Crítica El club de la lucha (Chuck Palahniuk)

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Para Javier Durán (Rumbo a la distopía)
Sinopsis: Todos los fines de semana, en sótanos y aparcamientos a lo largo y ancho del país, jóvenes oficinistas se quitan los zapatos y las camisas y pelean entre sí hasta la extenuación. Los lunes regresan a sus despachos, con los ojos amoratados, algún diente de menos y un sentimiento embriagador de omnipotencia. Estas reuniones clandestinas son parte del plan con el que Tyler Durden, aspira a vengarse de una sociedad enferma por el consumismo exacerbado.



Reseña:
La primera regla del Club de la lucha es  nadie habla sobre el Club de la Lucha.
La segunda regla del Club de la lucha es nadie habla sobre el Club de la lucha.
La tercera regla es la pelea termina cuando uno de los contendientes grita "alto", pierde la vertical o hace una señal.
La cuarta regla, solo dos personas por pelea.
La quinta regla, solo una pelea a la vez.
La sexta regla, sin camisa y sin zapatos.
La séptima regla, cada pelea dura lo que tiene que durar.
La octava y última regla, si esta es tu primera noche en El Club de la lucha, entonces tienes que pelear.

Todos las conocemos, y es posible que algunos las hayamos utilizado, porque El Club de la lucha no trata de buscar pelea con un desconocido o de golpear a tu contrincante has dejarlo inconsciente sobre el suelo de algún sótano inmundo utilizado para peleas clandestinas, tampoco de disfrutar con el dolor ni extasiarse con la visión de la sangre en tus manos. No os equivoquéis, El Club de la Lucha es mucho más.

Chuck Palahniuk concibió esta peculiar historia cuando en Estados Unidos triunfaban los libros “de reuniones”: grupos de amigas que se congregaban para contarse sus secretos y problemas, transmitiendo un mensaje optimista a sus lectoras (porque la gran mayoría eran escritas por y para mujeres) sobre la amistad, la familia o la búsqueda de la felicidad. Observando los títulos que proliferaban en las librerías como podrían hacerlo las setas con las condiciones adecuadas, se percató de que los hombres eran los grandes olvidados dentro de este género. Ellos también tenían inquietudes y necesitaban una manera de liberarse de sus frustraciones. Entonces, ¿por qué nadie les dedicaba un libro?  Y en ese momento, algo empezó a concebirse en la mente de Chuck Palahniuk.
El argumento sería muy similar, un grupo de hombres que no se conocen entre ellos se reúnen siempre el mismo día y en el mismo lugar para escapar de la rutina en la que se han convertido sus vidas, aunque con una sutil diferencia. Al contrario que las mujeres, ellos no resolvían sus problemas expresando sus sentimientos, sino con los puños y rigiéndose siempre por ocho sencillas reglas. Nada más. Y así se creó El Club de la Lucha.
Sin embargo, como señalamos al inicio de esta reseña, el argumento es mucho más complejo de lo que aparenta debido, principalmente, al personaje de Tyler Durden. Este enigmático hombre aparece (literalmente) en la vida de nuestro narrador para romper (también literalmente) todos los esquemas por los que se había estado rigiendo su ordenada vida. Al igual que el profeta de una nueva religión, Tyler le ofrece una serie de lecciones muy valiosas que le obligan a replantearse muchas de sus convicciones anteriores a su llegada:
La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta y estamos, muy, muy cabreados.”


La conformidad ante una existencia vacía, basada en las posesiones materiales y la ausencia de un propósito que justifique existencia del individuo provocan la ira de Tyler, que opta por el caos para combatir el orden impuesto por el sistema. La anarquía se convierte en la única solución viable en un mundo gobernado en exceso por la razón. “Únicamente cuando se pierde todo somos libres para actuar”, porque la única forma de mejorar es, precisamente, empeorando a ojos de los demás. Por eso admira a Marla, la femme fatale de esta historia y responsable del peligroso trío amoroso con sus dos protagonistas masculinos.
Ella representa todo lo que Tyler espera conseguir para los demás. El espíritu que desea ser liberado de un cuerpo mortal, auto mutilándose  o mediante fallidos intentos de suicidio para observar después orgullosa las cicatrices que ella misma se ha provocado, como si se tratasen de medallas que le ha arrebatado a la vida.
“Tienes que saber, no temer, saber que algún día vas a morir, y hasta que no entiendas eso, eres inútil”


Es posible que muchos lectores sientan repulsión ante estos marginados sociales, pero es precisamente la intención del autor. Demostrarnos que las personas incapacitadas para encajar dentro de las exigencias sociales son, en realidad, la base que permite sustentarla y sin ellos toda se desmoronaría con asombrosa facilidad:
“Perseguís a la gente de quien dependéis, preparamos vuestras comidas, recogemos vuestras basuras, conectamos vuestras llamadas, conducimos vuestras ambulancias y os protegemos mientras dormís… Así que no te metas con nosotros”

Sin embargo, la propia historia pierde solidez cuando Tyler decide convertir El Club de la Lucha en una especie de milicia. De hecho, entra en contradicción con la filosofía que lo inspiró, y todavía peor resulta la teología barata de la que sus miembros hacer alarde a partir de ese momento. ¿Copos de nieve? ¿Cazar alces en pleno centro de Rockefeller Center? ¿Cuándo la novela se convierte en un libro de auto-ayuda o un homenaje a la película La familia Crusoe?
Quizás sea consecuencia del estilo minimalista del autor, que aboga por emplear una prosa demasiado simple, casi inexistente. Chuck Palahniuk siempre ha rechazado cualquier adorno innecesario y opta por una narración directo, en la que el valor de cada palabra resida precisamente en lo qué está contando y no cómo lo cuenta. Es decir, el lenguaje posee fuerza suficiente para impactar en el lector sin necesidad de recurrir a las clásicas figuras literarias. De este modo, consigue una gran visualidad en apenas unas líneas.
Con todo, el desequilibrio en la estructura narrativa empobrece el relato. La rápida degradación de los personajes y la vorágine de violencia se precipitan, algunos aspectos exigían una mayor exhaustividad narrativa en lugar de proporcionar las pistas claves que desvelan un aspecto fundamental para comprender la trama principal. “Lo sé porque lo sabe Tyler” oSi te despertaras a otra hora en otro lugar.... ¿te despertarías siendo otra persona?

En conclusión, El club de la lucha nos ofrece una visión descarada de la vida, cargada de humor negro y en la que un conjunto de marginados deciden abandonar las sombras para golpear (siempre literalmente) las bases de una sociedad hipócrita, egoísta y materialista. Es posible que algunos cataloguen esta novela de sucia, vulgar y violenta, pero nadie puede negar su repercusión fuera del cuadrilátero de sus hojas. Nuestra vida es nuestra gran depresión, dijo Tyler Durden antes de dejarnos KO. Bienvenido a El club de la lucha.

VALORACIÓN: 7
LO MEJOR: Tyler Durden. La filosofía de El Club de la Lucha.
LO PEOR: El último tercio de la novela.

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Sobre el autor: Charles Michael “Chuck” Palahniuk, se licenció en Periodismo en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Oregón. Se inició en radio y prensa al tiempo en que trabajaba como mecánico de camiones, y participaba en obras sociales. Su primera novela, El club de la lucha, tuvo un relativo éxito y fue llevada al cine, y ya las siguientes comenzaron a ocupar puestos importantes en las listas de éxitos de The New York Times.
Escritor de los llamados “de culto”, se caracteriza por su narrativa minimalista, con protagonistas marginados, y repletas de humor negro e ironía.






4 comentarios:

  1. Interesante entrada, muy elaborada y analizando minuciosamente la novela. Sin embargo, me permito realizar algunos apuntes al respecto:

    La parte de que la historia pierde fuelle con la milicia... yo lo veo justo al revés: Durden lo que plantea es que la idea del Club no es más que una excusa para coger gente enrabietada, algo así como la primera parte de su plan para destruir la sociedad desde abajo. De ahí que se piense que, para tener gente moliendo maíz en Times Square, antes tiene que echar abajo todas las preconcepciones sociales y acabar demoliendo la cultura (véase que al principio de la novela se está a punto de hacer saltar por los aires una biblioteca). Solo así, piensa Tyler, se acaba accediendo a la verdadera libertad. Y para ello necesita un ejército de gente libre.

    Lo del estilo: efectivamente, Palahniuk es minimalista, basado en la fuerza. Yo no me atrevería a hablar de un empobrecimiento del relato, sino la llegada hacia un clímax. Palahniuk es muy conocido por sus giros argumentales, a veces algo inverosímiles, que lo que hacen es darte una hostia en la boca y decirte que tus prejuicios y convenciones no sirven para nada. Este clímax, como apuntas, viene marcado por esas "pistas" que se dejan al lector y que diría que son necesarias para evitar el efecto "Deus Ex Machina".

    Yo me permitiría añadir, además, otro rasgo importante de la prosa de Palahniuk, que es el concepto "Mántrico" de su narración. Tiene mucha costumbre de añadir frases que va repitiendo constantemente a lo largo de sus obras, con la idea de ir machacando sobre una imaginería o una filosofía preconcebida (véase en Asfixia, con el mantra "Qué no haría Jesucristo?", o bien en Snuff, con el de "Créetelo"). Esta repetición funciona, en gran parte, como el estribillo de una canción, y va marcando el ritmo de las novelas. En El Club de la Lucha, tenemos varios, recitados incluso por los propios personajes ("Se llamaba Robert Paulson!").

    Y por último, la pregunta? Realmente admira el protagonista a Marla Singer? A mí no me dio esa impresión en ningún momento, sino más bien la de una relación odio hacia sí mismo: Marla no es muy distinta a él, otro "muñeco roto" de la sociedad; la diferencia, quizás, es que ella no lo oculta ni intenta evadirse creando mundos ilusorios, sino que se aprovecha de ello en la medida que puede. Y quizás es ese provecho (véase lo de robar comida de una anciana, "Soy pobre y necesito comer") y esa autoindulgencia la que el protagonista desprecia, ya que él está buscando una salida...

    Y es todo! Sigue así! :)

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    1. En primer lugar, señalar que es un placer contar con la aportación del fundador y administrador de "Rumbo a la distopía", posiblemente el blog menos leído de la red según su propia descripción. ;) Muchas gracias por tu magnífica aportación, pues para una novata en los libros de Chuck Palahniuk sirve para clarar algunos aspectos de su estilo que no supe captar o valorar como se merecía. es más, resulta interesante tener la visión entre una iniciada de este peculiar seguidor y un auténtico seguidor del mismo. Nuevamente, muchas gracias y ya sabemos que la próxima reseña de Chuck Palahniuk también habremos de dedicártela. ;)

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  2. Primero, en cuanto a estilo y cómo está narrado el libro, Palahniuk perfeccionaría aún mucho su forma de escribir, se nota en sus siguientes títulos, que son mucho más solidos en ese sentido. Luego, en cuanto al último tercio del libro, creo que no hay que tomarlo de una forma tan literal, no se trata de que quiera homenajear a la familia Crusoe. Es evidente que Tyler Durden tiene una idea romántica sobre la anarquía, sobre reventar lo que hay en pos de inciar algo nuevo, y en eso creo que se basa el tercer tercio de la novela, y de la peícula. De hecho en la película se muestra muy bien ese momento en el que Durden deja ir ese discurso al narrador antes de dejarlo solo, y lo dice todo casi más proyectando una fantasía, que en serio. Además es obvio que el plan de Durden no se rige por cohertencia ferrea alguna, más bien evoluciona a trompicones, y todo el asunto de los copos de nieve no es más que la certeza que él tiene de que para cambiar la cosas una generación va a tener que olvidarse de sí misma, que sacrificarse por las siguientes, y de algún modo guarda una crítica también a la soberbia humana evidentemente imperante. En mi opinón no es el mejor libro de Palahniuk por el excesivo minimalismo, pero tematicamente es brillante, salvaje, crítico y demoledor, y de hecho una referencia inamovible para los que ahora tenemos 30 años y descubrimos la peli y el libro con 17.

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    1. Buenas tardes Jordim,

      En primer lugar quisiera decirte la alegría de volver a encontrar un comentario tuyo en mi blog, se te extrañaba después de tanto tiempo en silencio. ;)

      Respecto a la novela, creo que el problema radica precisamente en el minilamismo bien señado en tu argumento. Palahniuk desarrolla conceptos en un espacio muy breve y no me refiero a capítulos, sino párrafos demasiado distanciados entre si para que posean alguna coherencia.

      De todos modos, este pensamiento disperso es un rasgo característico de Tyler Durden, aunque aquellos lectores poco acostumbrados al estilo de Palahniuk pueden experimentar cierto rechazo ante esta atípico forma de narración, incluida yo. Siendo sincera, tuve que leer el libro hasta tres veces seguidas para comprender algunos detalles que en un principio me parecieron simples desvarios del autor, después tuve que reconocer la brillantez de sus planteamientos, aunque las formas sigan sin convencerme.

      No obstante, reconozco que prefiero la película al libro, algo poco frecuente. Si bien, estoy dispuesta a continuar leyendo la bibliografía hasta decidir si catalogarlo como un genio incomprendido o un escritor descarriado.

      Un abrazo

      María del Carmen Horcas (La diseccionadora de libros)

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