Crítica de Como agua para chocolate (Laura Esquivel)

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Sinopsis: No siempre tenemos a mano los ingredientes de la felicidad. Tita lo había aprendido desde pequeña pero los ingredientes no son lo más importante para cocinar un buen plato, sino todo el amor con que seas capaz de hacerlo. Sus platos no solo tenían el poder de deslumbrar por sus sabores y texturas. Su tristeza, su alegría, s u deseo o su dolor a la hora de prepararlos se contagiaban irremediablemente a todo aquel que los probaba. Laura Esquivel conquistó el parnaso de la literatura hace veinticinco años a través de esta alegoría que vincula con maestría los sentimientos y los elementos culinarios. 

Crítica: Es fácil encontrar en el refranero mexicano constantes referencias a la gastronomía popular del país, asociándolo a la felicidad, la unidad familiar y, en especial, la prosperidad en el matrimonio. «A los hombres por el estómago se les conquista», «Barriga llena, corazón contento» o «Mujer que guisa, se casa aprisa» son ejemplos que reflejan la importancia de social y cultural de la cocina en este país, un auténtico paradigma de tolerancia debido a las influencias de otras gastronomías como la española, la africana, de Oriente Medio, e incluso asiática que dan como resultado la unión tanto de una amplia variedad ingredientes como de personas que se sientan en torno a la mesa para disfrutar de los típicos platillos mexicanos. Y es que cada plato, cada bocado es la expresión culinaria de un sentimiento que solo puede decirse a través de los fogones. 

«Como agua para chocolate» es una de las novelas más representativas del realismo mágico sirviendo de precedente a otras obras como «Chocolat» (Joanne Harris) o «La señora de las especias» (Chitra Banerdee Divakarduni). Laura Esquivel convierte la cocina en el principal escenario de una historia con sabor propio, un auténtico recetario de la vida endulzado con el intenso amor entre Tita y Pedro, pero amargado por la insistencia de Mamá Elena, quien insiste en salvaguardar la tradición familiar por la cual la hija menor debe cuidar a la matriarca hasta su muerte, impidiéndole casarse. A fin de estar cerca de su amada, el joven acepta contraer matrimonio con la mayor de las tres hermanas, Rosaura, para estar cerca de su verdadero amor. Desde ese instante, la antigua rivalidad entre ambas mujeres se incrementa, generando toda clase de situaciones de ácido humor que proporcionan a la novela el toque salado necesario para conseguir el equilibrio entre el drama y la comedia. 

Ambientada durante la primera década del siglo XX -en plena época de la violenta Revolución Mexicana-, Laura Esquivel ilustra la imperiosa necesidad de cambio en su país a través de Tita y su rebeldía frente a la tiranía de Mamá Elena, quien representa el conservadurismo de las tradiciones familiares, especialmente en el entorno rural. Sin embargo, ante la incapacidad para oponerse a la autoridad materna, Tita expresa los sentimientos reprimidos mediante doce recetas que nos resumen los capítulos más importantes durante aquellos años de lágrimas silenciosas vertidas sobre la masa de un pastel de boda que jamás sería el suyo; o las pasiones insatisfechas en los pétalos de rosa manchados con su sangre para aderezar las codornices de un improvisado festín con los que contentar a toda la familia después de una nueva disputa provocada por los celos que Rosaura no puede seguir digiriendo sin que se le atraganten en el corazón.

«Como agua para chocolate» es una novela concebida para ser disfrutada con todos los sentidos. Las palabras evocan sabores, texturas y olores hasta entonces jamás degustadas por el lector empleando un tono de fábula -casi infantil en algunas escenas-, pero con un trasfondo lo bastante maduro como para seguir recreándonos en las sensaciones experimentadas durante este banquete literario mucho tiempo después de que hayamos dado por concluida su lectura. 

Si bien, Laura Esquivel no peca de gula, porque consigue el tono adecuado durante toda la narración. A pesar de la presencia de elementos oníricos y fantásticos, la autora no edulcora los conflictos: la rivalidad entre las dos hermanas desde la infancia a consecuencia de la propia estigmatización familiar creando una relación tan incompatible como el agua y el aceite, a pesar de sus intentos por conseguir un acercamiento; el deseo de maternidad frustrado que Tina únicamente puede suplir a través de los hijos de Rosaura hasta obrar el milagro de la vida; el odio hacia la figura materna quien intenta imponer respeto a través del maltrato físico y psicológico, tal y como hacían los revolucionarios con sus opositores mediante saqueos, violaciones o asesinatos; la traición, la mentira y el engaño como auténticos pilares de la estructura familiar, repitiendo constantemente los errores del pasado… De igual modo, la autora mexicana nos obsequia con escenas delirantes que provocaran sonoras carcajadas imposibles de reprimir ante el surrealismo de lo que nos describe, aportando ese equilibrio entre todos los elementos que componen esta obra culinaria de la literatura hispanoamericana. 

No obstante, existen ingredientes de esta receta que, aunque no estropean el plato final, provocan que no sea tan perfecto como debiera considerando todo el proceso de elaboración previo. El principal es el personaje de Pedro, un hombre carente de valor, egoísta, celoso e incluso violento en algunos momentos. Incapaz de reunir el coraje necesario para terminar con la infelicidad de Tita, opta por la solución que, a su parecer, resulta más lógica sin detenerse a meditar en las consecuencias que pudiera tener en ambas mujeres, Tita y Rosaura. A la primera la obliga a contemplar la vida que le ha sido negada por las tradiciones familiares, debiendo conformarse con las sobras de un frugal banquete; o como ella diría, ser el último chile de una charola. A su vez, Rosaura debe conformarse con ser la esposa no querida, la amante no deseada y la madre incapacitada, incrementando la aversión hacia su hermana pequeña mientras observa la adoración de un esposo que la utiliza para estar cerca de la mujer a la que realmente quiere. De hecho, resulta incomprensible que Tita siguiera amándolo después de que Pedro la acusara injustamente de amar a otro que, por primera vez, le ofreció la oportunidad de una vida diferente, una vida que le perteneciera exclusivamente a ella, pudiendo decidir a quien amar. Los comentarios inculpatorios de Pedro demuestran un carácter inmaduro que hace todavía más incomprensible la elección de Tita a su favor en lugar del bondadoso y comprensible John Brown. 

A pesar de ello, «Como agua para chocolate» es una novela de cuya lectura jamás nos sentiremos plenamente saciados, repitiendo el recetario de sus hojas una y otra vez. Laura Esquivel expresa a través de los fogones de la imaginación las palabras jamás pronunciadas, los sentimientos reprimidos y las pasiones no consumadas mediante una historia con sabor propio inspirándose en la humildad de la gastronomía mexicana con su capacidad para convertir cada comida, por sencilla que sea, en la mayor celebración en honor a la vida y, sobre todo, al amor. 

LO MEJOR: La peculiar introducción de los doces capítulos que conforman este recetario de la vida. El tono equilibrado entre la tragedia y el drama. Una novela que puede disfrutarse con todos los sentidos. 

LO PEOR: El personaje de Pedro acaba provocando el rechazo del lector ante su actitud altiva, egoísta y celosa. En ocasiones el tono de la novela se vuelve excesivamente infantil. 

Sobre la autora: Laura Esquivel nació en Ciudad de México en 1950. Comenzó su carrera como maestra y guionista de cine, actividad en la que obtuvo un amplio reconocimiento y por la que fue premiada en diversas ocasiones. A raíz de la publicación en 1989 de Como agua para chocolate, su primera novela, alcanzó el reconocimiento internacional y se convirtió en una de las escritoras mexicanas más importantes de su generación. Fue la primera autora extranjera en ser premiada con el American Booksellers Book of the Year en 1994, año en que también recibió los galardones de mejor novela traducida al portugués en la Bienal de São Paulo, Brasil, y el Conde de los Andes, de la Academia Española de Gastronomía y la Cofradía de la buena mesa, entre otras distinciones. Ha publicado además otras novelas como Malinche, Tan veloz como el deseo, La ley del amor, Íntimas suculencias, El libro de las emociones, y Estrellita marinera.

9 comentarios:

  1. esta es la mejor obra que me he leído tiene todo lo bueno es excelente todo mundo se lo debería leer es supero hermoso

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  2. Rosaura es la hermana del medio no la mayor...

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    1. Rosaura es la mayor, la del medio es Gertrudis

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    2. Gertrudis es la mayor, porque es hija del mulato.

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  4. Como agua para chocolate
    Reseña

    Diciembre

    PONCHE DE JUGOS Y RON PARA NAVIDAD

    INGREDIENTES

    1 litro de jugo de Maracuyá
    1 litro de jugo de Piña
    1 lata de gaseosa "Ginger Ale"
    Ron al gusto
    Hielo

    Manera de hacerse:

    Se coloca en una ponchera los jugos de frutas, los cuales combinan perfectamente los intensos sabores de la piña y el maracuyá, también llamado "fruta de la pasión" en algunos lugares, y con buena razón. Algunas veces se combina con chile y el resultado es algo que siempre halaga los sentidos y enciende los instintos, aunque encender pasiones no siempre termina de la mejor forma, como le pasaba a Tita y a su hermana Rosaura.
    Rosaura, la mayor de las hermanas de la Garza, terminó casándose con Pedro, el hombre que había prometido ante los cielos que se casaría con Tita pero que, al ser la menor de las hijas, le tocaba cuidar de su madre hasta su muerte sin posibilidad de matrimonio. Siguiendo el estricto manual de Carreño, Mamá Elena entregó a la mayor de sus hijas y Pedro aceptó, pisoteando la promesa que le hizo a una mujer joven muy enamorada, que idealizó aquella relación como una manera de desafiar su destino y buscando, al mismo tiempo, una figura masculina dominante y asertiva que siempre quiso en su vida porque, a los días de nacida, su padre murió por un ataque cardiaco y, aunque nunca lo admitió, siempre quiso que alguien pudiera dominar a su madre, por lo que quiso ésto para ella misma, sin pensar que eso era, precisamente, cambiar de un régimen a otro.
    Todo lo que les cuento lo sé porque acabo de tomarme el atrevimiento de leer el diario de Tita y las cosas que descubrí fueron explosivas y efervescentes, igual que el refresco de Ginger Ale que debemos añadir a los jugos para darle un poco de frescura y dulzura, así como diluir un poco sus intensos sabores. Luego de mezclar bien los líquidos, cuidándonos de no revolver demasiado para no perder los gases del refresco, empezamos a añadir el ron poco a poco, hasta llegar al punto que nos guste, ya sea suave (para reuniones familiares) o muy fuerte (para celebraciones más divertidas). También podemos evitarlo por completo si queremos darle a los niños pequeños, los cuales saborean con deleite el ponche.

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  5. El problema es que algunos deleites son buenos y otros nos hacen mucho daño, como le pasaba a Tita con Pedro, al cual debía odiar, pero lo amaba intensamente, y lo hacía porque Josefina De La Garza Hidalgo, que así se llamaba Tita en realidad, desperdició su vida por un amor falso y a medias, porque Pedro estaba obsesionado con que fuera suya, como una propiedad más que como una persona, y no aceptaba de ninguna forma que ella pudiera ser feliz con otra persona que no fuera él, dejando en evidencia la persona egoísta e infantil que era, cuyo "sacrificio" fue casarse y revolcarse a Rosaura hasta tener dos hijos con ella, "solo para estar cerca de Tita", lo cual tampoco fue cierto porque en el momento en que mamá Elena le sugiere que se vaya del rancho, él no hace esfuerzo alguno por permanecer "cerca de Tita", ni tampoco intenta, de manera alguna, hacerle saber (de frente y sin asco) a Rosaura que Tita era el amor de su vida. Mientras tanto, él siempre es un fantasma presente que evita que ella pueda tomar un camino distinto y, en un momento en que Tita parece haberse decidido por el amor de otro hombre, uno que la acepta con sus carencias y debilidades, uno que la complementa y le ofrece la paz que ella tanto ansía, uno a quien nunca le importaron sus falencias (demostrando el verdadero significado del amor, el cual es darlo todo, no exigirlo todo, como hace Pedro), ella igual prefiere al macho dominante, que al verla casi perdida, prácticamente la viola sabiendo que sus costumbres harán a Tita desistir del matrimonio con John Brown. Ella, la rebelde que se negaba a su destino y que se enfrentaba a su madre como nadie, prefiere seguir una regla igual de estúpida para justificar el hecho de quedarse con el macho alfa en quien puede descargar sus incapacidades como la persona completa que tanto dice querer ser. Igual que las noches en que hacía demasiado calor, como para terminar durmiendo en el patio de la casa con una sandía en hielo, Tita necesitaba un poco de frialdad al tomar sus decisiones y ver la vida con más claridad, con hielo, como el que debemos añadir a nuestro ponche para tenerlo a punto para los invitados.

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  6. Debemos añadirlo no más de cinco minutos antes de servirlo, de otro modo, el sabor de nuestra bebida quedará suavizada con el agua que va soltando. Podemos servirlo en vasos transparentes que nos permita ver el color aterciopelado de la mezcla y preferente con boca ancha para disfrutar el olor que se desprende con cada trago. Lo importante es hacerlo con mucho cuidado, del mismo modo que Tita cuidaba siempre a los demás. Ella, aunque no lo supiera, sufría del Síndrome de Wendy, el cual se manifiesta como una necesidad absoluta de satisfacer al otro, principalmente la pareja y los hijos. Esta conducta se debe al miedo al rechazo y al abandono y, por razones culturales, es más frecuente en las mujeres que en los hombres. Quizás por eso ella echó su vida a la basura por un hombre que no valía la pena en absoluto.
    Lo triste es que, a medida que se desarrolla este drama, ella misma analiza y comprende lo egoísta que es Pedro y, a pesar de todo, prefiere estar con alguien que, sin lugar a dudas, solo nos provoca repulsión durante la lectura del diario de su vida y es por eso por lo que, a pesar de que amé este libro, siempre me quedará ese mal sabor de boca, como cuando no elegimos correctamente los ingredientes o los dejamos cocinar demasiado. Al principio nos encanta el sabor, pero al saborearlo un poco más, descubrimos aquel amargo en el paladar.

    Tita, al final, no eras tan buena cocinera.

    F.

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  7. Jorge... me encanto ese analisis final, he buscado en varios lugares una opinion mas realista de la triste vida que termino eligiendo Tita por amor y la tuya fue la mejor.

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