor:



Sinopsis: Entre Soy leyenda y El club de la lucha, este thriller te mantendrá en tensión hasta el final.En sus casi treinta años de servicio en la CIA, el agente Dew Phillips jamás había visto algo parecido. Se están produciendo casos aislados de violencia extrema sin motivo aparente. Ciudadanos corrientes se convierten en brutales asesinos y atacan a sus amigos, familiares, incluso a sus propios hijos. Los síntomas incluyen paranoia, esquizofrenia y comportamientos agresivos. Para la epidemióloga Margaret Montoya, este caso supone el mayor desafío de su carrera. Ambos se verán inmersos en una carrera a contrarreloj para acabar con tan extraña epidemia antes de que los medios destapen la noticia y el pánico cunda por todo el país.

 Para Perry Dawsey todo empieza con fuertes picores y unos extraños bultos azules de forma triangular que aparecen bajo su piel. En realidad se trata de parásitos microscópicos que intentan controlar a su huésped manipulando sus niveles hormonales e inundando su cuerpo con neurotransmisores, lo que provoca un aumento de la agresividad. Perry también experimenta los mismos síntomas que el resto de la gente, salvo por un matiz: él ya es un psicópata violento. Pero ahora deberá hacer uso de todo su autocontrol para mantener a raya su agresividad y deshacerse de los triángulos antes de que sea demasiado tarde.



Reseña: Si bien el género de la ciencia-ficción es, con frecuencia, víctima de los prejuicios y estereotipos con los que siempre acaba asociándose, la mayoría de sus libros poseen una doble lectura, una crítica feroz contra muchas de las bases sobre las que se fundamenta y mantiene la sociedad, abogando a la reflexión, e incluso al cambio. No obstante, como en todo, también tenemos esa pequeña minoría de novelas que no tienen otro objetivo salvo entretener e “Infected” pertenece a esta segunda categoría.

Scott Sigler se inspira en libros como “Las Ruinas” (Scott Smith), “El cazador de sueños” (Stephen King) e “Invasión”(Robin Cook) o películas como “La invasión de los ultracuerpos”(Philip Kaufman, 1978) y “Alien” (Ridley Scott, 1979), para narrarnos-con muchas pretensiones y poco acierto- la clásica historia de un intento frustrado de colonización por parte de una raza alienígena.

Un argumento que cumple con todos los tópicos propios del género, sin reportar ninguna novedad destacable, salvo dos elementos: la peculiar apariencia de los extraterrestres-dado que la mentalidad de colmena o el uso del cuero humano como recipiente ya fue desarrollado en las obras anteriormente citadas- y el personaje Perry Dawsey, quien Sigler consigue dotar de una compleja psique que refleja el lado primitivo de la naturaleza humana, basada en la supervivencia del individuo a cualquier precio. De ahí, la vorágine de violencia y sangre hacia la autodestrucción que protagoniza, un auténtico despliegue de gore literario no apto para cualquier lector.

Otro aspecto que perjudica a la novela es el excesivo patriotismo de sus páginas, propio de escritores estadounidenses como Dominique Lapierre y Larry Collins (“¿Arde Nueva York?”). El vertiginoso ritmo narrativo, muy propio de las grandes producciones de Hollywood, en los que la espectacularidad y exceso de su forma sirve para ocultar un fondo paupérrimo. O el incomprensible cambio de persona narrativa, en el que lector se transforma  de espectador pasivo a interactuar directamente con los personajes, quienes inician un diálogo directo, un recurso poco empleado aunque bastante conocido gracias a “Funny Games” (Michael Haneke,1997), que demostró la capacidad creativa de su director y que, al igual que en la película, manifiesta que un curioso estilo personal que deberá procurar desarrollar en próximas obras, pero guardando una coherencia con el resto de argumento.

Cualquier infección puede curarse, siempre que sea tratada a tiempo, y Scott Sigler tiene el talento y la incentiva necesaria para aprender de sus errores y rectificar en una más que posible segunda parte, solo debe aprender a distanciarse del estilo de otros autores-y sus obras-para conseguir que un libro de lectura pasable se convierta en el desencadenante de un auténtico fenómeno literario, como el presente, solo debe encontrar la causa de la enfermedad y erradicarla. Recemos para que el próximo diagnóstico sea más positivo.

LO MEJOR: El personaje de Perry Dawsey. El peculiar aspecto de los alienígenas. Las escenas de mutilación.

LO PEOR: La escasa original del argumento. El exceso de patriotismo en la prosa que tiende a mostrar a los estadounidenses como los únicos capaces de salvarnos de la invasión extraterrestre. Los incomprensibles cambios de persona narrativa.


Sobre el autor: Scott Sigler nació y se crió en Michigan. Heredó de su padre el amor por las películas clásicas de terror y de su madre, profesora de escuela, el interés por la lectura. Escribió su primera historia de monstruos, Tentáculos, a los ocho años. Se graduó en Periodismo y Publicidad y fue recolector de fruta, reportero de deportes, responsable de marketing para una empresa de software y vendedor de guitarras, antes de crear su propia web y autopublicar sus libros en formato podcast (audio).

Sigler reinventó el concepto de edición al convertir Earthcore en la primera novela publicada únicamente en podcast. Ofrecida en 20 episodios semanales, Earthcore, que ha conseguido 10.000 suscriptores, recupera la tradición de los seriales radiofónicos. Los fans de Sigler, conocidos como «junkies», han hecho cerca de siete millones de descargas de sus historias y son los responsables de que su novela Ancestor, publicada en papel por una pequeña editorial independiente y lanzada al mercado sin campaña de marketing ni cobertura de los medios, se convirtiera en número uno en la lista de más vendidos de Amazon.com




Publicada en La Web del Terror
Sinopsis: Una tarde de agosto de 1984, tres niños de 12 años se adentran como cada día en el bosque que linda con la urbanización de las afueras de Dublín en la que viven. Sólo uno de ellos volverá, con los zapatos empapados de sangre y sin el menor recuerdo de lo que sucedió. Hay en el bosque un castillo en ruinas y una piedra celta que, veinte años después, un equipo de arqueólogos investiga a toda prisa porque van a construir una autopista que va a arrasar la zona. Cuando una mañana de finales de verano los arqueólogos descubren el cuerpo de una niña de doce años sobre la vieja piedra celta, todo el mundo recuerda aquellas desapariciones de veinte años atrás que nunca se llegaron a aclarar. Y más que nadie el detective de la policía de Dublín Rob Ryan encargado del caso pues-casualidades literarias- se trata de aquel niño superviviente que veinte años atrás no logró recordar nada de lo que sucedió.




Reseña:

“Lo que quiero dejar claro antes de empezar mi historia son estas dos cosas: anhelo la verdad. Y miento.” Esta es la carta de presentación utilizada por Rob Ryan, detective de homicidios, para relatarnos las semanas que precedieron al asesinato de una niña en el mismo lugar donde desaparecieron sus dos mejores amigos cuando él era un niño. Si bien puede resultar paradójico, en realidad Tana French no nos narra la historia de un crimen ni siquiera de la investigación policial que la precede, sino la búsqueda de la verdad. En función de nuestras decisiones y posteriores actos, estaremos más cerca de conocerla o, por el contrario, nos alejaremos de ella. E incluso existirán situaciones en las que debe ocultarse y ser sustituida por la mentira, al resultar demasiado dolorosa (o peligrosa) darla a conocer.


Para reafirmarse en esta posición, Tana French apuesta por la ambigüedad de sus personajes, teniendo el lector serias dificultades para catalogarlos como héroes o villanos, víctimas o verdugos a medida que la historia avanza y conocemos detalles de su pasado.


En este sentido, merece destacarse el inteligente uso que realiza de las metáforas, especialmente, la excavación arqueológica. Este escenario sirve para aludir la imperiosa necesidad de algunos de sus personajes por deshacerse del pasado, de destruirlo y volver a enterrarlo una vez descubierto, porque representa un obstáculo en su presente. Las ruinas son los restos de lo que fueron y prefieren olvidar, aquello que fue escondido a ojos ajenos, sepultados bajo la vergüenza y el temor a ser descubiertos, y que ahora resurgen para atormentarlos.

A pesar de tratarse una novela negra, Tana French apuesta por una prosa serena, que nos permite tanto recrearnos en la belleza de las imágenes detalladas como profundizar en algunos de los conflictos morales y personales planteados en sus páginas.

De igual modo, la narración en primera persona, si bien supone una limitación al disponer exclusivamente de una versión de los acontecimientos (justificando algunos de los interrogantes sin resolver al finalizar su lectura), facilitan un diálogo directo entre personaje y lector, reforzando la empatía y personalización del relato.

Si la saga de libros Millenium sirvió para demostrarnos que las novelas del género negro no se limitaba exclusivamente al territorio anglosajón, Tana French consigue con El silencio del bosque, no solo darse a conocer como una de las autoras de mayor potencial y talento, sino ofrecernos un libro capaz de estremecer al lector por el realismo y cercanía de su historia. De forma simultánea, supone una invitación a la reflexión sobre la sociedad que estamos conformando, más egoísta e indiferente hacia el sufrimiento ajeno.


VALORACIÓN: 8

LO MEJOR: La simbología del escenario del crimen y la riqueza de los detalles. La ambigüedad de los personajes.  La capacidad de la autora para mantener la intriga hasta el final.


LO PEOR: Cierta desigualdades en el ritmo. Las limitaciones de la narración en primera persona. El uso de algunos tópicos del género policíaco.



Sobre la autora: Tana French (Vermont, EE UU, 1973) creció en Irlanda, Italia, EE.UU. y Malawi, y ha vivido en Dublín desde 1990. Se formó como actriz profesional en el Trinity College de Dublín y ha trabajado en teatro, cine y grabaciones de voz. Actualmente es miembro de la PurpleHeart Theatre Company.


Publicada en Cine y Bso
Sinopsis: En la noche más fría del siglo XIX, nace en Edimburgo, Jack, el frágil hijo de una prostituta. El bebé nace con un corazón débil y para salvarlo le colocan un reloj de madera al que habrá de dar cuerda toda su vida. La prótesis funciona y Jack sobrevive, pero debe respetar una regla: evitar todo tipo de emoción que pueda alterar su corazón. Nada de enfados, y sobre todo, nada de enamorarse. Pero Jack conoce a una pequeña cantante de ojos grandes, Miss Acacia, una joven andaluza que pondrá a prueba el corazón de nuestro tierno héroe. Por el amor que siente hacia la joven, Jack se lanzará a una aventura quijotesca que le llevará desde Edimburgo a París, a las calles de Granada, haciéndole conocer las dulzuras y durezas del amor.




Reseña: Mathias Malzieu es considerado por muchos como el Tim Buton de la literatura francesa, especialmente tras la publicación de sus tres últimas obras: «La mecánica del corazón», «La alargada sombra del amor» y «La metamorfosis del cielo». Esta trilogía, de inspiración gótica, versa sobre el amor en sus múltiples variantes y sus repercusiones en la vida de las personas que lo experimentan. En consecuencia, la sencillez e inocencia de sus argumentos ocultan, en realidad, historias de gran complejidad y una lectura que, obligatoriamente, debe realizarse en varios niveles si queremos alcanzar la plenitud del mensaje que esconden sus páginas.


«La mecánica del corazón», narra la historia de Jack que nace conociendo el rechazo de una madre sin rostro ni nombre, provocándole una profunda herida en su pequeño y débil corazón que, desde ese momento, lo hará depender de un curioso mecanismo de relojería que sustituye a su órgano dañado, una inteligente metáfora del autor que recuerda al lector la fugacidad y fragilidad de la vida, siempre presente ante la imposibilidad de detener el tiempo, pues representaría el fin de la vida misma; así como la necesidad de aprovecharlo y no lamentarnos por el perdido-.

Debido esta condición, Jack conoce desde muy pronto la crueldad que las personas pueden infligir a sus semejantes, únicamente por ser diferentes al resto. Si bien, en muchas ocasiones, se trata de un arma de doble filo empleada tanto para atacar como para defenderse. Mathias Malzieu lo utiliza para tratar un tema de actualidad: el bullying o acoso escolar, cuyo protagonista sufrirá en silencio por la vergüenza que implica ser víctima y el temor a la incomprensión de los adultos, que han olvidado la maldad que solo un niño es capaz de infligir en otro. De este modo, el autor, a través de los inocentes ojos de Jack, reflexiona sobre la doble condición de la naturaleza humana, cuyos pensamientos y actos se encuentran fuertemente condicionados por una sociedad basada en las apariencias y la intolerancia hacia lo distinto.

En este apartado, merece destacarse las semejanzas que existen entre Jack y otro querido personaje de la cultura gótica: «Eduardo Manostijeras» (Tim Burton, 1990). Ambos nacieron siendo diferentes y, aun siendo conscientes de esta condición, luchan por encajar en una sociedad que les hace al vacío y los contempla con miedo y curiosidad a partes iguales.


A pesar de estas circunstancias, no debemos olvidarnos de la temática central de la novela: el amor. No obstante, no hace referencia a cualquiera tipo de amor, sino al primero, aquel que todos nosotros experimentamos en nuestra juventud, responsable de la mayor aventura de nuestras vidas, así como responsable de muchas alegrías, pero también de muchas penas. Un sentimiento tan fuerte y puro que nubla la razón, mayor que cualquier otra emoción que hubiésemos experimentado antes, capaz de sobrevivir al tiempo y al olvido, así como de supera cualquier adversidad y vencer todos los obstáculos que se le presentan a fin de esta con la persona amada; con todo, también implica engaño, traición, indiferencia y, en muchos casos, dolor. Ese es el amor descrito con gran precisión por Mathias Malzieu en sus diferentes etapas hasta desembocar en un final con sabor agridulce, pues no todos los cuentos terminan con un final feliz para sus protagonistas.


En lo que respecta la técnica narrativa del autor cabe señalar que la prosa empleada, caracterizada por su oscura belleza y equiparable a la utilizada por otros escritores como Dean Koontz o Alejandro Castroguer en sus libros, resulta en determinados fragmentos excesiva, e incluso necesaria. En consecuencia, el ritmo se ralentiza y la lectura se vuelve tediosa. En el mismo sentido, la inocencia de sus personajes roza la ingenuidad, pecando de infantilismo, afectando al desarrollo del argumento y la evolución que experimentan en el mismo. Es decir, si bien se trata de un cuento, el autor olvida que el público al que se orienta es preferiblemente adulto y, por tanto, la narración debe ser acorde a fin de no provocar su aburrimiento y su rechazo.


En la línea de «El niño con el pijama de rayas» (John Boyne), «El enigma y el espejo» (Jostein Gaader) o «Las cinco personas que te esperan en el cielo» (Match Albom), y rindiendo un personal tributo a la cultura gótica, así como su grupo de música, Dyonisios,  Mathias Malzieu nos ofrece un atípico cuento que, sin embargo, cuenta una historia conocida por todos y con las que nos sentiremos identificados, pues… ¿quién no ha sufrido la mecánica del corazón?

VALORACIÓN: 8,5

LO MEJOR: El tributo al primer amor. La magnífica metáfora sobre la fragilidad de la vida. La belleza gótica de la prosa.

LO PEOR: El infantilismo de sus personajes en determinadas situaciones. La traducción en español.



 Sobre el autor: Mathias Malzieu (Montpellier, 1974) es autor de 38 mini westerns (Pimientos, 2003) y Maintenent qu´il fair tout le temps nuit sur toi (Flammarion, 2005 ) con las que obtuvo éxito y reconocimiento crítico.
Aparte de escritor, también es el cantante de uno de los grupos de pop más importantes de Francia, Dionysos. Con el proyecto de La Mecánica del Corazón, libro y sexto álbum de la banda, Malzieu ha seducido al gran público.

Sinopsis: Un piloto de línea aérea deja tras de sí un rastro de muerte y sangre: asesinatos, mutilaciones… Bangkok, Buenos Aires, San José, Nueva York… Las ciudades de medio mundo son el macabro escenario de las perversiones de un trastornado.


Un parapsicólogo aficionado graba unas inquietantes psicofonías que son la primera pista para resolver un misterio que no debería ser desvelado: una leyenda celta olvidada, un pozo sagrado, una familia maldita…


Ambas historias, separadas por más de tres décadas, parecen no tener conexión alguna. Sin embargo colisionarán impulsadas por una fuerza maligna y arrolladora que no debería haber sido liberada…


 


Reseña: Tras debutar con Los lobos del centeno, con gran acogida de público y crítica, Francisco Narla vuelve a sorprendernos con su segunda novela, Caja negra.



Caja negra es una novela compuesta por diversas historias, en apariencia, inconexas, separadas tanto en el tiempo como el espacio en el que transcurren y que, sin embargo, lentamente se entrelazan hasta converger en una única trama hasta un final conjunto completamente inesperado.



De este modo, través de los diferentes planos narrativos, Francisco Narla concede un nuevo significado al conocido Efecto Mariposa ("el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo" (proverbio chino) o "el aleteo de las alas de una mariposa pueden provocar un Tsunami al otro lado del mundo" así como también "El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo"), sobre la influencia de las pequeñas cosas en el devenir de los acontecimientos, es decir, la repercusión de las decisiones o acciones de un simple individuo sobre su entorno y el resto de personas.


Sin embargo, el autor también alude al miedo, emoción básica e imprescindible para garantizar nuestra supervivencia. Y, al mismo tiempo, responsable de algunos de nuestros actos más despreciables y condenables, adoptando numerosos rostros y nombres a lo largo de la historia, aunque con un denominador común: su capacidad de hacernos retroceder hasta un estado casi animal, anulando la razón y reduciendo nuestra existencia a una serie de instintos básicos.

Si bien, allí donde existe la enfermedad, existirá la cura y, en este caso, es el amor. En consecuencia, nos encontramos nuevamente ante la eterna lucha entre el bien y el mal, siendo las personas, una vez más, las piezas claves que harán que la balanza se incline a favor de uno u otro jugador.


Francisco Narla, consciente de su importancia, crea una serie de personajes que representan las dos caras de este conflicto y con los que el lector podrá sentirse identificado, decantándose a favor de uno u otro según su grado de empatía.


Por un lado, Thomas, hombre de cuidada apariencia y modales intachables, amplia cultura, gusto exquisito y una irremediable inclinación hacia el lujo y lo exclusivo. Con todo, ningún libro debe ser juzgado exclusivamente por su portada y pronto descubrimos una máscara de engaños y mentiras que encierran un oscuro y peligroso secreto. Si bien el autor tiende a equipararlo con famoso espía británico al servicio de su majestad, yo me inclino más hacia el célebre asesino Hannibal Lecter, dada sus similitudes, no solo en lo que respecta a la personalidad de ambos personajes, sino también a la reacción que producen en el lector, pues, en lugar de producir repulsión o condena por sus crímenes, resultan increíblemente atractivos a ojos del público y sus historias son leídas con la misma ansiedad y pasión con las que ellos comenten sus crímenes.

Por otro, tenemos a Sidorio. Sidorio no es el héroe de nuestra historia, ni siquiera es un héroe, solo un hombre. Si tuviéramos que describirlo, la imagen que mejor se ajusta a su persona es la del clásico funcionario, gris y anodino, que realiza su trabajo sin ilusión ni queja, y sin ninguna cualidad apreciable o que merezca ser destacada. No obstante, aún consciente de sus propias limitaciones y mediocridad, Sidorio no renuncia a sus sueños y es capaz de arriesgarlo todo por aquello en lo que cree, pese al escepticismo y o la burla que puedan crear sus investigaciones, convirtiéndolo en un hombre valiente y una persona admirable.


 Asimismo, merece ser destacado el elenco de personajes secundarios que intervienen en la historia, enriqueciéndola, y que incluye prostitutas resignadas, que esconden tras sus escasas ropas y abundante maquillaje lágrimas por los sueños rotos, las esperanzas desaparecidas e historias trágicas; pero también la lealtad y el coraje para resistir un nuevo día (o una nueva noche), protegiéndose entre ellas y enfrentándose a la vida que, en algunos cosas han elegido y en otros se lo han impuesto. Detectives que, a pesar de trabajar durante muchos años viendo el peor rostro de la humanidad, todavía son capaces de creer en sentimientos que parecen tan olvidados en este mundo egoísta y violento como la bondad o el amor. Noctámbulos, abandonados al vicio y la corrupción de sus almas; mujeres de carácter fuerte y apasionado, avanzadas a su época, pero limitadas a la tradición y la apariencia. Entre otros muchos.

Todas estas historias tienen lugar en escenarios tan diversos y distantes como las paradisíacas playas de Sudamérica; la deslumbrante Asia, con su conversión de dos mundos; o la Galicia de leyendas y cuentos de brujas. Descritas con gran precisión, Francisco Narla consigue la traslación del lector a estos escenarios, haciendo que las imágenes, sonidos, incluso olores, adquieran forma gracias a una prosa ágil, sugerente y cautivadora.

Finalmente, puestos a describir el estilo del autor, bien podría ser equiparado a Dean Koontz, por su maestría en la descripciones, la riqueza de sus personajes o la capacidad de atemorizar al lector con situaciones y personajes cotidianos que, en apariencia, no representa ningún peligro. Al igual que Julio Cortazar, también a la pareja Douglas Preston-Lincon Child, por el ritmo narrativo que proporciona a sus historias, o la inclusión de explicaciones científicas y datos técnicas que permiten que, fenómenos en apariencia inexplicables, adquieran una dimensión comprensible para el lector. Thomas Harris, por lo atractiva de sus personajes o la elección de sus escenarios. E incluso David Setter por su correcta distribución narrativa, su alusión a nuestros temores más primarios o lo imprevisible de sus finales.

En conclusión, Caja Negra es una novela que consolida a Francisco Narla como uno de los escritores con mayor potencial dentro del género de terror en nuestro país, gracias a una historia absorbente que nos devolverá el miedo a volar y nos recordará la importancia de escuchar.

LO MEJOR: Una nueva visión de El efecto mariposa. Los personajes, sobre todo, el binomio Thomas y Sidorio. La descripción de los diferentes escenarios. El polifacético estilo del autor en una misma novela.

LO PEOR: El primer tercio de la novela resulta confuso por la confluencia de dos historias tan antagónicas hasta que empieza a establecerse las conexiones entre ambas. Cierta previsibilidad en el final.

Sobre el autor: Francisco Narla nació en el interior de Galicia a finales de la década de los 70. A los bosques, la granja y el trabajo en el campo de su infancia se unió su pasión por los libros de aventuras y sus héroes para conducirle a una vida errática y en busca de la magia de aquellos personajes de novela. Su inquietud lo llevó a vivir en Santiago de Compostela, Madrid, Los Ángeles y Barcelona entre otras ciudades, mientras trabajaba en muy diversos oficios. Entre tumbo y tumbo, trabajo y trabajo, siguió sus estudios universitarios, matemáticas, ingeniería, administración de empresas, y la vocación que persiguió desde niño, piloto de transporte de línea aérea, profesión a la que se dedica en la actualidad. A lo largo de su vida ha dedicado gran parte de su tiempo a la poesía, el ensayo y el relato corto, participando en varios certámenes literarios. En el año 2008 publicaba su primera novela, Los lobos del centeno, y dos años más tarde, Caja negra. En la actualidad está promocionando su última obra, Assur.