Crítica de Rapsodia Gourmet (Muriel Barbery)

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Sinopsis: En el corazón de París, Pierre Arthens, el crítico de gastronomía más célebre del mundo, está a punto de morir. Admirado por algunos y odiado por muchos, Monsieur Arthens lleva años decidiendo el destino de los chefs más prestigiosos, destruyendo y construyendo reputaciones a su antojo. Ahora, en sus últimas horas de vida, su pensamiento se posa sobre algo mucho más sencillo: busca desesperadamente un sabor único, el sabor que un día le hizo feliz. Empieza así un viaje en el que Monsieur Arthens se pasea por los entresijos de su memoria gustativa, se sumerge en los paraísos de la infancia y rememora todo tipo de delicias culinarias. Junto a la voz del propio Arthens escuchamos la de aquellos que han vivido junto a él: familiares, vecinos, amantes, protegidos… e incluso su gato. 

Crítica: El origen etimológico de la palabra rapsodia proviene de la poesía épica de la Grecia clásica en referencia a un fragmento que se declama independiente del conjunto de la obra; es decir, la rapsodia son obras integradas por varias partes sin relación temática y enlazadas libremente. 

Precisamente, Muriel Barbery se inspiró en estas composiciones para escribir su primera novela «Rapsodia Gourmet», una oda sobre la felicidad que nos proporcionan los placeres mundanos a través de los recuerdos gastronómicos de Pierre Arthens. 

Al igual que las rapsodias, la autora desarrolla una estructura narrativa inconexa en la que se suceden caprichosamente las efemérides de Arthens durante sus últimas horas de vida para encontrar un sabor único perdido en su memoria gustativa. Los capítulos son una sucesión de experiencias gastronómicas que convierten alimentos sencillos como el pan en selectos manjares para nuestros sentidos empleando una prosa lírica que ensalza las virtudes de las delectaciones terrenales. 

De esta forma, Muriel Barbery nos describe con enriquecedores detalles la satisfactoria emoción que nos proporcionan la refrescante jugosidad de un tomate recién arrancado del huerto, conversando aún ese sabor terroso; las exótica deleitación ante texturas desconocidas del pescado servido crudo en un magnifico sashimi; la lujuria cárnica que excita nuestro primitivo instinto de la violencia; la perfecta simbiosis entre el pan y la mantequilla… Barbery nos ofrece un opíparo banquete en capítulos con los que deleitarse a gusto del consumidor debido, precisamente, a su individualidad dentro de la obra general. Una auténtica lectura a la carta. 

Si bien, la escritora francesa alterna estos capítulos con el relato de aquellas personas presentes en la vida de Arthens, convirtiéndose en el verdadero epitafio del célebre crítico gastronómico para presentárnoslo como un hombre corrompido por el poder. Muriel Barbery evidencia la falta de gusto que caracteriza a la burguesía francesa mediante una mordaz crítica sobre la tiranía de las apariencias dentro de una sociedad que concede demasiada importancia a la opinión de los demás, tal y como demuestra la implacable pluma de Pierre Arthens que representa la gloria o el declive de los chefs más prestigiosos. Prácticamente, la autora nos lo presenta como un falso ídolo de masas, adorado y temido por igual, pero a quien la muerte acaba reclamando como a los demás. 

Muriel Barbery contrapone los recuerdos de Pierre Arthens con las experiencias personales de su entorno para revelar al hombre detrás del célebre crítico gastronómico, revelando la paradoja de su existencia. A pesar de que los capítulos narrados por Arthens se caracterizan por la evocación de episodios repletos de felicidad, pronto descubrimos que su vida no siempre era plato de buen gusto, especialmente para aquellos que tuvieron el amargo placer de compartir mesa. Así, Pierre Arthens se transforma en un padre tirano, un marido ausente, un amante egoísta, un falso amigo, un burgués mezquino… Y, no obstante, también comprobamos que algunas personas lo aprecian precisamente por sus faltas, porque son las que lo convierten en un simple hombre. Además, apreciemos la ironía de que, aunque siempre dado a los excesos, es una insuficiencia cardíaca el origen de su mal, ni «su excelencia el Hígado y su acolito el Estómago» sometidos a tres decenios de mantequillas, cremas, salsas frituras y licores servidos en abundancia para ser disfrutados sin decoro, sino precisamente el corazón, el órgano que menos satisfacciones ha obtenido durante aquellos años de placer ante la soledad del hombre. 

De este modo, Pierre Arthens nos demuestra ser capacidad para disfrutar plenamente de la vida, pero sin la posibilidad de aprender a compartirla. Por esta razón, se obsesiona durante sus últimas horas de vida por encontrar ese sabor único, desconocido para todos, incluyendo él ante el anonimato del recuerdo. 

En definitiva, «Rapsodia Gourmet» es una oda gastronómica sobre la felicidad que nos proporcionan los placeres sencillos a través de un relato escritor para ser leído prácticamente a la carta según los gustos personales del lector, quien descubre una novela concebida para el deleite. Una prosa lirica a degustar lentamente para recrearse en la capacidad de evocación de sus descripciones, un auténtico banquete para los sentidos que alimenta nuestro espíritu mediante goces mundanos como el pan, las sardinas o el helado. De forma simultánea, Muriel Barbery evidencia la falta de buen gusto de la burguesía francesa realizado una crítica mordaz sobre los falsos ídolos creados por la sociedad para satisfacer su ego, el sometimiento a las apariencias y los excesos que empobrecen el espíritu del ser humano frente a la ebriedad que proporciona el poder. A pesar de que la estructura narrativa emulando las rapsodias provoque desconcierto respecto al orden de lectura, el pausado ritmo de sus capítulos resulte tedioso o el lirismo de la prosa acuse de exceso, «Rapsodia Gourmet» se resume en una novela gourmet, una lectura repleta de buen gusto que satisface los gustos más exigentes, aderezada con una significativa lección moral: la felicidad solo existe si es compartida. 

LO MEJOR: La posibilidad de una lectura prácticamente a la carta de la novela a consecuencia de la estructura narrativa. La evocadora prosa de Muriel Barbery. La crítica inherente al relato a través de la contraposición entre los capítulos narrados por Pierre Arthens y las personas desde su entorno. La frescura de su ironía y el tono íntimo presente durante toda la novela. 

LO PEOR: La estructura narrativa provoca cierta confusión. El ritmo acaba resultando tedioso en determinados capítulos. El exceso de lirismo en la prosa acaba siendo redundante. La infravaloración de esta obra frente a «La elegancia del erizo», cuando precisamente el personaje de Renée Michel se concibió en esta novela. 

Sobre la autora: Muriel Barbery es  autora de La elegancia del erizo (2006; Seix Barral, 2007), un fenómeno internacional publicado en más de treinta países y que sólo en Francia ha superado el millón de ejemplares vendidos. La novela, que fue galardonada con el Premio de los Libreros franceses, ha sido libremente adaptada al cien en la película El erizo. 

Rapsodia Gourmet (2000; Seix Barral, 2010), su primera novela, fue galardonada con el Premio Meilleur Livre de Littérature Gourmande. Algunos de los personajes de La elegancia del erizo, como la portera Renée, ya aparecen en esta novela, que se desarrolla también en el célebre edificio del número 13 de la Rue Grenelle.

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