Crítica de Las uvas de la ira (John Steinbeck)

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Sinopsis: Distinguida con el Premio Pulitzer en 1940, Las uvas de la ira describe el drama de la emigración de los componentes de la familia Joad, que, obligados por el polvo y la sequía, se ven obligados a abandonar sus tierras, junto con otros miles de personas de Oklahoma y Texas, rumbo a la «tierra prometida» de California. Allí, sin embargo, las expectativas de este ejército de desposeídos no se verán cumplidas. 

Crítica: Florence Michel Owens Thompson –o Madre Migrante- se convirtió en la imagen de la Gran Depresión estadounidense que resumía las penurias de las familias obligadas a emigrar hacia el oeste del país tras la expropiación de sus tierras, siempre con la esperanza de encontrar un trabajo que les permitiese subsistir en un mundo que cambiaba muy deprisa, ignorando los valores tradicionales y la importancia de la familia. A pesar del tiempo transcurrido, aquella icónica fotografía realizada por Dorothea Lange -quien acabaría siendo conocida como la fotógrafa del pueblo por su trabajo para la Administración de Seguridad Agrícola-, sigue vigente ante el drama de la inmigración ilegal, especialmente después de las últimas tragedias como los naufragios frente a las costas de Lampedusa, demostrando que poco -o nada- ha cambiado desde aquel instante captado a través del objetivo de una cámara. 


Al igual que aquella colección de fotografías, «Las uvas de la ira» dota de nombre y rostro a las miles de historias anónimas víctimas del Dust Bowls, una persistente sequía prolongada durante seis años, que incrementó las consecuencias del crack del 29. 

La novela de John Steinbeck es un intenso drama histórico, además de una exaltada crítica contra la injusticia económica, política y social del país con la que pretendía restablecer la humanidad de quienes estuvieron obligados a abandonar sus hogares para iniciar un éxodo masivo hacia la esperanzadora promesa de una nueva oportunidad en los estados del oeste. 

Si bien el autor narra el arduo peregrinaje de la familia Joad, intercala capítulos en los que la ficción se complementa con la realidad para analizar las distintas consecuencias de la recesión: la progresiva industrialización de las actividades agrícolas, las nuevas condiciones en la explotación de los cultivos, los negocios emergentes asociados a los movimientos migratorios como la venta de coches de segunda mano o los restaurantes de carretera, los albergues del gobierno y un largo etcétera que convierten la novela en un exhaustivo ensayo de aquellos difíciles años. 

De igual modo, observa con preocupación la gradual corrupción de los valores sobre los que toda sociedad debería cimentarse, sacrificados a favor del progreso económico. En consecuencia, desaparece la solidaridad e impone el bienestar material; es decir, un contexto que exalta la propiedad y menosprecia a la persona, sembrando la desigualdad que, poco a poco, haría profundizar las raíces del odio y la violencia. 

Igual que los hambrientos y esperanzados peregrinos, John Steinbeck no proporciona alivio mientras se suceden los obstáculos en el camino con escenas plañideras por la desesperación que transmiten al lector. Los sentimientos se enaltecen ante la indiferencia, el egoísmo o el desprecio del resto, incapaces de empatizar con sus circunstancias personales al considerarlos una amenaza. No obstante, los auténticos responsables de esta situación fue, en realidad, la avaricia de los bancos y los grandes empresarios que se aprovecharon de la expropiación de tierras para comprarlas a precios irrisorios; del exceso de oferta de mano de obra convocada a través de falsos panfletos para reducir salarios y empeorar las condiciones de trabajo; o de promover el miedo entre los habitantes autóctonos para que rechazasen a los inmigrantes, olvidando que todos eran ciudadanos del mismo país a los que ahora se les negaba los mismos derechos y oportunidades para evitar la reducción de su beneficio. 

Con todo, «Las uvas de la ira» destaca por sus personajes, pues la familia Joad resume a la perfección las diferentes perspectivas ante la misma situación destacando a Mamá Joad, la columna vertebral del relato. La impotencia de Papá Joad la obliga a asumir el liderazgo a fin de evitar la disgregación de sus miembros ante los conflictos que surgen durante el viaje hacia California. Es más, durante la Gran Depresión, las mujeres se convirtieron en el pilar fundamental que sustentaba al resto en los momentos de incertidumbre y debilidad, perseverando ante la adversidad. 

De hecho, el personaje de Rose of Sharon Joad Rivers, la hija mayor del matrimonio Joad, se convierte en una mujer madura y generosa cuando imita el sacrificado espíritu de su progenitora al final de la novela, transmitiendo un mensaje de esperanza hacia el futuro con su altruista gesto que compensa el egoísmo de su anterior comportamiento. 

No obstante, en determinados miembros del clan como Noah Joad o los pequeños Ruthie y Winfield se hubiese agradecido un mayor desarrollo, pues prácticamente carecen de relevancia excepto en su presentación al lector, e incluso resulta contradictoria su intervención en algunas escenas de la novela. Por ejemplo, la aflicción de Mamá Joad cuando Al insiste en abandonar la familia para empezar su propio camino y, en cambio, acepta la fuga de Noah con tanta facilidad. 

A pesar de ello, «Las uvas de la ira» es una lectura imprescindible por la vigencia de su planteamiento, así como por la capacidad de John Steinbeck para combinar la ficción y la realidad en una novela conmovedora por la humanidad de su prosa que devuelve la dignidad de aquellos a los que todo les fue arrebatado. Una ferviente crítica del autor contra la injusticia y el capitalismo. Además de un relato esperanzador de la familia que permanece unida ante la adversidad, en la que Steinbeck realiza un personal homenaje a todas aquellas madres coraje que se sacrificaron por la felicidad de los suyos como hiciera Florence Michel Owens Thompson. Una novela contra el olvido y en el que la historia no la escriben los vencedores, sino aquellos que fueron considerados los vencidos. 

LO MEJOR: La prosa humanista de John Steinbeck. La intercalación de realidad y ficción en sus capítulos. El perfecto equilibrio entre la novela dramática y el ensayo político, económico y social. La capacidad del autor para conmover al lector, finalizando la novela con un mensaje esperanzador. El personaje de Mamá Joad. 

LO PEOR: Determinados personajes, especialmente de la familia Joad, hubiesen agradecido un mayor desarrollo tras su atractiva presentación al lector. El final resultar desconcertante si no comprendemos el significado asociado a la novela. Ser conscientes de que la historia escrita en sus páginas se repite en la actualidad a consecuencia de la crisis económica mundial. 

Sobre el autor: John Steinbeck (1902-1968) realizó diversos oficios (peón agrícola, empleado de laboratorio, albañil y vigilante nocturno) para costearse sus estudios en la Universidad de Stanford. Su obra constituye un gran fresco de los conflictos sociales y económicos de la vida rural del Sur de los Estados Unidos y una permanente búsqueda de valores en un mundo crecientemente deshumanizado. En 1962 fue galardonado con el Premio Nobel.

2 comentarios:

  1. ¡Hola!
    Me ha encantado tu reseña.
    Éste es uno de los clásicos que tengo en mi habitación esperando para ser leído, pero este verano quería ponerme con Los hermanos Karamazov, aun así, espero leerlo pronto.
    ¡Un saludo!

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    1. Buenas tardes Reich, yo también tenía pendiente este imprescindible clásico hasta que me propuse este verano reducir mi lista de lecturas pendientes y puedo asegurar que se ha convertido en una de mis novelas predilectas tras concluirlas. Eso si, "Los hermanos Karamazov" la considero una de las mejores de Dostoyevski junto a "El idiota" y "El doble" por la psicología del relato, estoy segura de que la disfrutarás. Personalmente, "Crimen y castigo" siempre me ha resultado una novela sobrevalorada, pero necesitaría volver a leerla para comprobar si mi percepción ha cambiado después de tanto tiempo.

      Cuando la hayas leído, me encantaría conocer tu opinión. ^_^

      Muchas gracias por tu comentario y espero seguir leyéndote en próximas autopsias literarias.

      Un abrazo

      María del Carmen Horcas (La diseccionadora de libros)


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